Buscar

Chipre, Monseñor Edgar Peña Parra preside la misa en la comunidad católica latina de Nicosia Chipre, Monseñor Edgar Peña Parra preside la misa en la comunidad católica latina de Nicosia 

Peña Parra: No nos resignemos a un mundo dividido

El sustituto de la Secretaría de Estado, que se encuentra desde hace unos días en Chipre para la inauguración de la nunciatura apostólica, celebró ayer una misa en la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia

L'Osservatore Romano

"Sois un signo de unidad en la diversidad, de comunión en la pluralidad, de armonía en la diferencia". Así se dirigió el arzobispo Edgar Peña Parra, sustituto de la Secretaría de Estado, a los fieles de la comunidad católica chipriota presentes en la misa celebrada en la Iglesia de la Santa Cruz de Nicosia ayer domingo 28 de enero por la mañana.

El prelado, que había inaugurado el viernes 26 la Nunciatura Apostólica en la capital con motivo del 50 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Chipre y la Santa Sede, recordó en su homilía dominical la invitación a "no resignarse a un mundo dividido", pronunciada por el papa Francisco en la misma iglesia durante su reciente visita a la isla.

Portador de los saludos del Pontífice, que permaneció aquí los días 2 y 3 de diciembre de 2021, monseñor Peña Parra comentó las lecturas, destacando cómo la liturgia ofrecía "textos muy significativos para nuestra vida de cristianos". La primera, en efecto, tomada del libro del Deuteronomio (18,15-20), relataba la promesa hecha a Moisés en la que el Señor se comprometía a seguir estando cerca de los hombres, a permanecer siempre en comunión con ellos, considerada generalmente en la tradición cristiana como referida a Jesús. "Porque en Cristo -explicó el celebrante- el Altísimo no sólo se hace cercano a nosotros, sino que se hace hombre como nosotros, pequeño entre los pequeños, humilde entre los humildes. Lo hace para salvar distancias, romper barreras y enseñar el camino de la comunión y de la unidad".

Lo mismo puede decirse del pasaje evangélico de Marcos (1,21-28), "ambientado" en Cafarnaún, "ciudad comercial y encrucijada de pueblos, en la región de Galilea, territorio despreciado y marginal". Aquí encontramos a Jesús entrando a escondidas en la sinagoga de la ciudad, Galileo entre los galileos, para escuchar las Escrituras y orar con esa gente humilde, despreciada porque era considerada, por los piadosos judíos de Jerusalén, seres inferiores, menos "dignos", no "perfectamente observantes" de la Ley y contaminados por el contacto con pueblos paganos". En cambio, observó el arzobispo, Cristo, como ya había hecho en el Jordán (cf. Mc 1,9-11) "se acerca a ellos con humildad, llama a su puerta y pide ser recibido en su lugar de oración". Y les habla, enseñando "con autoridad y amor".

Ahondando en este último aspecto, el sustituto señaló cómo "en la vida cotidiana podemos encontrarnos ante ciertas actitudes o tentaciones" de autorreferencialidad: "sentirnos seguros de saberlo todo", tal vez condicionados por "opiniones o sugerencias" ofrecidas por "la televisión, los medios de comunicación, internet". Especialmente los más jóvenes, señaló, "en lo que se refiere al mundo digital y a la tecnología, son más astutos que los adultos, padres y profesores, y esto puede provocar en ellos un sentimiento de autosuficiencia" y, al mismo tiempo, un sentimiento de inferioridad por parte de los mayores. Mientras que el Evangelio muestra que Jesús enseña con autoridad "porque conoce la Verdad: la verdad sobre la vida, la verdad sobre Dios, la verdad sobre el hombre, el auténtico sentido de la realidad". Además, añadió, "Jesús vive ante todo lo que enseña, siempre y con coherencia. Cuando habla, lo hace sin interés propio; lo que resplandece es su amor, su compasión por las personas y por las multitudes. Se pone totalmente a su servicio y muestra la fuerza de su amor en sus encuentros con los enfermos, los endemoniados, los pecadores". Por eso, prosiguió el prelado, "Jesús es el verdadero Maestro que sabe hablar al corazón y a la vida de cada persona. Él ve sus verdaderos problemas; Él es el Buen Pastor que les guía por el camino de la verdad".

Por eso, continuó Peña Parra, "en todo esto, es el amor el que triunfa derribando dos muros aparentemente inexpugnables. Uno lo levanta el orgullo y la vanidad de quienes se creen mejores que los demás y los marginan. El otro se levanta lentamente en el corazón de una persona, gracias a un astuto espíritu de violencia y odio que, si no se reconoce a tiempo y se contrarresta, se instala allí hasta oscurecer todo rastro de humanidad. Es el amor el que triunfa: éste es el mensaje que Jesús nos enseña, para que nosotros, por nuestra parte, sigamos proclamándolo".

De ahí la exhortación a los católicos de la isla -marcada por la dolorosa división del muro visible desde la iglesia donde el Papa Francisco se reunió con los migrantes acogidos en Chipre- a ser "un signo de unidad en la diversidad". Vuestro estar aquí juntos -concluyó el arzobispo- es una voz que repite a cada uno, y a todos nosotros, esas hermosas palabras, tan llenas de esperanza: "Mira, soy tu hermano, tu hermana. ¿No me reconoces?".

Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí

29 enero 2024, 17:33