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“Fratelli tutti” y el desafío del neopopulismo

Publicamos el discurso pronunciado por Rodrigo Guerra López en el encuentro organizado el mes pasado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales.

Rodrigo Guerra López*

Pontificia Academia de las Ciencias Sociales

4 de marzo de 2021

1.Introducción

La aparición de la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco en el escenario del año 2020 resultó ser una fuerte llamada de atención para todos. Muy difícilmente alguien que recorra sus páginas no se siente interpelado, provocado y motivado a repensar la vida en sociedad. El documento ofrece los elementos esenciales para advertir la urgencia de construir un método que nos ayude a sanar nuestras incontables heridas y fracturas personales y comunitarias. Ya desde el subtítulo se señala que la “fraternidad” y la “amistad social” son la cuestión central que el Sucesor de Pedro habrá de tratar en los 287 parágrafos que conforman el texto. El primer capítulo, en cierto sentido, justifica los acentos, el enfoque y la amplitud del resto de la Encíclica. Através de una descripción de algunos de los rasgos más relevantes del escenario global contemporáneo, el Papa desea mostrar la necesidad de superar el reduccionismo propio de las ideologías y afirmar la importancia de la fraternidad como estilo de vida, como método de acción social y como escuela para una nueva política.

2. Un escenario de sombras y la necesidad de refundación de las formas de convivencia

En efecto, los nacionalismos cerrados, la globalización que elude la fraternidad, la pérdida del sentido de la historia, la colonización cultural, la polarización social, la trivialización de la responsabilidad medio-ambiental, la cultura del descarte, el nacimiento de nuevas formas de pobreza, los derechos humanos insuficientemente universales, la falta de reconocimiento a la dignidad de las mujeres, las nuevas formas de esclavitud, la promoción de la lógica del conflicto y del miedo, los desafíos propios de la pandemia de COVID-19, la crisis migratoria, la civilización del espectáculo, el nuevo radicalismo que se vehicula a través de redes sociales, la manipulación de los procesos democráticos, el fanatismo religioso y la falta de esperanza fundada, son algunos de los fenómenos que Francisco explica en una apretada síntesis y que fungen como el telón de fondo para repensar cómo debemos de imaginar una refundación radical de nuestras formas de convivencia y de nuestros proyectos sociales.[1]

Utilizo de manera deliberada la palabra refundación para comenzar a insinuar que el Papa Francisco asume un enfoque particularmente radical. Nuestras sociedades no requieren un ajuste secundario de algunas cuantas cuestiones que precisan afinarse para su cabal funcionamiento. Mucho menos necesitan una mejora meramente cosmética, superficial, de cara a la cultura de las “apariencias”. Al contrario, el Papa Francisco desde hace algunos años, nos ha recordado con gran fuerza que “cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz”.[2]

Una afirmación de este tipo, no pretende ser una descalificación de todo, ni tampoco busca suscitar un alarmismo infundado: “el engaño del ‘todo está mal’ es respondido con un ‘nadie puede arreglarlo’ (…) De esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza, y eso no alienta un espíritu de solidaridad y de generosidad. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: así obra la dictadura invisible de los verdaderos intereses ocultos, que se adueñaron de los recursos y de la capacidad de opinar y pensar”.[3]

El Papa Francisco está muy consciente de que existen diversas formas de leer la realidad presente y que algunas de ellas exageran o sobre-simplifican tal o cual aspecto. Más aún, existen lecturas de la nueva complejidad que caracteriza a nuestra época que usan el mal como criterio hermenéutico. En lugar de ayudar a comprender la realidad y sus múltiples dimensiones, buscan identificar primero que nada el complot, exacerbar los ánimos, introducir una lógica de conflicto y motivar a una lucha puramente reaccionaria. Las teorías de la conspiración, de ayer y de hoy, son una muestra elocuente de este tipo de interpretación patológica de la realidad.

3. La cuestión se encuentra en la raíz

El Papa Francisco plantea algo distinto: es preciso ir a la raíz, a la dimensión humana, cultural y religiosa que explica la falta de fraternidad. Esto no significa afincarse en el momento de la queja, de la protesta o del lamento pesimista. Significa hurgar en ese mismo lugar, en las profundidades del corazón humano, para identificar las razones que hoy pueden también brindar esperanza. La raíz corrupta de una sociedad global basada en el descarte se encuentra acompañada por una tensión estructural al interior de la condición humana, que puede mostrar, una vez más, que cada persona y cada comunidad están hechos para trascender, para buscar con ahinco la plenitud de la vida en la verdad, el bien, la belleza y la justicia. Plenitud que no es puramente formal, sino que posee un momento de verificación existencial en la relación con el otro, en la pertenencia a un pueblo, en la inmersión profunda dentro de la realidad concreta. Es así como, comenzando siempre desde abajo y desde la periferia, con modestia y constancia, podremos mostrar que la “reconciliación reparadora nos resucitará, y nos hará perder el miedo a nosotros mismos y a los demás”.[4]

4. Populismo y neo-populismo

De entre los diversos temas que Fratelli tutti aborda, existe uno de particular actualidad política: el neopopulismo. El capítulo V de la Encíclica, dedicado a la “mejor política”, justo comienza afrontando esta cuestión. El neopopulismo del que hoy hablamos no es una mera continuación lineal del populismo clásico de los años treintas y sesentas del siglo XX.[5] El populismo al que se refiere Fratelli tutti es el originado por la debilidad de la cultura democrática de algunas naciones a partir de 1990. No podemos aquí hacer un análisis comparativo de las similitudes y las diferencias entre ambas etapas del populismo. Mucho menos podemos distinguir en este breve espacio entre neopopulismo latinoamericano y europeo. De hecho, lo más sano, tanto ayer como hoy, es hablar de “neopopulismos” que concretan en mayor o menor medida un paquete de características elementales.

Hace más de 10 años, en el Observatorio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) intentamos aproximarnos a esta realidad.[6] Pasado el tiempo, no es posible proveer de una definición del “neopopulismo” que a todos complazca, aunque a continuación la intentaremos una vez más. En la actualidad el concepto de neopopulismo se utiliza para señalar una gran cantidad de realidades de muy diversa estirpe ideológica: Donald Trump, Evo Morales, Viktor Orbán, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador, Matteo Salvini, Nicolás Maduro, y un largo etcétera. Hemos querido poner los nombres de diversos líderes políticos contemporéneos para subrayar que, en todos los casos, el papel del caudillo, más o menos mesiánico, aparece como una constante.

Desde nuestro punto de vista, el nuevo populismo no es tanto una ideología sino una forma de ejercer el poder. Siguiendo un poco a Enrique Krauze, podemos decir que el nuevo populismo es el uso demagógico que un líder carismático hace de la legitimidad democrática para prometer el acceso a una utopía posible y, al darse el triunfo, consolidar el poder al margen de las leyes o transformando estas a conveniencia.[7] En nuestra opinión, el neopopulismo suele incluir en diversos grados, algunos – o todos – de los siguientes ingredientes:

·       Una lectura ideológica de la historia nacional que funge como argumento para explicar el arribo de un “caudillo” providencial.

·       La exaltación del “caudillo providencial” que resolverá los problemas del pueblo y que de una u otra manera busca afirmarse como la encarnación de éste. El “caudillo” se constituye como tal por su carácter mesiánico y por su forma autoritaria de ejercer el poder.

·       El uso y el abuso de la palabra: el populista se siente intérprete supremo de la verdad general. Ocupa con su discurso lo más que puede el espacio público y administra discrecionalmente la libertad de expresión.

·       El uso arbitrario de los fondos públicos: el erario se utiliza para megaproyectos que no pasan por un análisis económico riguroso que evalúe su viabilidad y pertinencia.

·       El dinero se reparte de manera asistencialista y focalizada sin buscar fortalecer organismos intermedios e intentando generar lealtad política en los beneficiarios.

·       La definición de un enemigo interno que genera indignación social: los empresarios, los ricos, las oligarquías, que en muchos casos en verdad se han corrompido y sirven como ejemplo perfecto de lo que hay que combatir.

·       La definición de un enemigo externo al que poderle echar la culpa en caso de necesidad. Enemigo que por otra parte puede dar más de un motivo para ser considerado así.

·       Aceptación de algunos elementos de la economía de mercado en la medida en que fortalecen la existencia de un empresariado leal al gobernante. Es lo que algunos llaman “crony capitalism”.

·       Desprecio al marco legal e institucional el cual se busca transformar a conveniencia.

·       Manipulación del carácter laico del Estado el cual en ocasiones delimitará el radio de acción de las iglesias a la vida privada y en otras aceptara la utilización discrecional de elementos culturales y religiosos para la legitimación pública del poder.[8]

El Papa Francisco, en Fratelli tutti, identifica claramente que cualquier signficado positivo que haya podido tener el término “populismo” en el pasado, ha quedado nulificado en el escenario presente. El neopopulismo se constituye actualmente como una de las “polaridades de la sociedad dividida”.[9] Es causa y efecto de fractura social. Su naturaleza emerge cuando un líder cautiva a la población buscando “instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”.[10]

Algo que conviene destacar, de la cita que acabamos de mencionar, es que Francisco señala que el populismo actual puede darse “con cualquier signo ideológico”. En efecto, los neopopulismos de derecha y de izquierda, aparentemente confrontados, rápidamente tienden a encontrar simpatías y puntos de encuentro, entre sí. El caso reciente de la sinergia, colaboración y cercanía de Andrés Manuel López Obrador con Donald Trump, es un ejemplo por demás elocuente.

5. Pueblo y “movimientos populares”

El neopopulismo, si bien desea instalarse como expresión auténtica del pueblo, al minar su libertad, al manipular su ethos cultural e histórico, “ignora la legitimidad de la noción de pueblo”.[11] La palabra “pueblo” evidentemente ha sufrido una erosión importante en los últimos cien años. Sin embargo, es necesario entender que la realidad del “pueblo” si se debilita, se deforma o se manipula, afecta la existencia de las democracias, ya que estas, en cualquiera de sus definiciones, apelan justamente al pueblo como una dimensión constitutiva e insoslayable.

El pueblo es la comunidad de personas (communio personarum) unidas por lazos solidarios, históricos y culturales. Entenderlo así, no pretende incurrir en una cierto romanticismo que no reconozca la importancia de la dimensión institucional y organizativa requerida para la vida social.[12] Sin embargo, las instituciones adquieren vida, contenido cualitativo, un ethos particular, gracias a las energías que provienen del pueblo, de sus formas asociativas espontáneas, de sus luchas y de sus causas. La tecnoestructura muchas veces tiende a volverse autoreferencial y a sofocar – sin darse cuenta – al mundo de vida (Lebenswelt) que caracteriza a la persona y al pueblo al que esta pertenece. Por eso es que el Papa Francisco valora enormemente el potencial correctivo y nutricio que poseen los “movimientos populares” que crecen desde abajo, desde el subsuelo, y poco a poco, se encuentran y hacen sinérgias entre sí. Para entender el papel real que poseen los movimientos populares, es preciso decir que hacer política para el pueblo no es lo mismo que hacer política desde el pueblo, es decir, desde un afecto y pertenencia real, empírica, a una comunidad de personas unidas por su cultura, por su historia y en movimiento:

[Los movimientos populares] aunque molesten, aunque algunos ‘pensadores’ no sepan cómo clasificarlos, hay que tener la valentía de reconocer que sin ellos ‘la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino.[13]

Dicho de otra manera, una democracia puramente formal pero que no esté reconectada con el pueblo real y sus diversas formas de auto-organización, fácilmente deviene en una máquina anónima que puede terminar colocando en el poder o manteniendo en el poder a un lider antidemocrático. Esto quiere decir que el neopopulismo es una de las modalidades más perversas de regresión autoritaria por vía electoral. Por este tipo de riesgos para la vida del pueblo, el Papa Francisco dirá en otro lugar: “en este estado de parálisis y desorientación, la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria”.[14]

6. “Fratelli tutti”: evitar el suicidio de la democracia

La democracia, como toda realidad política, es frágil, es imperfecta y genera decepción, sobre todo cuando funciona. La democracia es un regimen en el que se vigila, se descubre, se critica, se protesta y se impugna.[15] No es un camino idílico y sin sobresaltos. Al contrario. La democracia es una peculiar ascética para el pueblo y sus sueños. Sin embargo, en su nombre habita el ideal de una participación más igualitaria que limite el despotismo y sus violencias. Por ello, hoy más que nunca la democracia necesita del pueblo, del pueblo real, como medicina saludable. La democracia requiere ser capaz de gestionar la imperfecta vida humana, indivicual y comunitaria, respetando las cotas que la invitan a no cometer suicidio. Fratelli tutti, sin duda alguna, contribuye de manera fundamental a este cometido.

 

* Doctor en Filosofía por la International Academy of Philosophy in the Principality of Liechtenstein; miembro del Equipo Teológico del CELAM; miembro ordinario de la Pontificia Academia por la Vida y de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales; Profesor-investigador y fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (www.cisav.mx ). E-mail: rodrigo.guerra@cisav.org

[1] Francisco, Encíclica Fratelli tutti, Cap. I: “Las sombras de un mundo cerrado”. (FT).

[2] Francisco, Exhortación apostólica, Evangelii gaudium, n. 59.

[3] FT, n. 75.

[4] FT, n. 78.

[5] Cf. G. Eickhoff, Das Charisma der Caudillos. Cárdenas, Franco, Perón, Vervuert Verlag, Frankfurt am Main 1999.

[6] Cf. C. Aguiar Retes – R. Guerra López – F. Porras Sánchez (Coords.), Neopulismo y democracia. Experiencias en América Latina y el Caribe, CELAM, Bogotá 2007; Así mismo, es útil consultar dentro de la amplia bibliografía en este tema: C. de la Torre – E. Peruzzotti, El retorno del pueblo. Populismo y nuevas democracias en América Latina, FLACSO, Quito 2008; “What is Populism?”, en The Economist, 19 diciembre 2016; A. Vargas Llosa (coord.), El estallido del populismo, Planeta, México 2017; E. Krauze, El pueblo soy yo, DEBATE – Penguin Random House Grupo Editorial, México 2018.

[7] Cf. E. Krauze, op. cit. p. 115.

[8] Cf. R. Guerra López, “Descubrirnos pueblo: movimientos populares, populismo y la búsqueda de una renovación democrática en América Latina”, en G. Carriquiry – G. La Bella, La irrupción de los movimientos populares, Librería Editrice Vaticana, Ciudad de Vaticano 2019, p.p. 176-178. Cf. E. Krauze, op. cit., p.p. 119-123.

[9] FT, n. 156.

[10] FT, n. 159.

[11] FT, n. 157.

[12] FT, n.n. 163-164.

[13] FT, n. 169.

[14] Francisco, “Presentación”, en G. Carriquiry – G. La Bella, La irrupción de los movimientos populares, p. 7.

[15] Cf. D. Innerarity, La política en tiempos de indignación, Galaxia de Gutemberg, Barcelona 2015, p. 155.

10 abril 2021, 10:48