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Parolin: el Papa en África será testigo de esperanza

La paz, el cuidado de la creación y la cultura del encuentro serán los caminos que seguirá el Papa en su 31º viaje apostólico a Mozambique, Madagascar y la República de Mauricio.

Massimiliano Menichetti - Ciudad del Vaticano

Grandes expectativas para el próximo Viaje Apostólico del Papa: del 4 al 10 de septiembre visitará Mozambique, Madagascar y la República de Mauricio. Algunos señalan que el Papa regresa a un continente a menudo herido, pero capaz de construir un presente y un futuro de esperanza. El Secretario de Estado vaticano, Cardenal Pietro Parolin, reitera el fuerte impulso de paz y diálogo que anima este camino.

Su Eminencia, ¿cuáles son los temas centrales de este viaje?

R. - La imagen que tenemos de África, que normalmente se difunde, es la de un continente lleno de problemas: conflictos, epidemias... Creo que África es ante todo una tierra rica en humanidad, una tierra rica en valores, una tierra rica en fe y me parece que el Papa va precisamente con estos sentimientos. Yo diría que los puntos prioritarios de este viaje son fundamentalmente tres. El primera es la insistencia en el tema de la paz, luego ciertamente el tema del cuidado de la Creación, en línea con la Laudato si', luego la cultura del encuentro y todo esto en una dimensión de esperanza. Así que el Papa querrá señalar y promover todos esos signos de esperanza que hay, todos esos esfuerzos que se están haciendo para la resolución de tantos conflictos, para el desarrollo sostenible, para el respeto y cuidado de la Creación. Utilizando una expresión del Papa Pablo VI, podríamos decir que África es como un laboratorio de desarrollo integral. Destacaría precisamente esta dimensión de esperanza y de mirada hacia el futuro, partiendo de los muchos signos positivos que existen en el continente.

En Mozambique, después de décadas de conflictos internos, no obstante el final de la guerra civil, se firmó un acuerdo de paz entre el gobierno y los ex rebeldes Renamo, hoy el principal partido de la oposición. ¿Esta visita también trae la fuerza de un nuevo futuro?

R. - Así lo esperamos, porque realmente recientemente se ha abierto una nueva página en la historia de Mozambique. Una historia que ha sido muy compleja, muy turbulenta. Pensemos primero en la guerra de independencia, inmediatamente después en la guerra civil que estalló entre las dos fuerzas principales, Frelimo y Renamo, una fase que terminó en 1992 con los acuerdos de Roma. Luego la inestabilidad continuó, el conflicto continuó. Recientemente, gracias a la buena voluntad de las partes, se alcanzó un nuevo acuerdo de paz. Evidentemente, en todo esto, la Iglesia ha sufrido mucho. Ahora han habido progresos, desarrollo, reconocimiento del papel de la Iglesia, de la libertad religiosa y de este deseo de paz que se ha manifestado, incluso recientemente. Creo que el Papa va precisamente a subrayar la importancia del diálogo en general, pero sobre todo en referencia a esta situación en el país. La importancia del diálogo, renunciar de una vez por todas a la lógica de las armas, a la lógica de la violencia como método de resolución y solución de conflictos, de las diferencias que existen entre unos y otros y, en cambio, invocar seriamente el camino de la escucha mutua, el camino de la colaboración, el camino de la cooperación para un desarrollo integral de la población. Creo que esto es precisamente lo importante, cambiar la lógica, tanto en Mozambique como en muchas otras partes del mundo donde estamos presenciando conflictos. Esto es lo que nos pide el Papa: una nueva mentalidad, un acercamiento nuevo a estas situaciones.

Una Iglesia pobre para los pobres es lo que el Papa Francisco encontrará en Madagascar. Los católicos son aproximadamente un tercio de la población. La deforestación y la sequía señan este país, que lucha desde largo del tiempo también con crisis políticas no marginales. ¿Qué significa la visita del Papa en este contexto?

R. - Recuerdo Madagascar con mucho cariño porque tuve la oportunidad de visitarlo hace algunos años y me di cuenta de que era un país en plena efervescencia, un país joven que se enfrenta a tantos desafíos. El primer desafío es precisamente el de la juventud, porque es un país que debe ofrecer posibilidades de oportunidad, crecimiento y futuro a muchos jóvenes. Luego, la pobreza: es necesario superar la gran brecha entre los pocos ricos y la gran mayoría de la población que se encuentra en una situación de necesidad. Creo que la visita del Papa dará un impulso a este esfuerzo para encontrar los medios de ofrecer a todos, pero sobre todo a los muchos jóvenes, esta posibilidad de desarrollo y de futuro. La Iglesia es también pobre, pero al mismo tiempo se esfuerza por ser una presencia significativa, especialmente a través de sus instituciones de ayuda, de sus instituciones educativas: ser un signo de esperanza para esta población. Así que también aquí el Papa va a consolidar y fortalecer este compromiso y este esfuerzo por parte de la Iglesia.

El 9 de septiembre el Papa estará en la República de Mauricio, una encrucijada histórica de pueblos. La mitad de la población es de fe hindú, luego católica y menos de una quinta parte es de fe islámica. ¿Cuál es el corazón de esta visita?

R. - Yo diría que es precisamente esa tercera dimensión que he mencionado antes, la cultura del encuentro, que naturalmente se aplica a todos los países y a todas las naciones que visitará el Papa. Encuentro en Mozambique entre fuerzas políticas adversas, encuentro precisamente para la composición de la isla: una composición multiétnica, multirreligiosa y multicultural. Este aspecto del encuentro entre las diferencias se hace particularmente evidente – un punto que el Papa sin duda subrayará – superando todas las formas de discriminación: por ejemplo, el aspecto de la dimensión de la aceptación de la apertura a los migrantes que a menudo llegan en busca de una mejor calidad de vida. Y luego este diálogo también entre las distintas religiones, un diálogo que debe servir para colaborar en la resolución de los problemas de la sociedad y del mundo en general.

Por lo tanto, serán seis días intensos. Una pregunta ritual: ¿cuál es su deseo personal para este viaje?

R. - Estoy contento con este viaje, estoy contento de acompañar al Santo Padre a África. África fue mi primera experiencia, aunque fue África Occidental y no África Oriental, pero parte de mi corazón permaneció unido a ese continente, así que voy de buen grado. Diría dos cosas que son las líneas fundamentales de cualquier enfoque de África. La primera es que los africanos deben ser conscientes de su responsabilidad en la búsqueda de soluciones a los problemas africanos dentro de sus sociedades, dentro de sus Estados. Por lo tanto, una renovada conciencia de que el destino de África, su futuro, está en manos de los africanos: una asunción de responsabilidad en este sentido para luchar contra todos aquellos fenómenos que impiden el desarrollo y la paz. La otra esperanza es la de la atención de la comunidad internacional. África necesita que haya amigos de África, no personas interesadas que la miren con ojos interesados, sino personas que realmente traten de ayudar a este continente a poner en práctica todos sus recursos, todas sus fuerzas para progresar, para avanzar. La belleza será entonces la del encuentro con las comunidades cristianas, con los católicos, para vivir esta experiencia de alegría y vitalidad, esta experiencia de gran comunión con las comunidades católicas que caracteriza a las comunidades de África. Ese también será un momento muy hermoso. Y ayudar a esta Iglesia a crecer y a ponerse cada vez más al servicio del Evangelio y de la sociedad en la que se inserta.

30 agosto 2019, 15:30