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Fiesta de todo los santos

El significado de esta Solemnidad

La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial para hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas comunes que, superando la debilidad y las tentaciones ligadas a una mentalidad egocéntrica y excluyente, fueron muy dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo. Hoy recordamos pues que nuestros santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo los ejemplos de Jesús y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12). Hoy el Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, o sea, por la edificación de una Nueva Civilización donde reine por doquier la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz social.

Nadie se salva solo

Para esta importante Fiesta litúrgica que ha sido también llamada la "Pascua de Otoño", el Papa Francisco mismo nos ha invitado en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate a que: "No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9.). El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo", (cf GE, n.3)

El camino comunitario de la santificación

En otro pasaje de la misma exhortación del Papa Francisco, leemos que: "La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros. Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. También recordemos el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio. Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»", (cf GE, n.141).

Orígenes e historia de la fiesta

Esta fiesta que nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinada determinación a transformar este mundo con la fuerza del evangelio; esta fiesta tiene unas raíces antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias. Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés y san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo". En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.

No sólo hay santos en la Iglesia católica

Afortunadamente, hoy en día esta festividad ha adquirido un nuevo perfil ecuménico, pues como ha dicho el Papa Francisco: "La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo». Por otra parte, san Juan Pablo II nos recordó que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes»". (cf. GE 3). Es así que hoy el Santo Pueblo de Dios puede invocar como sus amigos y protectores a todas aquellas personas buenas y santas que, aunque no hayan sido bautizadas o canonizadas en la Iglesia católica, de algún modo misterioso han seguido el mismo camino de donación y de fraternidad que Jesús enseñó y vivió y, por eso, han sido admitidas a gozar de la felicidad de Dios, (cf Mt 25, 31-46).