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Siete días con Francisco

La semana litúrgica inicia el domingo, la laboral convencionalmente el lunes, pero para el Papa es diverso. Para Francisco la semana, de alguna manera comienza el viernes, el día de la compasión hacia los "invisibles", el día de la misericordia, cuando sale fuera de los muros vaticanos, con destino a la periferia. Nuestro recorrido sigue desde el viernes, el ritmo diverso de una agenda donde los compromisos son organizados en base al criterio de la caridad.

Gabriella Ceraso y Alessandro De Carolis – Ciudad del Vaticano

"Es un hermoso sermón cuando un niño llora en la iglesia". Con estas palabras, con el afecto de un "abuelo", el Papa Francisco tranquilizó a las madres y padres que estaban emocionados frente a él en la misa del 12 de enero.

Como cada año, en la Fiesta del Bautismo del Señor, bajo los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina, el Santo Padre celebró este sacramento. Esta vez, para 32 nuevos cristianos.

Según el Papa, Bautizar a un niño es un acto de justicia.

“Porque nosotros en el bautismo les damos un tesoro, en el bautismo le damos una promesa: el Espíritu Santo. El niño sale con el poder del Espíritu dentro: el Espíritu que lo defenderá, lo ayudará a lo largo de su vida. Por eso es tan importante bautizarlos cuando son niños para que crezcan con el poder del Espíritu Santo”.

Después de la misa, el Papa se dirigió a la muchedumbre reunida en la Plaza de San Pedro para el Ángelus y les renovó la invitación para que recuerden "cada año" la fecha de su bautismo y la celebren "en su corazón".

Y en Jesús, que es bautizado por Juan, identificó las cualidades "de la moderación y de la sencillez" que se requieren hoy en día para los cristianos.

“No es un buen discípulo quien se vanagloria. El buen discípulo es el humilde, el manso, el que hace el bien sin ser visto. En la acción misionera, la comunidad cristiana está llamada a salir a encontrarse con los demás siempre proponiendo y no imponiendo, dando testimonio, compartiendo la vida concreta de las personas”.

El día anterior, sábado 11 de enero, Francisco había celebrado un importante aniversario… los 100 años del Colegio Etíope que está dentro de los muros del Vaticano. Una oportunidad para solicitar cuidado pastoral para aquellos que emigran de Etiopía y Eritrea y esperan que las Iglesias de ambos países tengan "la libertad de servir al bien común", sin tener que temer más el espectro de una guerra fratricida.

 En la misa del martes 14 de enero en la Casa de Santa Marta el Papa centró su homilía en la coherencia y el testimonio de los pastores y de los cristianos. Francisco distinguió entre la autoridad de Jesús y la hipocresía de los escribas "que dicen y no hacen".

“¿Y esta es la sabiduría de nuestro pueblo que tolera muchas veces, muchos pastores incoherentes, pastores como escribas e incluso cristianos? - que van a misa todos los domingos y luego viven como paganos. Y la gente dice: "Esto es un escándalo, una incoherencia". ¡Qué mal hacen los cristianos incoherentes que no dan testimonio y los pastores incoherentes y esquizofrénicos que no dan testimonio!”

El miércoles 15, durante la audiencia general en el Aula Pablo Sexto, el Papa concluyó el ciclo de reflexiones sobre los Hechos de los Apóstoles. El protagonista de la catequesis fue San Pablo que, aunque estaba preso en una casa romana, no dejó de testimoniar el Evangelio a quienes lo visitaban. Francisco explicó que la Palabra de Dios "no está encadenada”.

“Los Hechos de los Apóstoles no se cierran con el martirio de Pablo, sino con la siembra abundante de la Palabra de Dios. La casa romana del Apóstol, abierta a todos los que buscaban y querían recibir el anuncio y conocer a Jesús, es imagen de la Iglesia, que no obstante perseguida, incomprendida, pecadora y encadenada, no se cansa de acoger con corazón de madre a todo hombre y mujer, para anunciarles el amor del Padre que se hizo visible en Jesús”.

Un amor que es sobre todo misericordia, como subrayó el Papa en la misa de la mañana del 16 de enero. Allí comentó el episodio del leproso que logra conmover a Jesús y obtener la sanación con aquella "pequeña" oración: "si quieres puedes purificarme".

“Tomemos la costumbre de repetir esta oración, siempre: "Señor, si quieres, puedes. Si quieres, puedes”, con la confianza de que el Señor está cerca de nosotros y que con su compasión tomará nuestros problemas, nuestros pecados, nuestras enfermedades internas, todo. Hagamos esta experiencia”.

           

           

           

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17 enero 2020, 14:05