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Foto de grupo con la Secretaria del Tesoro Janet Yellen y los líderes del Eurogrupo Foto de grupo con la Secretaria del Tesoro Janet Yellen y los líderes del Eurogrupo  (AFP or licensors)

Las multinacionales y el impuesto mínimo: los primeros pasos

El G20 ha alcanzado un importante acuerdo sobre la fiscalidad mínima global de las multinacionales. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que se pueda firmar el acuerdo, que actualmente cuenta con la aprobación de 131 países. El Eurogrupo decidió aplazar el impuesto digital en Europa para proceder conjuntamente con Estados Unidos. Por otra parte, el nivel global es el mejor para garantizar nuevas reglas para modelos empresariales revolucionarios, como subrayó el presidente

Fausta Speranza - Ciudad del Vaticano

Acuerdo entre Bruselas y Washington en nombre del multilateralismo: en la mañana de ayer, 12 de julio, el G20 -que incluye países que representan más del 90% del PIB mundial- se clausuró con el acuerdo alcanzado sobre el impuesto mínimo que deberán pagar las multinacionales y el reparto de beneficios entre los países donde operan. Se trata de un resultado histórico también porque, además de los del G20, hay 131 países que lo han acordado. Washington está entre ellos. De los siete países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que no han firmado el acuerdo, sólo tres son de la UE: Hungría, Estonia e Irlanda, y se está trabajando para convencerlos. En Irlanda, la fiscalidad está fijada en el 12,5%, y debe alcanzarse un impuesto mínimo del 15%.

Estrategias conjuntas entre la UE y Estados Unidos

Mientras tanto, en el contexto del Eurogrupo, la presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen, y la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se reunieron ayer, para almorzar, con la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen. Yellen representa al gobierno de Biden, que está en línea con Bruselas, pero hay resistencia en el Congreso y por ello von der Leyen explicó que, para proceder unidos, la propuesta de un canon digital se pospondrá hasta otoño. Suspende, por tanto, la introducción del impuesto digital a los gigantes de la web: la resistencia se debe al temor a una doble imposición con el mínimo fiscal global, aunque la UE haya pensado en un mecanismo para evitarlo.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, por tanto, consiguió la congelación del Impuesto Digital en el que trabajaba la Comisión Europea. Previsto para el 20 de julio, el plan se ha pospuesto al próximo otoño para no entorpecer la finalización del acuerdo a nivel mundial. Se trata de un aplazamiento, pero Bruselas no quiere abandonar definitivamente el instrumento, en la creencia de que no hay riesgo de solapamiento con el impuesto global que ha obtenido luz verde del G20 y la OCDE. También porque los ingresos deberían utilizarse para financiar parte de la deuda común contraída con la UE de nueva generación. La presión estadounidense también se ha dejado sentir en los gobiernos que ya han introducido un impuesto digital nacional, como Italia y Francia. Pero sus respectivos gobiernos no tienen intención de anularlo, al menos hasta que el impuesto global esté en vigor.

Deiana: una cuestión muy compleja

Pero más allá de los tiempos y las prioridades del contexto europeo y mundial, la cuestión es muy compleja, como explica Angelo Deiana, presidente de Confassociazioni, la más importante confederación de asociaciones de servicios empresariales y profesiones innovadoras:

Deiana destaca, en primer lugar, la importancia de haber iniciado un proceso que sirva de base para establecer medidas fiscales a medida para las multinacionales que escapan a la normativa anterior. Destacó la complejidad de toda la cuestión, señalando que las multinacionales no pueden tener doble imposición y, por tanto, es necesario entender dónde obtienen más beneficios y en qué país deben tributar, y luego explicó que en realidad la cuestión va mucho más allá: se trata de nuevas formas de negocio que requieren nuevas formas de pensar. La idea de un impuesto mínimo -que en Europa se ha llamado impuesto digital porque se ocupa de las empresas que viajan principalmente en digital- debería, en teoría, simplificar las cosas. Pero Deiana señala que no es fácil establecer el tope: se habla de empresas que facturan más de 20.000 millones de euros o dólares, pero es impensable que las que facturan 19.000 millones queden totalmente exentas. Además, añade, a la hora de fijar un impuesto mínimo hay que tener en cuenta que el ajuste será mucho más fácil para los países con impuestos bajos, mientras que para los que viajan con impuestos más altos podría tener graves repercusiones.

Es urgente legislar hasta la innovación

Deiana reitera que los esfuerzos de la UE y la OCDE son exigentes e importantes porque el reto es realmente crucial. De hecho, tenemos que pensar en nuevas perspectivas con nuevas reglas. No podemos pensar en abordar el horizonte digital, en el que la territorialidad tiene un peso completamente diferente al del pasado, con normas anticuadas. Deiana, por tanto, subraya la urgencia de desplegar un esfuerzo innovador: hay que entender, reitera, cómo gravar los beneficios que escapan sustancialmente a los criterios de territorialidad pero que, al mismo tiempo, podrían caer -por contextos legislativos aún vigentes- en mecanismos de incentivos fiscales que acabarían redimensionando muchas cosas. Deiana también aclara un punto importante: algunas de las multinacionales no producen realmente un alto nivel de beneficios, sino que ponen en marcha mecanismos de inversión en instalaciones y logística que crean "imperios" de facto que atraen a los inversores a la bolsa. Y es ahí donde se crean los "turnos". También por esta razón es difícil entender cómo asegurar formas adecuadas de tributación.

El impuesto mínimo debe ser realmente global

El presidente de Confassociazioni recuerda el compromiso de la Unión Europea, que lleva tiempo estudiando una llamada tasa web o impuesto digital, pero luego aclara que el compromiso de Bruselas es importante como forma de estímulo y presión para otros países, porque sólo será posible idear nuevos sistemas fiscales a nivel de la OCDE. Incluso el G20, según Deiana, puede tener un papel más político que activo. Y explica que no sólo es importante la OCDE porque involucra directamente a sus 38 países miembros y a los 70 países que no son miembros pero que tienen relaciones estrechas con la OCDE, sino también porque la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa ya ha iniciado un proceso importante en materia de transparencia fiscal, aunque ciertamente no es un proceso consumado: todavía hay algunos de los llamados paraísos fiscales. Por ello, Deiana está convencido de que la OCDE es el mejor lugar para que este proceso madure.

14 julio 2021, 11:09