Buscar

Vatican News
Jóvenes, miembros de pueblos originarios, cargan la cruz, bajo una lluvia torrencial Jóvenes, miembros de pueblos originarios, cargan la cruz, bajo una lluvia torrencial 

“Sinodalidad, un modo de ser de la Iglesia en la Amazonía y en el mundo"

¿Es posible el camino hacia una mayor Sinodalidad que supere las diferencias aparentemente irreconciliables para emprender un caminar juntos en la hermosa y multiforme diversidad de la Iglesia de Cristo? Mauricio López, Secretario Ejecutivo interino de la Conferencia Eclesial de la Amazonia (CEAMA) responde a este cuestionamiento.

Mauricio López plantea un acercamiento al tema de la sinodalidad en la Iglesia a partir de tres premisas de la espiritualidad ignaciana que encontramos en los Ejercicios Espirituales: en primer lugar, en el Principio y Fundamento (EE.EE. 23): Somos creados y creadas con un para qué, somos fruto del amor primigenio de Dios. En este sentido, el propósito de la sinodalidad es cumplir la voluntad de Dios. Y se nos invita a relacionarnos entre nosotros y con lo creado, sinodalmente, para cumplir esa vocación.

La segunda, la Contemplación de la Encarnación (EE.EE. 102-109): el ejercicio sinodal de la Trinidad: ver-escuchar-discernir la realidad y actuar para redimir-transformar la realidad. La tercera, la Contemplación para alcanzar amor (EE.EE. 230 a 237): es el modo en que se concreta el camino sinodal. Se trata de un acto originado en y para el amor, y ello implica salir de sí mismo y sentir la invitación a ser co-creadores y contemplativos en la acción en clave de reciprocidad con Dios y con los otros.

El modo sinodal

López nos propone que entremos a esta reflexión sobre la Sinodalidad como modo de ser de la Iglesia, haciéndonos el cuestionamiento: ¿Es posible el camino hacia una mayor Sinodalidad que supere las diferencias aparentemente irreconciliables para emprender un caminar juntos en la hermosa y multiforme diversidad de la Iglesia de Cristo?

Ante la división y la tribulación

Desde el corazón de nuestro mundo herido por la Pandemia de la COVID19, y lo que ella revela sobre nuestro fracaso como humanidad intolerante-inequitativa-autodestructiva, donde los más vulnerables siguen siendo los más impactados (aquellos en quienes Jesús pone su mirada como los preferidos - sus bienaventurados), se hace imprescindible ensayar y consolidar nuevos caminos en nuestra misión eclesial.

Algunos rasgos del complejo proceso sinodal

La invitación hacia una genuina Sinodalidad es una invitación a discernir una nueva manera de ser y estar como Iglesia en medio del mundo, más fieles al Evangelio de Jesús y de su seguimiento. El Papa Francisco planteaba ese grito de la humanidad en el momento más álgido de la pandemia (uno que aún no termina y que retorna con más fuerza en muchos sitios), en su bendición Urbi Et Orbi de marzo 2020:

Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos... Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elecciónel tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”.

La ruta sinodal implica la afirmación de los sujetos en su diversidad, en toda su gama de rostros y miradas pluri-formes. El camino sinodal debe incluir tres condiciones imprescindibles: UNIDAD, CARIDAD y PAZ (CVII en Lumen Gentium Cap. 3).

Algunas enfermedades-dinamismos que actúan contra la sinodalidad en la Iglesia

Mauricio López enumera tres enfermedades-dinamismos: El primero, una esclerosis sinodal-farisaica que consiste en encerrarnos en nosotros mismos, lo cual hace imposible caminar juntos, sinodalmente. La segunda es la misofobia sinodal-esenia:  en tiempos de Jesús, los esenios rechazaban a todo aquel que no perteneciera a su “secta”. El amor y el respeto estaban reservados a los miembros de su grupo. Quien pensaba diferente era rechazado.

El resultado de las anteriores enfermedades en la Iglesia es un agnosticismo alienante. Produce sentimientos de separación, superioridad. Crea una distancia insuperable entre el “nosotros”, poseedores de una verdad superior, y los “otros”, que no la tienen. La Sinodalidad, cuando es genuina, acorta distancias y produce comunión, y no lo contrario.

El itinerario de Jesús para avanzar hacia una sinodalidad plena

“El Papa Francisco habla de una Iglesia en salida y vemos en la vida de Jesús como Él va al encuentro de los discípulos. Pero a veces pensamos que eso es algo sólo para el tiempo libre, o bien se hace sólo entre nosotros, no vamos a encontrar a la gente donde está” Hna. Elsie Vinhote. (Escucha Sínodo Amazónico)

En la propuesta de Jesús, sin una transformación de corazón, dentro del mismo Israel (en este caso de nuestra propia Iglesia), será imposible la liberación de cualquier tipo de esquema dominador excluyente.

Jesús instó a leer los siglos de los tiempos. Deseaba un cambio que afectaba todos los aspectos de la vida. La Sinodalidad debe trastocar muchos de nuestros cimientos como sociedades e instituciones cerradas e inequitativas.

Jesús deseaba un mundo cualitativamente distinto: el reino de Dios. La Sinodalidad se sostiene en el camino hacia el reino de Dios, no a la victoria de una ideología sobre otra.

Jesús deseaba que los demás vieran lo que él veía y creyeran lo que él creía. La Sinodalidad se debe vivir en el seguimiento de Cristo: conocerlo, amarlo y seguirlo, y no en el seguimiento de modelos terrenales.

El proceso sinodal amazónico en este Kairós eclesial

La Sinodalidad es un modo de respuesta ante un mundo roto que necesita de sanación y en el que la Iglesia quiere ser signo de posibilidad de otro mañana. El Sínodo Amazónico es un proceso que posibilita y acompaña la conversión integral de la Iglesia. Con el Documento Final del Sínodo y la Exhortación Apostólica “Querida Amazonía”, se nos dan los lineamientos magisteriales para impulsar esos nuevos caminos que han de ser faros para toda la Iglesia con respecto a su identidad y misión.

Tensiones sustanciales en el proceso sinodal amazónico

Mauricio López identifica tres tensiones sustanciales alrededor y dentro del mismo proceso sinodal amazónico: la primera es: dimensión. Este Sínodo es bidimensional, ya que se focaliza en una dimensión Territorial específica (un bioma) con problemáticas y rasgos particulares que piden de la Iglesia un tipo de presencia y respuesta acorde con dicha realidad. Por otro lado, tenemos la dimensión Universal de la Iglesia, en la que se hace explícita la necesidad de acompañar los itinerarios de reforma eclesial que nos inspiran desde el Concilio Vaticano II.

Una segunda tensión es la temporalidad. La presencia actuante de dios que nos llama a ir en pos de un discipulado misionero, de ser Iglesia de Cristo, testimonio creíble, y, por otro lado, tenemos la dimensión Universal de la Iglesia, en la que se hace explícita la necesidad de acompañar los itinerarios de reforma eclesial que nos inspiran desde el Concilio Vaticano II.

La tercera dimensión es la reforma en curso. Aquí, la tensión se expresa entre un polo que procura la continuidad de lo que consideramos un modo desde la Centralidad, con un esquema más tradicional, asociado a una Iglesia con un modelo de gobierno centralizador, jerárquico, y, por otro lado, el intento de una Iglesia más sinodal, capaz de revisarse internamente para cambiar de ritmo y en su modo de caminar.

Claves sinodales del proceso eclesial Amazónico a la luz del itinerario del Papa Francisco

En abril de 2018, participando en el consejo pre-sinodal Amazónico, el Papa Francisco se acercó y, luego de una conversación espontánea, se puso serio y nos dijo: “pongan atención a lo más importante, la periferia es el centro”. Para promover este proceso pastoral en la Amazonía, lo que era considerado descartable, indeseable o secundario, se torna en piedra angular para crear nuevas posibilidades y caminos para la iglesia y para un mundo roto.

No se trata de destronar al centro, la periferia mantiene siempre su cualidad de periferia. Esto es evidente en el propio itinerario y discernimiento de Jesús.

En marzo de 2019, en un encuentro de estudio sobre los temas prioritarios del Sínodo tuvimos una audiencia privada con el Papa. En ese encuentro fraterno insistió al menos 4 veces en pedirnos: “no pierdan el foco, no dejen que se diluya el sínodo”. En esta solicitud expresaba que el Sínodo sobre la Amazonía debía ser acerca de los sujetos concretos en el territorio y sobre la escucha y la promoción de ellos. De no ser así, perdería el sentido de territorialidad-encarnación y fracasaría como paradigma para otros dinamismos eclesiales pastorales emergentes.

La perspectiva del desborde. Queremos, por tanto, una nueva estructura regional Panamazónica que sea el vehículo propicio para llevar adelante las novedades del Espíritu en este Sínodo y que permita también afirmar la dimensión eclesiológica emergente. No es casualidad que la experiencia de trabajar en comunión eclesial Panamazónica, como la que hemos vivido estos años, sea una luz que ha ayudado a otros territorios a pensarse desde esta misma perspectiva.

El Sínodo para la Amazonía “es hijo de la Laudato si’, como lo afirmó Francisco al periódico La Stampa en febrero de 2020. Allí plantea la relación del territorio amazónico con el futuro del planeta. La consecuencia de este planteamiento para el creyente es que, para ser seguidor genuino de Cristo, debe asumir un compromiso real con el cuidado de la casa común.

Una última clave es el nacimiento de la Conferencia eclesial de la Amazonía (CEAMA), que es una propuesta estructural todavía en ciernes.

“Queremos, por tanto, una nueva estructura regional Panamazónica que sea el vehículo propicio para llevar adelante las novedades del Espíritu en este Sínodo y que permita también afirmar la dimensión eclesiológica emergente. No es casualidad que la experiencia de trabajar en comunión eclesial Panamazónica, como la que hemos vivido estos años, sea una luz que ha ayudado a otros territorios a pensarse desde esta misma perspectiva” (Mauricio López al Aula Sinodal en octubre de 2019).

“En el actual desafío creyente no hay, ni puede haber, Sinodalidad sin comunión. Es decir, se trata de seguir construyendo esa IGLESIA plenamente SINODAL como horizonte en clave escatológica, sabiendo que ya es, pero todavía no, en nuestra peregrinación y colaboración en el camino hacia el Reino.”

 

10 marzo 2021, 12:18