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Carballo: La comunidad, columna vertebral de los proyectos de desarrollo

Raquel Carballo es la coordinadora para Centro América de la organización de la Iglesia española, Manos Unidas. Trabaja en la región desde hace 12 años. Para ella, la gente ha sido fuente de esperanza, de lucha por la dignidad humana y de fortalecimiento de valores tan profundos como la gratitud, sencillez y deseos de superación comunitaria. Entrevista.

Manuel Cubías - Ciudad del Vaticano

La organización española Manos Unidas apoya proyectos de desarrollo en diversas partes del mundo. En la región de Centro América, gestiona junto con las comunidades, iniciativas en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Raquel Carballo es la responsable de dar seguimiento a la realización de los proyectos.

Presencia en Centro América. Conocimiento y cercanía

Raquel Carballo viaja a Centro América, como parte de su trabajo, varias veces al año desde 2008. Pone en evidencia que la situación en los países es muy cambiante. Define el rol de Manos Unidas como una institución con un accionar muy particular: “Intentamos dar respuesta a las necesidades que realmente provocan cambios (…) de las cuales no siempre vemos resultados en el corto plazo, sino que requieren más tiempo”. Nuestro trabajo, añade, es en estrecha colaboración con organizaciones de cada país, que están en el terreno y que conocen la “vida y los problemas de la gente”.

La cercanía con la gente es otra característica de este trabajo. No se trata de visitar rápidamente cada país. El ritmo lo ponen las circunstancias. “Muchas veces sólo podemos visitar determinados territorios porque el trabajo es muy vasto y las distancias entre las comunidades son grandes y, a veces, no es necesario abarcarlo todo. He aprendido a trabajar con delicadeza y cercanía”. Carballo recuerda las comunidades de Usulután en El Salvador, donde puede pasar más de una semana visitandolas, estando con la gente, escuchándoles, “viendo cómo trabajan y dándonos cuenta de las repercusiones que tienen para sus vidas los proyectos que apoyamos, por eso es importante dejar que la gente se exprese”, subraya Raquel Carballo.

El diálogo. Más que un recurso

Para Carballo el diálogo aporta algo más que el conocimiento sobre si el proyecto funciona o no, y añade, nos permite “conocer de primera mano el impacto y la vigencia de la iniciativa, no sólo para un individuo, sino para la comunidad”. Por eso afirma, “uno de los requisitos para apoyar los proyectos es que la población esté organizada, puede ser en pequeños o grandes grupos, pero el elemento comunitario es importante porque es como la columna vertebral de cualquier proceso de desarrollo”.

El diálogo nos permite “ver los cambios que se están generando en las comunidades, a eso queremos ir, a la transformación que se da en la manera de funcionar de la comunidad (…) por eso mi experiencia me dice que no se trata de entregar recursos. Se trata de dejar semillas que ayuden a la gente a darse cuenta de que, si no están unidos, difícilmente podrán salir adelante” declara Carballo.

La coordinadora de Manos Unidas afirma que hay momentos en que el proceso pone en evidencia elementos fundamentales, por ejemplo, “cuando la comunidad y especialmente las mujeres se dan cuenta de sus derechos humanos, pero más fuerte cuando toman conciencia de que tienen derecho al agua, a la tierra, a la alimentación, a una economía que potencie la zona y el derecho a decidir cómo quieren vivir y a querer que sus hijos permanezcan en el territorio y no se vayan como migrantes”.

Una esperanza que nunca se acaba: “Dios me va a sacar de esto”

Para Raquel, uno de los momentos más impactantes es cuando la gente enfrenta situaciones difíciles. “Ellos no pierden la esperanza, son incapaces de mirar a Dios con rabia, y cuando les va bien siempre hay un gracias a Dios. Yo seguramente actuaría de otra manera, pero esta experiencia me ha hecho comprender de otra manera.”.

La esperanza tiene una dimensión comunitaria y “la gente me ha enseñado el sentido profundo de la solidaridad”, afirma Carballo, quien contrasta estas experiencias con la vivida en otros lugares donde apenas existe la relación comunitaria y el sentido de la amistad es muy débil.

Los “viejitos” (adultos mayores), si, “¡Cómo cuidan a los viejitos! y aunque todos estos son elementos positivos, no todo es idílico. Hay mucha violencia intrafamiliar, a veces entre comunidades”, indica Raquel Carballo, pero acota: “muchas de estas violencias vienen dadas por el contexto”.

El maíz, la tierra, la gratitud

El trabajo en la tierra permite una relación especial entre la gente, la tierra y Dios, indica Raquel y añade: “Cuando trabajan y miran la tierra que les da el sustento, la miran con devoción y agradecimiento a Dios. Cuando recogen el maíz hay un agradecimiento profundo por el sustento diario, porque representa el cuidado de la familia y del lugar donde seguramente han nacido”.

“El elote, el maíz, los vincula con la madre tierra, los vincula con los hermanos al compartir el trabajo y los frutos: tamales, atol, riguas, tortillas. La cosecha es el momento de la celebración”.

El futuro. Los desafíos

La coordinadora de Manos Unidas plantea que el desafío más urgente es luchar contra la pobreza, que por la pandemia ha venido a hundir más a las comunidades y a aumentar el número de familias pobres en toda la región centroamericana. Otro desafío es el aparecimiento de caudillos. Esta dinámica ahoga los logros de aquellos que reivindican los derechos de las personas que no tienen voz. Junto a esto, está la poca preocupación por el medio ambiente de parte de algunos Estados que se centran en la explotación de los recursos y no miran los efectos. Esta situación en muchos casos acaba en la criminalización de los defensores de la naturaleza y de los derechos humanos.

Raquel Carballo apunta que estos retos son difíciles de enfrentar, pues detrás de estas problemáticas se sitúan grandes intereses económicos a nivel internacional, sin embargo, afirma: “podemos aportar en la medida en que hagamos visibles todas estas problemáticas.

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09 diciembre 2020, 20:54