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Tres semanas después del paso de Otis, los habitantes de las zonas rurales de Acapulco aseguran que las ayudas del gobierno no están siendo suficientes Tres semanas después del paso de Otis, los habitantes de las zonas rurales de Acapulco aseguran que las ayudas del gobierno no están siendo suficientes  (ANSA)

Acapulco, González: “Estamos ayudando a quienes no les llegan otras ayudas"

En las parroquias se han habilitado comedores humanitarios, distribuciones de despensas y alojamientos para las personas que perdieron hasta sus hogares. El arzobispo de la arquidiócesis mexicana azotada por el huracán Otis, exalta la respuesta de la Iglesia ante la emergencia y hace un llamamiento: “Ahora, hemos de colaborar con la sociedad civil para que la reconstrucción sea más vinculada al medio ambiente"

Luana Foti – Ciudad del Vaticano

“Nuestra región es una zona donde frecuentemente llegan huracanes, pero este huracán se caracterizó por su gran poder destructor. Fue un golpe muy fuerte para las personas y en este momento de emergencia la arquidiócesis está ayudando a atender las necesidades básicas donde no llegan otras ayudas”.  El arzobispo metropolitano de Acapulco, monseñor Leopoldo González González, introduce así a Vatican News el escenario en el que se encuentra su diócesis después de que el huracán Otis azotó su costa.

Hablar con él no ha sido fácil, porque a pesar de que el huracán tocó tierra en Acapulco el pasado 25 de octubre, la ciudad sigue muy afectada y en muchas zonas las comunicaciones siguen siendo muy difíciles.

Escucha, descarga y comparte la entrevista con Mons. Leopoldo González González

Los efectos del huracán en la diócesis

La fuerza destructora del huracán que alcanzó categoría 5, la máxima categoría en la escala Saffir-Simpson, no ha perdonado a nadie ni a nada, tampoco a los templos parroquiales y las capillas de barrios y colonias. Todas las 36 parroquias de la ciudad de Acapulco y 4 del municipio de Coyuca de Benítez han sido afectadas: “En muchas voló techos de lámina, en algunas derribó bardas, rompió vidrios, arrancó puertas, derribó imágenes”, señala el prelado.

Entre los edificios más dañados se encuentran el seminario, la casa de la iglesia, la escuela de la Pastoral, la casa pastoral Vianey, el convento de las Madres Capuchinas y la casa central de las Misioneras del Divino Salvador. Ahora, las parroquias afectadas están buscando algún espacio seguro donde celebrar la Eucaristía, tener la adoración del Santísimo y escuchar a las personas.

La respuesta de la Iglesia

Muchas personas perdieron la vida en el mar o bajo los escombros y muchas siguen sin localizarse. Una parte de las que sobrevivieron se quedaron sin hogar, sin trabajo, sin nada que comer. Además, en las calles hay mucha basura y eso pone riesgos de enfermedades intestinales, de vías respiratorias y del dengue. Ante esta situación de emergencia, la arquidiócesis está ayudando a atender las necesidades básicas.

“Hay al menos 26 comedores comunitarios en las parroquias de Acapulco y al menos tres en las del municipio de Coyuca”, explica el prelado. Asimismo, junto a proveer al abasto de agua y alimentos, se han habilitado al menos dos albergues en parroquias de Acapulco y uno en Coyuca.

El arzobispo agradece la ayuda recibida por la diócesis del País mexicano y en particular a las parroquias de la Costa Chica y de la Costa Grande de Guerrero que “han tendido bondadosamente la mano con defensa, trabajo voluntario y ayuda económica a las parroquias que sí fueron golpeadas”. Luego, hace un llamamiento a la sociedad civil para que la reconstrucción sea “más sostenible y más vinculada al medio ambiente”.

¿Cómo reconstruir a las personas?

Monseñor González manifiesta que el ánimo de muchas personas ahora está quebrantado, entristecido y desesperanzado. Y declara que el paso de Otis representa un golpe muy fuerte de sobrellevar para las familias que apenas habían encontrado la manera de reconfortarse después de la prolongada situación de estrés vivido por el Covid-19.

“Ahora, hemos de preguntarnos cómo reconstruir las personas, las familias, las comunidades, con el capital humano que tenemos”, asevera. La respuesta, según él, está en la fe: “Muchas personas se están agarrando en la fe. Con el favor de Dios vamos a salir adelante. La fe va a dar las energías que necesita la gente para sobrevivir, restaurarse, reconstruirse y reconstruir”.

Concluye recordando que el Señor Jesus está cerca, tomando el rostro de cada quien ha sido golpeado por el huracán y de cada persona que se preocupa, reza y tiende la mano al más necesitado.

“No estamos destinados a vivir entre el crimen organizado”

Acapulco es una ciudad costera de Guerrero, uno de los estados más pobres de México. Gracias a su puerto y a su bahía, considerada una de las más lindas del país, el turismo y la pesca se han convertido en sectores clave de su economía. Sin embargo, la presencia del puerto, ha favorecido la difusión del crimen organizado y en los últimos años el nivel de delincuencia entre sus calles ha incrementado mucho.

Ahora, después del huracán, sus ciudadanos tienen que enfrentarse a otro fenómeno criminal: los saqueos de las tiendas y las casas que se quedaron destruidas. Pero, monseñor González, no quiere rendirse a este destino: “Es posible vivir con la firme esperanza de que no estamos condenados a vivir entre el crimen organizado y ninguna otra forma de violencia”.

“El antídoto contra la delincuencia, el crimen organizado y las violencias está en el Evangelio”, dice el prelado recordando las distintas maneras a través de las cuales el Evangelio tiene el poder de transformar la sociedad. Primero, invita a comprender que el Evangelio pacifica el corazón de las personas y las familias y les permite vivir relaciones fraternas y amigables: “Del hogar sale la luz que ilumina nuestras calles y la luz del hogar sale del corazón de cada uno de quienes integramos la familia”. Luego, subraya su poder restaurativo y sanador en las personas que deciden vivir según sus enseñanzas: “El Evangelio quita del corazón todo aquello que amarga a partir de una experiencia de dolor muy fuerte, sufrimiento o injusticia para que la persona afectada pueda levantarse de la violencia sufrida y participar en la construcción de la paz”, explica. Por todo esto, concluye, “hemos de anunciarlo a tiempo y no a destiempo”.

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13 noviembre 2023, 11:10