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La Beata Lucía Ripamonti: alma "vendida a la caridad"

La religiosa fue elevada a los altares en Brescia, Italia, el sábado 23 de octubre, durante la misa presidida por el cardenal Semeraro: "Ella vivió en el silencio y la sencillez evangélica, encontrando en todo, incluso en los reproches y las correcciones, un medio para humillarse y progresar en la santidad", dijo el purpurado en su homilía.

Amedeo Lomonaco - Ciudad del Vaticano

Caridad, bondad y amor. Estos son los rasgos distintivos de la vida de Sor Lucía Ripamonti, proclamada beata en la catedral de Santa María Asunta y de los Santos Pedro y Pablo de Brescia, este sábado 23 de octubre, durante la misa presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en calidad de delegado del Papa.

Nacida en Acquate el 26 de mayo de 1909, en el seno de una familia de condición modesta, pasó toda su vida consagrada a Dios, ejercitada a través de muchos y humildes servicios, en la casa madre del Instituto de las Siervas de la Caridad de Brescia, donde hoy se veneran sus restos. Sus últimas palabras, antes de su muerte, el 4 de julio de 1954, fueron: "Siempre he tenido los ojos fijos en Dios".

“Mi bien, mi riqueza debe ser Dios (Beata Lucía Ripamonti)”

Cardenal Semeraro: "Sor Lucía puso en práctica la humildad"

El cardenal Semeraro dijo en su homilía, recordando lo que algunos decían de ella, que "Sor Lucía estaba impregnada de humildad". La propia Beata repetía que "lo mejor para un alma es hacer lo que Dios quiere de ella, pues su edificio espiritual se apoya en el fundamento profundo y sólido de la humildad".

 

Sor Lucía no se limitó a decirlo, sino que lo puso en práctica, y en este punto, como en el del ejercicio heroico de las virtudes, la voz del testimonio es unánime: se sentía feliz de ser "coadjutora", porque así podía vivir sin estar en primer plano. Y así, mientras ofrecía a la comunidad un servicio verdaderamente eficaz, "nuestra Beata vivía en silencio y con sencillez evangélica, encontrando en todo, incluso en los reproches y correcciones, un medio para humillarse y progresar así en la santidad", expresó el purpurado.

La santidad nunca deja indiferente

Por su parte, el obispo de Brescia, monseñor Pierantonio Tremolada, subrayó que la beatificación de Sor Lucía es un motivo de gran alegría para la Iglesia:

"La santidad, como escribí en mi carta pastoral «Il bello del vivere» (La belleza del vivir), es el otro nombre de la vida cuando se la mira con los ojos de Dios... La santidad nunca nos deja indiferentes. Tiene su propia fuerza de atracción irresistible, su propio encanto. Sor Lucía pasó su vida en la caridad, una caridad que encontró su fuente en la Eucaristía y en la oración diaria. Se distinguió por su humilde servicio, primero en la familia y luego en la comunidad", concluyó.

23 octubre 2021, 14:39