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Padre Scalese: "Recen, recen, recen por Afganistán"

Los talibanes siguen avanzando. Tras conquistar las principales ciudades del país, ahora están a sólo 50 kilómetros de la capital, Kabul. Hasta ahora, la petición de la ONU de iniciar conversaciones de paz con el gobierno ha sido inútil. Entrevista a responsable de la Missio sui Iuris, que hace un llamamiento

Giancarlo La Vella y Fausta Speranza - Ciudad del Vaticano

 

Kabul, capital de Afganistán y centro del poder institucional, parece tener las horas contadas. El inexorable avance de los talibanes podría devolver en cualquier momento al poder al movimiento fundamentalista que ya gobernó el país de 1996 a 2001. Un régimen que lamentablemente ha pasado a la historia, caracterizado por una visión fuertemente conservadora del Islam. Desde la invasión soviética en 1979, Afganistán no ha conocido la paz y ahora el país vuelve a sufrir la guerra, el exilio forzoso y el hambre. Una situación, sobre todo viendo el drama de los civiles, en la que el padre barnabita Giovanni Scalese, al frente de la Missio sui iuris, la presencia católica en el país asiático, exhorta a la cercanía mediante la invocación al Señor para que salve a Afganistán del dolor de la guerra:

Padre Giovanni Scalese. Llamamiento

ONU: espacio para la negociación

Mientras tanto, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, pide que se detenga la ofensiva, que está teniendo un fuerte impacto humanitario en la población civil, con 250.000 personas -el 80% de ellas mujeres y niños- ya obligadas a abandonar sus hogares, y que se inicien conversaciones de paz. También le horrorizan los informes sobre abusos a mujeres. Tomar el país por la fuerza, subrayó, era una opción perdedora que corría el riesgo de conducir a una guerra civil y al aislamiento total de Afganistán del contexto internacional. La situación humanitaria y sanitaria empeora a cada momento, dijo Guterres, señalando que "los conflictos en las zonas urbanas dan lugar a continuas carnicerías, en las que los civiles pagan el precio más alto" de la violencia.

Cierre inminente de las embajadas

Así pues, de un día para otro podríamos estar asistiendo a la batalla decisiva por Kabul y uno se pregunta qué participación tendrán los 3.000 soldados estadounidenses enviados a la capital oficialmente en apoyo del personal diplomático de Estados Unidos, que tiene previsto evacuar la embajada. Mientras tanto, Kabul se está convirtiendo en una ciudad fantasma en la que los civiles huyen y las oficinas diplomáticas se vacían. En resumen, el temor es que estemos a punto de asistir a otro episodio de la dramática historia afgana de las últimas décadas.

Tras 20 años de guerra

La historia cuenta que el movimiento talibán controló el país entre 1996 y 2001, hasta la invasión estadounidense tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. El objetivo era encontrar a los líderes de Al Qaeda, grupo considerado responsable de los atentados, al que los talibanes ofrecían protección. En Afganistán, por tanto, Estados Unidos ha estado luchando en una guerra de 20 años que comenzó con el derrocamiento del régimen talibán en octubre de 2001. En el último año, después de que Washington anunciara la retirada de sus tropas del país, los talibanes han conseguido hacerse con el control de cerca de la mitad de los 400 distritos en los que se divide Afganistán, consolidando su presencia sobre todo en las zonas rurales. En las últimas semanas, también han comenzado a apuntar a las ciudades más importantes y ahora amenazan a Kabul. Daniele De Luca, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Salento, habla de la inminente inestabilidad y deriva en Afganistán.

Los frutos fallidos de la misión de la OTAN

El académico subraya cómo prácticamente todo estaba ya previsto: ante la noticia de la retirada de las fuerzas internacionales, era imaginable que los talibanes volvieran al campo. Afganistán es un país complejo -explica- con una historia de continuas derrotas para cualquiera que haya intentado penetrar en él desde el exterior. Por estos 20 años de compromiso, no se puede hablar -dice- de fracaso de Occidente, pero sí de fracaso de la idea de exportar la democracia, además, en países que escapan a las definiciones fáciles. En particular, De Luca destaca un aspecto decepcionante: es evidente la desesperación de mucha gente ante el regreso del régimen talibán y cómo miles y miles de personas intentan ya escapar, pero también es evidente cómo los combatientes avanzan prácticamente sin encontrar resistencia. Esto significa -afirma De Luca- que, desgraciadamente, no ha dado sus frutos la misión específica de la OTAN, que era la de formar a las fuerzas locales del orden, haciéndolas operacionalmente autónomas. 

La identidad de los talibanes

De Luca recuerda, trazando el perfil de los talibanes, que son los llamados estudiantes de teología de las escuelas coránicas, que desde los años 90 se han distinguido por sus posiciones extremistas. De hecho, tienen un vínculo muy fuerte con Al Qaeda desde los días en que Bin Laden se escondía en Afganistán y han abrazado la violencia yihadista. Para entender algo más, De Luca sugiere observar el dificilísimo equilibrio entre chiíes y suníes, la historia regional de estas expresiones del Islam. Sabiendo exactamente quiénes eran los talibanes en 2001 y quiénes son hoy, De Luca afirma que es muy difícil imaginar que haya espacio para la negociación o la diplomacia, aunque en las negociaciones de Doha los estadounidenses intenten movilizar a la comunidad internacional, incluyendo a la Unión Europea, China, Rusia e Irán, para convencer a los talibanes de que se detengan y negocien una solución política, en línea con lo que ha pedido la ONU. De Luca también cree que la posición de Afganistán no permite ninguna intervención o participación externa directa por parte de Irán, Rusia y Turquía, que han actuado en Siria. En el fondo está la retirada de los Estados Unidos. Las fuerzas internacionales están completando su desmovilización tras 20 años de guerra. El acuerdo sobre la salida se alcanzó en febrero del año pasado, tras arduas negociaciones entre los talibanes y la administración estadounidense del entonces presidente Trump, pero el gobierno afgano no participó en esas conversaciones. El entonces sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden, anunció que las tropas estadounidenses abandonarían Afganistán antes del 11 de septiembre de 2021.

 

14 agosto 2021, 12:58