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Cardenal Piacenza: hemos perdido la memoria de la Misericordia

Con motivo del Perdón de Asís, desde la Basílica de Santa María de los Ángeles de la Porciúncula, el Penitenciario Mayor advierte de que no hay que entrar en los "callejones sin salida de la autojustificación" inducida por centros ideológicos-manipuladores y exhorta a ejercer el perdón, cultivando el vínculo con la Iglesia universal, para sanarla desde dentro, a pesar de los escándalos y las dificultades

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

Caminando por el camino de Cristo, el camino de la Misericordia y el camino de la Iglesia. Estas son las tres orientaciones ofrecidas por el Penitenciario Mayor, Cardenal Mauro Piacenza, en la homilía que pronunció en Asís, en la Basílica de Santa María de los Ángeles de Porciúncula, con motivo de la celebración del Perdón de Asís. 

Cristo no narró la misericordia, se convirtió en misericordia

"Dios no sólo es Misericordioso, sino que es Misericordia". El cardenal resume en esta síntesis lo que ya encontramos expresado en la primera Carta de San Juan: Dios es amor. De ahí la pregunta para nuestros contemporáneos: ¿cómo podemos, en una sociedad marcada por el "individualismo y el egoísmo narcisista", comprender que la esencia misma de nuestro ser es precisamente la relación, el amor y la misericordia? El camino esencial -subraya Piacenza- es Jesús que, afirmando de sí mismo "Yo soy el Camino" (Jn 14,6), no nos hizo una narración de la Divina Misericordia sino que se hizo a sí mismo Misericordia. Su libre elección de morir en la Cruz por amor da lugar a un lavado de regeneración en el que la humanidad puede sumergirse a través de la fe y los Sacramentos, en primer lugar la Eucaristía y la Reconciliación. 

“Dejarse abrazar por el perdón de Dios significa también ver derrotada la propia soledad.”

El cardenal Piacenza va al corazón de la dinámica que rompe las cadenas del aislamiento: "Él gana conmigo, Él gana en mí, y yo gano con Él". 

Autojustificación inducida por centros ideológico-manipuladores

Hemos perdido la memoria de la Misericordia: es lo que denuncia el cardenal Piacenza al referirse a uno de los dramas de nuestra sociedad. Se encuentra en lo que él llama los "callejones sin salida de la autojustificación" que recorremos cada vez que intentamos, mediante un esfuerzo titánico condenado al fracaso, justificar hasta el amargo final nuestro propio comportamiento, inducido por "centros ideológico-manipuladores". Pedir humildemente el perdón da paso así a la lógica de salvarnos a nosotros mismos. Piacenza habla de "la obra de los promotores de esta cultura que no se dan cuenta de que el mismo intento de normalizar el pecado denuncia la incompatibilidad de la verdad y la bondad, presentes en el hombre, con el pecado". 

“No tengamos nunca miedo de acercarnos al Sacramento de la Reconciliación.”

La necesidad de perdonar, contra la tristeza y el resentimiento

Recibir el perdón nos recrea, sirve para ponernos "de nuevo en la posición en la que estábamos antes de la ruptura". El recuerdo estéril del mal recibido, señala el cardenal Piacenza, conduce a un rencor agotador que quema nuestra energía. Y cita la nueva versión de la oración del Padre Nuestro en la que se pide a cada uno de nosotros (cf. "nosotros también") que perdonemos los pecados de nuestros deudores. Remediar las grietas de la existencia libera el corazón y lo aligera -así lo resume la homilía-, donde será entonces la acción del Espíritu Santo la que colme lo que humanamente parece imposible: perdonar lo imperdonable. 

El perdón para reparar la Iglesia

Refiriéndose a la vida de San Francisco de Asís, que tuvo una clara vocación personal en este lugar, Piacenza indicó el tercer camino para sumergirse, hoy, en el auténtico amor que se convierte en un acto de misericordia: la Comunión de los Santos, al sentirse que pertenece al Cuerpo de la Iglesia.

Ocho siglos después, el Poverello es un icono de la posibilidad de "renovar profundamente la Iglesia universal desde dentro". Esto también se nos pide, señala el cardenal, si permanecemos obstinadamente en el seno de la Iglesia, "a pesar de las muchas incomprensiones y sufrimientos, a pesar de la distancia, a veces sideral, que experimentó". El cardenal recuerda que "no faltan escándalos y objeciones a la Iglesia en su dimensión menor, es decir, en su dimensión humana, peregrina. Pero nunca, jamás", subrayó, "debemos separarnos del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia". Y, para concluir, citando la Exhortación Evangelii Gaudium, nos invita a confiarnos a la obra de la Virgen Madre que "camina con nosotros, lucha con nosotros y derrama sin cesar la cercanía del amor de Dios". 

02 agosto 2021, 12:00