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España. Don José Cerro: sacerdotes con un corazón católico y misionero

“La conciencia misionera del sacerdote, la llamada a ser discípulos misioneros, la experiencia de misiones en Moyobamba, Perú”, son algunos de los temas al centro de la entrevista con Don José Fernando Cerro, sacerdote de la Diócesis de Toledo, España.

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“En el seminario siempre nos formaban para tener conciencia de Iglesia Universal, es decir, que tuviéramos un corazón católico, universal, y siempre nos quedábamos con ese deseo de ser sacerdotes que tuvieran un corazón católico, con esa apertura para las misiones”, lo dijo Don José Fernando Cerro, sacerdote de la Diócesis de Toledo, misionero español, que recientemente celebró sus 25 años de sacerdocio, de los cuales 10 años los dedicó a las misiones en Moyobamba, Perú.

Entrevista a Don José Fernando Cerro

R.- Agradezco la oportunidad que me da Radio Vaticano para compartir mi experiencia misionera que en estos 25 años de sacerdocio he tenido, pues, considero la más enriquecedora de todos los ministerios donde la Iglesia me ha llamado. Pues, surge en el año 2005, cuando fui a la Prelatura de Moyobamba, Perú, porque el entonces Señor Arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, actual Arzobispo de Valencia, pidió sacerdotes para esta Prelatura y los primeros fueron en el año 2004 y bueno, yo me ofrecí, y en el año 2005 fui con un equipo de 7 sacerdotes allí, y he tenido la suerte de estar allí 10 años, en la Prelatura de Moyobamba.

Recientemente, el Papa Francisco ha incentivado a los aspirantes a Nuncios Apostólicos poder tener una experiencia de misiones, de al menos 2 años en un centro de misión. ¿Cuál es la importancia de esta invitación del Papa y cuánto puede aportar la experiencia misionera al ministerio sacerdotal?

R.- La invitación del Papa Francisco es una invitación que viene de Jesucristo y de la Iglesia desde siempre. Yo recuerdo – si me permites Renato – que en el seminario siempre nos visitaban misioneros, sacerdotes, y nos contaban su experiencia y siempre ponían en nosotros esa inquietud, ese deseo. En el seminario siempre nos formaban para tener conciencia de Iglesia Universal, es verdad que nos formamos en Toledo, como sacerdotes de Toledo, pero el Señor Arzobispo de entonces, Don Marcelo González Martín, quería que tuviéramos un corazón católico, universal, y siempre nos quedábamos con ese deseo de ser sacerdotes que tuvieran un corazón católico, con esa apertura para las misiones.

Cuando Don Antonio Cañizares llamo para ir a la Prelatura de Moyobamba, pues, muchos sacerdotes nos ofrecimos, algunos fueron llamados, otros no, eso ya dependía de lo que determinaban los Obispos. Y sin lugar a dudas, como decía, mi experiencia ha sido tan positiva que, creo que todo sacerdote que pudiera, debería tener esa disponibilidad, estanos ordenados para la Iglesia universal, que tuviera esa disponibilidad y ese deseo de compartir algunos años de su sacerdocio, pues, en las misiones porque es una experiencia muy enriquecedora, a mí me ha marcado mucho en mi vida sacerdotal.

¿Cuál era el servicio que realizaba en la Prelatura de Moyobamba? ¿Qué le ha quedado de su experiencia de haber compartido con la gente de esta parte del Perú?

R.- La Prelatura de Moyobamba es una Prelatura del interior del país, que se encuentra, en lo que en Perú se llama, “ceja de selva”. Es una selva montañosa que tiene mucha inmigración de la Sierra porque van buscando cultivos. Es también una Iglesia muy viva, en la que también hay una muchísima presencia de sectas que aprovechan la escasez de clero, la escasez de medios para implantarse; aprovechan también la falta de formación, la falta de convencimiento, pues, para atraer a mucha gente a las sectas. Yo recuerdo que, en la calle donde estaba la Catedral, la iglesia de la Prelatura, solo en esa calle había nueve sectas, me impresionó mucho cuando llegué y vi las distintas denominaciones, y te das cuenta de la necesidad de la labor de la Iglesia Católica y de la presencia del sacerdote como tal.

La Iglesia de Moyobamba es una Iglesia muy viva, muy deseosa de la Palabra de Dios, de llevarles el anuncio y de colaborar. Yo era párroco en las dos ocasiones que estuve ahí y mi parroquia, era una parroquia que tiene una parte urbana y una parte rural. Tenía cerca de 40 a 45 caseríos a los que ir a visitar, pues, a veces en camioneta cuando se podía, a veces en moto, a veces en mula, a veces andando; tenía distancias de 8 horas, 12 horas; pero impresiona ver cuando llegabas a las Comunidades donde habías ya anunciado tu visita con el catequista, porque la labor del catequista ahí es impresionante – me ha llamado la atención que el Santo Padre haya instituido el Ministerio del catequista, porque ahí el catequista es un verdadero ministerio, ahí es donde se palpa que el catequista no es simplemente una persona que da catequesis, es mucho más que eso, es un animador, reúne a la comunidad, visita a los enfermos, entierra a los muertos, prepara para el bautismo, prepara para el matrimonio, prepara para la confirmación. Bueno, el catequista es el alma de la comunidad allí, es preciosa la labor que hace, es impagable y el sacerdote encuentra en ellos un apoyo impresionante – bueno, ibas a las comunidades, te encontrabas a la comunidad reunida, esperándote, temprano para hacer los bautizos, para la Misa, habían comunidades que visitaba una vez al año, dos veces al año, algunas mensualmente, dependía un poco de lo grande que fuera la comunidad y aunque llegarás tarde porque había llovido, porque había barro, porque era difícil llegar, ahí te esperaban con los brazos abiertos para la celebración.

Bueno, pues todo eso muy bonito y la gente venía de los demás caseríos, 8 horas andando, 7 horas andando, 5 horas andando, con los niños y realmente llamaba la atención el deseo de la gente del sacerdote, de la labor y de la Palabra de Dios. Y siempre me llamaba mucho la atención también, como anécdota, que cuando terminaba la celebración decíamos: “Bueno hermanos podéis ir en paz”, y entonces nadie se iba, se quedaban y decían “padrecito siga, padrecito siga hablando”. Me impresionaba mucho eso, pues, el domingo su deseo era ir a la capilla, donde estuviera y no deseaban hacer otra cosa, es estar ahí con la Iglesia, con la comunidad y luego pues se compartía, siempre que se visitaba se terminaba haciendo un almuerzo en la comunidad, mataban sus gallinitas, sus cuyes, hacían su arroz, su chicha, etcétera, pues era un compartir, un poner en común, en torno a la Iglesia y si eran fiestas patronales más todavía, pues se practicaba la fe y se unía a la comunidad.

El Papa Francisco constantemente nos esta invitando a ser discípulos misioneros ¿Cuál es el significado de esta invitación? ¿A qué nos esta llamando cuando nos pide ser discípulos misioneros?

R.- La invitación es a ser discípulos misioneros en fidelidad a la Iglesia. En el mensaje que hemos recibido de los apóstoles porque es la palabra que necesita el pueblo de Dios, que desea el pueblo de Dios, que le llevemos a Cristo, que les demos a Cristo. Esa ha sido mi experiencia, la gente buscaba no a mi, buscaba a Cristo, su perdón, su bautismo, su palabra, su aliento, su estimulo, su cuerpo y su sangre, su alimento, que es el maná, que es la Eucaristía, el viático. Pues, ese es mi mensaje, que la mayor experiencia, como lo decía el Santo Padre Juan Pablo II, lo he experimentado en Moyobamba que, “la fe se fortalece dándola”. Realmente me he sentido muy sacerdote, le doy las gracias a Dios por la experiencia en Moyobamba, e invito a todas personas en fidelidad a la Iglesia que se entreguen a esta esta misión y aliento a los catequistas, si me están oyendo, quizá alguno de allí de Moyobamba o de tantos lugares, a que perseveren en su misión, en el Ministerio que el Santo Padre nos ha regalado.

24 julio 2021, 09:48