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Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de la diócesis de Quibdó, Colombia. Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de la diócesis de Quibdó, Colombia.

Obispos de la costa pacífica de Colombia agradecen solidaridad del Papa Francisco

Un gran impulso del Santo Padre para continuar adelante, recibieron los obispos de Quibdó, Istmina – Tadó y Apartadó, quienes poco antes de la Pascua denunciaron el horror de la violencia, ilegalidad y exclusión social, en la región.

Alina Tufani - Vatican News

“El testimonio y las enseñanzas del Santo Padre han sido fundamentales para el desarrollo de nuestra labor misionera en medio de estas comunidades que han sufrido tanto del abandono estatal como de diversos tipos de violencia”. Así lo expresa monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó en un videomensaje de agradecimiento al  Papa Francisco por su cercanía y solidaridad con los pueblos que sufren en la costa pacífica y región suroccidental de Colombia.

En efecto, la misiva del Papa, con fecha del 29 de abril,  era una respuesta solidaria a los obispos de esa región de Colombia que, días antes, bajo el título “Cese el pecado – Cese el fuego”, habían pedido cien días de tregua por la Semana Santa, ante la “insoportable situación de violencia, ilegalidad y exclusión social”. Una escalada de tensión que suscitó la reprobación del Santo Padre y una sincera expresión de cercanía a las personas que están en medio de tanto sufrimiento. En el mensaje entregado por la Nunciatura en Colombia, a la presidencia de la Conferencia episcopal colombiana (CEC), el Santo Padre también los encomendó a la misericordia de Dios a las víctimas mortales.

Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó

Las Diócesis de Quibdó, Istmina – Tadó y Apartadó, gravemente afectadas por el conflicto armado y la violencia generalizada lanzaron, en Semana Santa, un nuevo llamado a la paz y la dignidad para su población. “Esperamos – pedían los obispos en un mensaje pascual - que los actores armados y grupos delincuenciales acojan este llamado para que cesen los homicidios, los heridos, los desaparecidos, las extorsiones, los confinamientos, los desplazamientos, el reclutamiento de menores, las amenazas y la intranquilidad que afectan a las comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas”.

Las comunidades de la región, en especial las indígenas y sus territorios, están en la mira de bandas criminales y grupos guerrilleros que los obligan a abandonar sus casas y despliegan sufrimiento y muerte a su paso. Por ello, la Iglesia también ha repetidamente llamado a las autoridades a responder de manera eficaz al “clamor de la ciudadanía que exige derechos, seguridad y diálogo respetuoso.

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12 abril 2021, 15:00