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El padre Yousif con los niños El padre Yousif con los niños 

Párroco iraquí: el Papa ha elevado nuestro espíritu

La tierra visitada por Francisco nunca olvidará los días de bendición vividos con el Santo Padre. Ante nuestros micrófonos, el sacerdote Samir Yousif, que en 2008 vio morir al obispo Rahho en Mosul. Acompañó a un grupo de cristianos desde la frontera con Turquía hasta Erbil, para la misa de clausura del viaje del Papa: mi familia ha vivido tres migraciones, no es fácil vivir aquí. Pero Iraq tendrá un futuro brillante

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

Cinco horas de viaje en autobús desde las montañas del Kurdistán iraquí, en la frontera con Turquía, hasta la capital de la región autónoma, Erbil. La inquietud de ver al Papa en esta tierra martirizada pero deseosa de resurgir. Un grupo de 350 cristianos de la aldea de Enishke, en la diócesis de Amadya, se unió a las más de diez mil personas que participaron en la misa en el estadio de Erbil, al término del histórico viaje apostólico del Pontífice. Volvieron llenos de nuevas energías, renovados en su determinación de no sucumbir. Los acompañó el padre Samir Yousif, párroco en cinco aldeas y profesor en el instituto de teología de Duhok. "Fue una visita inolvidable", dice el sacerdote. "El Papa levantó nuestros corazones, los de todos los iraquíes". Y cita algunos titulares de la prensa de Iraq en los que se destaca esto mismo: el Papa Francisco ha elevado nuestros espíritus.

Silenciar las armas

"Desde 2003, sólo se habla de este país en referencia a las guerras, al terrorismo, a los atentados de los extremistas islámicos", explica, alabando el esfuerzo de un hombre de más de 80 años que logró lo que "los líderes del mundo no pudieron hacer, encontrando a la gente". "En tres días fue al sur, al centro, al norte para animarnos, para decirnos 'no tengan miedo', para afianzarnos en la fe, en la convivencia pacífica". El sacerdote se detiene en el mensaje pronunciado en un suelo de lágrimas: que los cristianos son la sal y la luz del mundo, "nos recordó que el perdón y la amistad son la fuerza del cristianismo y que la venganza no beneficia a nadie. Y nos invitó a aceptar la debilidad del otro". El padre Samir cuenta cómo resonó el grito de silenciar la voz de las armas para escuchar la voz de los que sufren y cómo rebotó por todas partes a través de las redes sociales. Y luego vuelve a las conmovedoras imágenes del encuentro interreligioso en Ur de los Caldeos: "Como Abraham recibió a los tres ángeles en su tienda, el Papa recibió a los líderes de las religiones. Nos señaló las estrellas del cielo a las que mirar para darnos cuenta de que el Señor siempre cumple sus promesas”. 

En memoria de Monseñor Rahho asesinado en Mosul

Yousif nació en Mosul, frecuentaba la plaza de las iglesias, creció allí, su escuela estaba allí, en la ciudad vieja. Recordar esos lugares, de los que se vio obligado a salir, le quiebra la voz por un momento: desde esos lugares heridos "el Papa lanzó un mensaje muy fuerte, entre los escombros. Levantando la cruz difundió el mensaje de paz que se extiende también a otros países, a Siria, donde la situación es muy similar a la de Iraq, con la devastación de muchas ciudades. Allí, donde se proclamó el Estado Islámico -dice- era impensable que el Papa llegara.... Cuántas personas han sufrido". Explica que su familia huyó tres veces, su madre vivió tres migraciones, él mismo, de Mosul a Bagdad, y luego al Kurdistán. "Cada vez que hay que dejarlo todo, perdemos nuestras casas y empezamos de nuevo. No es fácil ser cristianos aquí". El padre Samir era párroco en Mosul, secretario del entonces obispo Rahho, que apareció asesinado el 13 de marzo de 2008. "Aquí han muerto miles de personas", explica, "y todavía no sabemos nada de los muchos secuestrados. Conozco a tres jóvenes que desaparecieron en Bagdad y no sabemos nada de ellos. Yo digo que este viaje ha hecho regocijar a todos nuestros mártires". La acogida y el apoyo a los refugiados

El sacerdote iraquí menciona la crucial labor de acogida -que sigue llevando a cabo- de los miles de refugiados que han encontrado amparo en el Kurdistán, cristianos, pero también musulmanes y otras minorías. Agradeció a la Conferencia Episcopal Italiana, de la que sienten mucho apoyo: "Los refugiados están mejor, los que están en los campos siguen sufriendo mucho. Nos comprometemos a distribuir alimentos, ayudamos a sus hijos a ir a la escuela, les buscamos algún trabajo, hacemos todo lo posible para no dejarlos solos, como hizo Cristo. Tenemos miedo -concluye- cada vez que bombardean cerca, en la frontera. Pero sólo podemos quedarnos aquí. Hay dificultades económicas, incrementadas por la pandemia. Pero Irak será fuerte, volverá a sus orígenes. Entraremos en una nueva luz".

09 marzo 2021, 14:39