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Asamblea Eclesial Latinoamericana: signo de una Iglesia sin exclusión

El Cardenal Felipe Arizmendi, Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, México, reflexiona sobre la primera Asamblea Eclesial Latinoamericana y de El Caribe en programa para el próximo mes de noviembre e invita a que cada quien desde su identidad y misión pueda aportar en el desarrollo de esta Asamblea.

Ciudad del Vaticano

Por el Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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El domingo 24 de enero, con una Misa en la Basílica de Guadalupe, se inició el proceso para llevar a cabo, en noviembre próximo, la primera Asamblea Eclesial Latinoamericana y de El Caribe, organizada por el CELAM. Su objetivo es reflexionar juntos, todo el Pueblo de Dios, en forma sinodal, cómo ser discípulos misioneros de Cristo en salida, ante los nuevos desafíos que vive nuestro subcontinente.

Se había escuchado la inquietud de organizar una VI Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, al estar por cumplirse 15 años de la V Conferencia en Aparecida. El lapso de tiempo entre las diferentes Conferencias anteriores era menor: La primera fue en Río de Janeiro, Brasil, en 1955. La segunda, en Medellín, Colombia, en 1968. La tercera, en Puebla, México, en 1979. La cuarta, en Santo Domingo, República Dominicana, en 1992. La quinta, en Aparecida, Brasil, en 2007.

Sin embargo, tanto el Papa Francisco, que coordinó la Comisión Central de Redacción del Documento de Aparecida, siendo todavía Arzobispo de Buenos Aires, como muchos otros, pensamos que dicho documento aún sigue siendo válido, pues sus intuiciones y propuestas responden a las inquietudes de fondo de nuestro tiempo, con las adecuaciones obvias a las nuevas circunstancias. Por ello, el Papa aceptó la propuesta del CELAM de no hacer una VI Conferencia Episcopal, sino una Asamblea Eclesial, que no será sólo de obispos, sino de laicas y laicos, de religiosas y religiosos, de catequistas y diáconos, de sacerdotes y obispos, en un proceso sinodal de escucha, de discernimiento y de propuestas pastorales. Las formas de participación del Pueblo de Dios están en proceso de organización y se nos informará cómo dar nuestro aporte. Habrá un momento cumbre en noviembre próximo, con una sede principal en Casa Lago de Guadalupe, Izcalli, en la salida de la Ciudad de México hacia Querétaro, lugar de reuniones habituales del episcopado mexicano, con otras sedes en distintos países, con formas presenciales y virtuales, para ampliar más la participación del Pueblo de Dios.

Monseñor Miguel Cabrejos, Arzobispo de Trujillo, en Perú, y Presidente del CELAM, nos ha invitado a tomar en cuenta, como fuente de inspiración, la Palabra de Dios y las encíclicas y exhortaciones del Papa Francisco, como Evangelii gaudium, Laudato si, Episcopalis Communio, Querida Amazonía, Fratelli tutti, Misericordiae vultus, Gaudete et exultate, y asumir sus sueños expresados para la zona amazónica, pero que valen para todos: un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico y un sueño eclesial. El lema es muy expresivo: Todos somos misioneros en salida.

En el año 1997, hubo un Sínodo Extraordinario de toda América, en Roma, convocado y presidido por el Papa San Juan Pablo II, en el que participé, en preparación al Gran Jubileo del año 2000, por los dos mil años de la Encarnación, pero era sólo de obispos de todo el Continente, aunque con asesoría de sacerdotes, religiosas y algún laico. Su fruto fue la Exhortación Postsinodal Ecclesia in América, que también sigue siendo válida y oportuna, pues nos invita a un encuentro con Cristo vivo, camino de conversión, de comunión y de solidaridad, que es lo que seguimos necesitando.

Pensar

El Papa Francisco, en un videomensaje que dirigió al Presidente del CELAM, dice: “La Asamblea Eclesial es la primera vez que se hace; no es una conferencia del Episcopado Latinoamericano como se hicieron las anteriores, la última en Aparecida, de la cual todavía tenemos que aprender mucho. No; es otra cosa; es una reunión del Pueblo de Dios: laicas, laicos, consagradas, consagrados, sacerdotes, obispos, todo el Pueblo de Dios que va caminando. Se reza, se habla, se piensa, se discute, se busca la voluntad de Dios.

Yo te daría dos criterios que los acompañen en este tiempo, tiempo que nos abre nuevos horizontes de esperanza.

Primero, junto al Pueblo de Dios. Que esta asamblea eclesial no sea una elite separada del santo Pueblo fiel de Dios. ¡Junto al Pueblo! No se olviden que todos somos parte del Pueblo de Dios, todos somos parte, y ese Pueblo de Dios, que es infalibile in credendo (infalible en el creer) como nos dice el Concilio, es el que nos da la pertenencia. Fuera del Pueblo de Dios surgen las elites, las elites ilustradas de una ideología o de otra, y eso no es la Iglesia. La Iglesia se da al partir el pan, la Iglesia se da con todos, sin exclusión. Una asamblea eclesial es signo de esto: una Iglesia sin exclusión.

Y otra cosa que hay que tener en cuenta es la oración. En medio de nosotros está el Señor. Que el Señor se haga sentir. Desde ahí, nuestro pedido para que esté con nosotros.

Los acompaño con mi oración y con mis buenos deseos. Adelante, con coraje. Que Dios los bendiga a todos. Por favor, no se olviden de rezar por mí”.

Actuar

Oremos al Espíritu Santo para que estos sueños se hagan realidad, y estemos dispuestos a participar con nuestra palabra y nuestra vida en esta asamblea eclesial, cada quien desde su identidad y misión.

06 febrero 2021, 12:00