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Iglesia española presenta la Instrucción pastoral “Un Dios de vivos"

El documento presentado, ayer, por el episcopado habla del acompañamiento hasta la muerte, la celebración de las exequias, la atención en el duelo, la fe en la resurrección y la esperanza cristiana que son parte de la acción pastoral de la Iglesia.

“La resurrección de Jesucristo es el acontecimiento central de toda la historia de la salvación de Dios con la humanidad; El anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo constituye el núcleo de la fe cristiana; La fe en la resurrección de Jesucristo es inseparable de la fe en la resurrección de los muertos; La fe en la resurrección de Cristo, constituye el fundamento de nuestra esperanza”.  Estas frases tomadas de la Instrucción pastoral “Un Dios de vivos”, presentada, ayer, martes 22 de diciembre, por la Conferencia episcopal española (CEE), son parte de la introducción del documento que trata precisamente sobre la fe en la resurrección, la esperanza cristiana ante la muerte y la celebración de las exequias.

El documento aprobado en la Asamblea Plenaria de la CEE  de noviembre, fue presentado por los presidentes de las dos Comisiones Episcopales que han redactado de manera conjunta el documento: Mons. Enrique Benavent, de Doctrina de la Fe, y Mons. José Leonardo Lemos, de Liturgia; además del secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello.

Una nota de la Oficina de comunicaciones de la CEE explica que en esta Instrucción pastoral los obispos españoles recuerdan las verdades fundamentales del mensaje cristiano sobre la resurrección y la vida eterna, así como sugerencias para el acompañamiento de las personas que sufren por la muerte de un ser querido.  “La atención y cercanía en los momentos difíciles del duelo -afirman- es una acción pastoral de la Iglesia que requiere una preparación, una formación y una espiritualidad adecuada”. Por ello, se exige que  las celebraciones exequiales sean “signo de la auténtica esperanza cristiana” y ayuden a los fieles a crecer en ella.

El documento se divide en cuatro partes y un apéndice. La primera parte analiza “La situación actual y retos pastorales”; la segunda explica “La fe de la Iglesia; la tercera cómo “Acompañar en el momento de la muerte”, la cuarta la importancia de “Celebrar las exequias cristianas” y el apéndice ofrece “Orientaciones sobre los columbarios”.

En el primer apartado, los obispos afirman que en las últimas décadas se ha vivido en nuestra sociedad una profunda transformación en la vivencia de la muerte y en la forma de afrontarla. Subrayan que, ante circunstancias dramáticas como la que estamos viviendo actualmente a causa del COVID-19, “vemos actitudes de generosidad, servicio y solidaridad que muestran lo mejor que hay en el corazón del ser humano, que dignifican a las personas y a la sociedad y que fortalecen la fraternidad. En estos casos, se ofrece ayuda psicológica a las personas para que gestionen sus emociones, pero social y culturalmente se evita la cuestión de Dios·. Sin embargo, reiteran que aun cuando muchos ponen la fe entre paréntesis, en esos momentos dolorosos “solicitan la presencia de la Iglesia y su acompañamiento”.

En una segunda parte, explican que la fe en la resurrección de Cristo, “constituye el fundamento de nuestra esperanza”. Esta fe se expresa en el Credo con dos afirmaciones inseparables, que no se pueden entender la una sin la otra: “Creemos en la resurrección de la carne y en la vida eterna”.  Además, añaden que “al confesar nuestra fe en la resurrección de la carne afirmamos que la salvación afecta al ser humano en su totalidad, a “todo el hombre”.

En este sentido, frente al drama de la muerte, “la presencia y la cercanía de la Iglesia junto a las personas que sufren la muerte de un ser querido es un testimonio elocuente de misericordia y de esperanza”. Y precisamente la misericordia lleva a estar cerca de los que sufren, a compartir su dolor y a no banalizar el acontecimiento de la muerte y el sufrimiento que conlleva: “La fe cristiana consuela y acompaña la pérdida de los seres queridos desde la esperanza que viene del Resucitado”.

La instrucción pastoral indica que “la celebración de las exequias y la oración por los difuntos han de manifestar con claridad la fe en la resurrección y la esperanza cristiana en la vida eterna”. En este sentido, los obispos subrayan que los signos y la celebración de las exequias deben manifestar el respeto y la veneración debidos al cuerpo del difunto. Además aclara que no hay razones doctrinales para prohibir la cremación y ofrece orientaciones para la cremación de los cuerpos cristianos que han fallecido. 

En particular los obispos advierten que  centro de las exequias cristianas es “Cristo Resucitado y no la persona del difunto”. “Los pastores –añaden- han de procurar con delicadeza que la celebración no se convierta en un homenaje al difunto, pues eso corresponde a otros ámbitos ajenos a la liturgia”. También recuerdan que las exequias son incompletas sin la celebración de la Eucaristía.

23 diciembre 2020, 16:51