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Selva peruana, foto de archivo Selva peruana, foto de archivo  (ANSA)

Obispos del Perú exhortan al Congreso a ratificar el Acuerdo de Escazú

La defensa de los pueblos originarios y del ambiente contenidos en el documento de la ONU reconoce la realidad pluriétnica y pluricultural, promueve la cultura del encuentro y del diálogo y conduce a la toma de decisiones justas.

Alina Tufani – Ciudad del Vaticano

La muerte reciente de tres indígenas de la etnia Kukama Kukamiria, en manos de las fuerzas del orden, durante las protestas contra la contaminación causada por una empresa petrolera y por la falta de servicios de salud, abre la carta de los obispos de Perú dirigida al Congreso Nacional en la que abogan por la vida y los derechos de los pueblos indígenas y piden la ratificación del Acuerdo de Escazú, un instrumento supranacional que reforzaría la defensa,  institucionalidad  y bienestar de las comunidades más vulnerables de Perú.

 

“La decisión de ratificar el Acuerdo de Escazú por el Congreso de la República, debe estar fundamentada en la verdad, y ser el resultado de un diálogo honesto y transparente que respete el plazo de ratificación”. Así lo afirman los obispos de la Conferencia episcopal peruana (CEP)  en la misiva que dirigen a la platea parlamentaria en busca de un consenso que permita la entrada en vigor del acuerdo, ya suscrito por Perú, en defensa de la vida, la protección de los derechos, del ambiente y el desarrollo humano integral.

Un instrumento que, para los obispos peruanos, permitiría fortalecer la democracia y la transparencia en materia ambiental, a través del acceso a la información veraz, la participación ciudadana y la justicia ambiental. Además serviría para garantizar la vida y la integridad física de los defensores de derechos ambientales como lo son los pueblos originarios, “custodios de nuestra Casa Común”. Una clara referencia a las palabras de Papa Francisco que en su encíclica Laudato Si’ puntualiza que “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

La CEP también menciona el documento final del Sínodo para la Región Amazónica coloca a la Iglesia como promotora, ante la comunidad internacional, de la protección y promoción de un modelo de desarrollo justo y solidario, con el protagonismo y la participación directa de las comunidades locales y de los pueblos originarios.

“Los valores de hermandad y solidaridad sustentan el Acuerdo de Escazú, pues reconoce nuestra realidad pluriétnica y pluricultural, promueve la cultura del encuentro y del diálogo, de la escucha mutua, del consenso, y de la comunión, para encaminar decisiones soberanas que protejan y garanticen la vida de los pueblos y la ecología integral”, concluyen los obispos.

11 septiembre 2020, 14:41