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Cardenal Czerny a ordenados: “elijan el camino cuesta arriba, hacia lo nuevo"

El Cardenal Michael Czerny celebró la misa de ordenación de 18 diáconos y dos sacerdotes, miembros de la Compañía de Jesús, en la Iglesia del Gesú, en la ciudad de Roma. “Como ministros de la Iglesia, es necesario tener el ánimo de ser testigos, de elegir el camino cuesta arriba hacia lo "nuevo" y no tomar el camino cuesta abajo de lo "seguro".

Ciudad del Vaticano

Un sol radiante bañaba la ciudad de Roma. A las tres en punto, y siguiendo todas las medidas sanitarias, dio inicio la eucaristía en la cual serían ordenados 18 diáconos y 2 sacerdotes, provenientes de Asia (8), África (6) y Europa (6) en la Iglesia del Santo Nombre de Jesús.

La Iglesia del Gesú fue encargada en 1551 por San ignacio de Loyola al arquitecto florentino Nanni di Baccio Bigio. Este proyecto se concretizará durante el generalato de Francisco de Borja, sufriendo en el tiempo algunas transformaciones. También fue la residencia del Superior General de los jesuitas hasta la supresión de la orden en 1773. En este templo se conservan los restos del fundador de los jesuitas.

Ir al mundo al que tanto temían

La luz del sol vespertino entraba por los ventanales de la Iglesia. En este contexto cobraron especial notoriedad las palabras del Cardenal Czerny al saludar a los nuevos presbíteros y diáconos, así como a quienes seguían el evento por medios digitales, “La paz esté con ustedes”. Czerny inició su homilía invitando a ser testigos de esta escena primera en la vida de los apóstoles después de la muerte de Jesús: “Ante el miedo que sienten los apóstoles, que los lleva al encerramiento, “De pronto, Jesús se hace visible, audible, tangible entre ellos. "¡Shalom!" es su primera palabra: "¡Paz!". Les muestra sus manos heridas y su costado perforado. Estos signos permanentes de su pasión proclaman y prueban el amor tenaz de Dios. Jesús los envía al mismo mundo que tanto temían”.

El purpurado prosiguió subrayando el acto en el que Jesús sopla sobre los discípulos y les da su Espíritu: “Para sanar y consolar, para liberar y reconciliar, para levantarse y llevar alegría. Y para ser un heraldo del Evangelio, un ministro de la reconciliación y de la liberación, en el mundo de hoy y de mañana, donde todo parece ser rápido y constantemente nuevo”.

¡No hay nada nuevo en la renovación!

El Cardenal Czerny llamó a los ordenados y a los asistentes a “escrutar a fondo los signos de la época”, y para ello el discernimiento es una herramienta instituida por San Ignacio de Loyola y que puede ser muy útil en los tiempos que corren.

Por el bautismo, todos los cristianos compartimos la misión y el ministerio de la Iglesia, afirmó Czerny e insistió: “Los ministros de hoy son ordenados para fomentar la inserción activa del pueblo de Dios en la vida y las responsabilidades de la Iglesia (...) El Concilio Vaticano II abraza al mundo como el lugar privilegiado para anunciar la Buena Nueva. Así es cómo restauró a los sacerdotes al mundo, invitándolos a salir de las zonas de confort llamadas "sacristías" donde, como los discípulos en el Evangelio de hoy, habían sido encerrados por miedo a lo que estaba ocurriendo "afuera". El mundo de ahora, con sus problemas y luchas, con sus contradicciones y sus valores, con sus oportunidades y obstáculos, es esencial para el servicio de los que serán ordenados hoy.

Elegir el camino cuesta arriba

El Cardenal propuso a los ordenados algunos elementos para seguir el camino al cual han sido convocados, insistiendo en que “No hay mapa alguno para las tierras desconocidas que se avecinan”. En este sentido, continuó, “es necesario tener el ánimo de ser testigos, de elegir el camino cuesta arriba hacia lo "nuevo" y no tomar el camino cuesta abajo de lo "seguro". Sabiendo que todos somos débiles, subrayó la necesidad de apoyarnos: ¡Permítanos animarlos con coraje en esta tarea constantemente!

Otro elemento a tomar en cuenta es el discernimiento sobre lo que significa hoy responder a la llamada que Cristo nos hace como individuos y como Iglesia, por eso, “En lugar de intentar dominar o apropiarse de este discernimiento, procuren acompañar a otros y estar siempre al servicio del discernimiento del cuerpo de la Iglesia”.

“Descubrirán que hace falta humildad y coraje para reconocer que no podemos hacer todo con nuestras propias fuerzas”. Este es el reto de la práctica sinodal, en la que juntos vamos descubriendo las mejores opciones y tomando las mejores decisiones: “Pídanle a Dios que nos ayude a ver el mundo como lo hace Jesús, especialmente en este momento tan difícil”.

Los desafíos que la sociedad de hoy presenta a la Iglesia son enormes, por eso la invitación del Cardenal: “Iluminemos al mundo con la verdad del Evangelio, y como Melquisedec, ofrezcamos soluciones eficaces y amables, no solo para esta emergencia sanitaria en sí misma, sino para aliviar los enormes sufrimientos del pueblo de Dios y de nuestra casa común”.

Finalizó la homilía invitando a los nuevos ordenados a “experimentar una abundante gracia, consuelo y alegría al llevar la carga que aceptan hoy; y "¡La paz sea con ustedes!" (Jn 20:19).

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28 junio 2020, 09:43