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Renacer. Una canción desde la primera línea

En marzo, Panamá decretó la cuarentena por el Covid-19. Los novicios jesuitas fueron enviados a tres hogares de niños y ancianos, coordinados por las Hijas de la Caridad y las Misioneras de la Caridad. “Fui por la guitarra, y en mi cuaderno comencé a escribir: Se apagaron los motores, callaron las avenidas… Las notas, las letras, la armonía aparecían con naturalidad. No dudé entonces que era cosa de Dios”. Testimonio del novicio Antonio Aguilera.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Pedregal, es el sector de la ciudad de Panamá donde los jesuitas de Centro América tienen ubicada la primera etapa de formación: el Noviciado San Ignacio de Loyola. Esta casa tiene más de cuarenta años de existencia y de estar situada en este populoso sector. Actualmente hay 17 novicios y tres formadores.

No dudé. La cosa era de Dios

Antonio Aguilera, novicio, relata cómo la canción “Renacer” y el video que hoy ofrecen a toda nuestra audiencia, se hicieron realidad y hoy nos lo presentan como ofrenda agradecida a Dios y a las comunidades donde sirven.

“Justo al comienzo de la cuarentena decretada aquí en Panamá, los novicios fuimos distribuidos a tres hogares de niños y ancianos, coordinados por las Hijas de la caridad, y las Misioneras de la caridad. En ese ambiente de servicio, en el que tenía la oportunidad de ayudar de forma directa, me sentía comprometido y entusiasmado de ayudar a quienes más lo necesitan en estos tiempos de confinamiento. Ver los rostros de los niños con hidrocefalia, darles de comer por sonda, llevar una cucharada de sopa a otros, darle su pacha de leche a otros; conversar con los ancianos, sacar a algunos a caminar o en su silla de ruedas al jardín, etc., todo eso me transformó.

Pero mi espíritu seguía inquieto, pues sabía que después de algunas semanas volvería al confinamiento para vivir la cuarentena en el Noviciado, siguiendo los cursos de Pobreza, Castidad y de Sacramentos que nos faltaban. Y me preguntaba: ¿de qué forma daremos un mensaje al mundo desde el encierro? Y una noche, mientras hacía mi examen de conciencia, el viento soplaba fuerte después de la lluvia de la tarde, surgió la inspiración. Fui por la guitarra, y en mi cuaderno comencé a escribir: Se apagaron los motores, callaron las avenidas… Las notas, las letras, la armonía aparecían con naturalidad. No dudé entonces que era cosa de Dios. 

Novicios de la Compañía de Jesús de Centroamérica
Novicios de la Compañía de Jesús de Centroamérica

Con sentimientos encontrados nos despedimos del Hogar San José mis compañeros y yo, entre abrazos a las Hermanas de Calcuta, a la gente del personal que se desvivía por esos niños y ancianos y del P. Rodolfo, vicario de la Catedral de Managua, a quien la cuarentena le atrapó aquí en Panamá y desde entonces vive en el Hogar, al no poder regresar a su país. De vuelta en el noviciado, durante mi oración personal escuchaba en mis adentros esa canción escrita en el Hogar, y le preguntaba al Señor: ¿qué quieres de esa canción? Supe entonces que debía darle rienda suelta a esa idea y transmitirla a mi comunidad. Hablé con mi Maestro, el padre Silvio Aviléz y le dije:

—Padre, tengo una canción de la cual no tengo duda en que Dios quiere que la grabemos. Le quiero pedir permiso para grabar la canción junto a mis compañeros y luego, con la ayuda de Kevin, Carlos y Luis hacer un video en el que salgamos todos para darle un mensaje de esperanza a nuestros amigos, amigas, familiares y al mundo entero.

El padre Silvio me escuchó con suma atención, y luego aceptó con una sonrisa y me dijo:

Pero me enseñas la letra, chavalo.

Luego me reuní con varios de mis compañeros novicios y les comenté del proyecto. Se mostraron emocionados también, y entre todos dimos ideas para que la letra de la canción tuviera ideas de todos. Luego Kevin, Luis y Carlos echaron manos a la obra con la producción del video. Entonces comencé a trabajar en aquellos programas que utilicé en el pasado para hacer reguetón, y que no creí utilizar en el noviciado. Pero Dios nos llama por lo que somos, y esto de la producción musical iba en el paquete de mi vida.

Agarré la guitarra, instalé los programas, descargué Plugins y VST para masterizar y fue tomando forma la canción. Procedimos a grabar. Para ello ensayamos tres días con mis compañeros. Era un coro de voces fenomenal, fuerte y aguerrido. Cada voz es un mundo y no fue fácil, pues dedicamos tardes enteras a la grabación, pero el Espíritu ardía e iluminaba. Es Dios quien actuaba en aquella biblioteca que utilizamos como estudio de grabación, en aquel micrófono que traje del “mundo” y mi Maestro me dejó traer.

Un día entero fue dedicado a la grabación del video, para ello todos nos dejamos guiar por la dirección de Kevin, Carlos y Luis, quienes armaron un estudio fotográfico improvisado. Y así, con una laptop maltrecha —cuya pantalla no le funciona y conectamos a un TV—, hicimos eso que a veces, aun teniéndolo todo, no haríamos, pero que gracias a la unión de ánimos y de voluntad sí logramos hacer. Queremos dar ánimo en medio de esta crisis, Renacer —que es el título de la canción—, incentivar a buscar nuevas formas de encontrar a Dios, pues nuestros templos hoy día son nuestras familias, nuestro interior, y, sobre todo, el pan de la palabra. Y ojalá la humanidad entera cante las máximas de Jesús:

Yo soy camino, verdad y vida,

y la vine a dar en abundancia.

Yo, soy camino, verdad y vida

felices los que lloran porque reirán.

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13 mayo 2020, 11:20