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Niños en Siria, foto de archivo Niños en Siria, foto de archivo 

La Pascua entre los cristianos de Damasco

Días de Pascua entre los cristianos de Damasco, en donde la fe es fuente de fuerza y de coraje. Artículo tomado de L'Osservatore Romano

Tanto en Damasco como en Alepo, en Siria herida por la guerra y hoy por la pandemia de coronavirus, la Pascua de Resurrección ha llevado nuevas esperanzas. La emergencia del covid-19 ha llegado a exacerbar y agravar las heridas dejadas por más de nueve años de conflicto: pero el pueblo sirio muestra resiliencia y, en la comunidad cristiana, la fe es una fuente de fuerza y coraje.

Una victoria pírrica

La paradoja es que "ni siquiera en tiempos de guerra las iglesias permanecían cerradas, siempre habían seguido celebrando misas y liturgias", refiere el arzobispo de Damasco de los maronitas, Samir Nassar, al "Osservatore Romano".

Lo logró el virus, pero la suya, se podría decir, fue una "victoria pírrica". De hecho, dice el arzobispo, "cada casa se ha convertido en una iglesia doméstica. Hemos experimentado y vivido una nueva forma de ser Iglesia, sintiéndonos unidos a la comunión espiritual que rompe todas las distancias y nos hace comunidad, cercanos a Cristo resucitado". A pesar de las iglesias vacías, de hecho, los fieles sirios pudieron seguir y participar en las liturgias de la Pascua a través de medios como YouTube o las redes sociales. Y así, continúa el pastor maronita, "en las tinieblas de la muerte y la violencia, la luz del Resucitado apareció, llegando a desgarrar las tinieblas del sufrimiento causado por los casi diez años de guerra".

La luz de Cristo brilla para iluminar nuestra soledad

Esa luz, simbolizada por el cirio pascual encendido en cada iglesia, "brilla para iluminar nuestra soledad, en esta noche interminable de odio y violencia", dice el Arzobispo con palabras sentidas.

La llegada repentina de la emergencia del coronavirus tuvo consecuencias en el plano material y espiritual: "En primer lugar, se puede constatar que los combates y la violencia han cesado", lo que es ciertamente un hecho positivo sobre todo para la población civil; luego, por otra parte, "se ha generado una nueva comprensión de nuestra fe: para los fieles, lejos de las iglesias, irremediablemente cerradas, pero también para los sacerdotes que celebran la liturgia delante de los bancos vacíos".

Redescubrir la propia fe

Cada uno debe examinar su propia fe personal y redescubrir la semilla del Espíritu Santo en el fondo de su corazón, sin la ayuda de otros. “Ha surgido una nueva forma de dar testimonio de la propia fe", señala Nassar. Y añade: "En el plan insondable de Dios que saca el bien también del mal, el coronavirus ha permitido encontrarse unidos en familia, con el Evangelio en el centro de las pequeñas comunidades domésticas, volviendo a las fuentes y a los elementos esenciales de la fe”. En la situación de emergencia y cierre,  se hizo camino "la contribución positiva de las tecnologías, las redes sociales y los diversos canales que nos han permitido mantenernos en contacto y unirnos: son medios para difundir las Buena Nueva a nuestro alrededor. No es la oscuridad, no es la desesperación, el futuro de la población siria, porque está firmemente anclada en la esperanza cierta de la resurrección de Cristo", concluye el arzobispo.

16 abril 2020, 16:15