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Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía 

Padre Andrea Santoro: reflejo del amor perfecto

Hoy se cumplen 14 años del martirio del sacerdote Andrea Santoro, de la diócesis de Roma enviado como fidei donum a Turquía. “Estoy aquí para habitar entre esta gente y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carne”, escribió días antes de su asesinato.

Ciudad del Vaticano

“¿Quién irá, señor? Si quieres, mándame a mí”. Estas palabras fueron escritas por el Padre Andrea Santoro en su diario durante su misión como fidei donum en Turquia. Son palabras que muestran su gran entrega por Dios al servicio de toda la Iglesia.

Hoy se cumplen 14 años de su asesinato, muerte que conmovió a miles de feligreses de Turquía y de la Diócesis de Roma, a la cual pertenecía. En su momento, el Papa Emérito Benedicto XVI expresó su dolor a través de un telegrama dirigido al Vicario Apostólico de Anatolia, Monseñor Luigi Padovese, en el que destacó la generosidad y celo apostólico del sacerdote, siempre al servicio del Evangelio y “de las personas más necesitadas y marginadas”.

Con un Don completo de sí mismo

El Padre Santoro nació en la localidad italiana Priverno, el 7 de septiembre de 1945. En 1956, se trasladó definitivamente a Roma con toda su familia. En 1958 entró en el seminario menor de Roma. Ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1970, siempre desarrolló su actividad pastoral con una donación total.

Sintiéndose llamado a ir de misión en Medio Oriente, el Cardenal Ruini le concede irse a Anatolia como fidei donum: el 11 de septiembre de 2000 llegó a Turquía, a la edad de 55 años. Durante su estancia en aquel país, escribió muchas oraciones y reseñas que revelan su gran celo apostólico y un amor por la Eucaristía: “Oh Dios, hazme ministro de esta Eucaristía”.

Hasta el martirio, como Jesús

El ataque sorprendió al padre Andrea cuando el 5 de febrero de 2006, después de haber celebrado la Eucaristía y encontrándose en oración en su Iglesia de Santa María, en Trebisonda (localidad turca del Mar Negro), un joven de tan solo 16 años le tiró dos disparos por la espada gritando “Alá es grande”. En el juzgado, el joven declaró haber actuado movido por la rabia suscitada tras la publicación en prensa occidental de las viñetas sobre Mahoma.

Pocos días antes de ser asesinado en Trebisonda, escribió: “Estoy aquí para habitar entre esta gente y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carne... Uno se vuelve capaz de salvarse sólo ofreciendo su propia carne. Hay que llevar el mal del mundo y compartir el dolor, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como hizo Jesús” (A. Polselli, Don Andrea Santoro, le eredità, Città Nuova, Roma 2008, p. 31).

Un rayo del amor perfecto

El Papa Francisco, en su Audiencia General del 1 de abril de 2015, recordó la figura del sacerdote romano como ejemplo de un hombre que refleja “un rayo del amor perfecto, pleno e incontaminado”: “Que este ejemplo de un hombre de nuestro tiempo, y muchos otros, nos apoye en el ofrecimiento de nuestras vidas como un regalo de amor a nuestros hermanos y hermanas, a imitación de Jesús”.

Hoy, lo que queda es el testimonio de este sacerdote romano, animado por una “santa inquietud”, pero sobre todo deseoso de caminar en la fe, junto con aquellos que han sido poco a poco sus compañeros.

05 febrero 2020, 12:25