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Es Beato el padre Donizetti Tavares de Lima, el "taumaturgo"

Hoy, este sacerdote enamorado de la Virgen de Aparecida y de su prójimo, que ayuda espiritual y físicamente, ganando la reputación de taumaturgo, se eleva a los honores de los altares de Tambaú, Brasil. En la ceremonia, en representación del Santo Padre, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Becciu

Roberta Barbi – Ciudad del Vaticano

Los dieciséis niños con los que el Señor quiso bendecir la unión de los Tavares de Lima crecen con pan - poco – y música - tanta: él, Tristão, es abogado y ella, Chichina, maestra, pero ambos tienen una gran pasión por la música, así como por nuestro Señor, por lo que, además de bautizar a sus hijos con nombres extravagantes como Verdi, Bellini o Mozart, los educan en una fe firme y madura. El quinto de sus hijos nació en 1882 en Cássia, Brasil, y recibió el nombre de Donizetti, siempre en homenaje al gran compositor italiano. Él, sin embargo, prefería la música de Dios y usaba su voz no para cantar, sino para rezar a Nuestra Señora de Aparecida para que le mostrara su misión.

La devoción a Nuestra Señora de Aparecida

En una carta a su madre desde el seminario, Donizetti escribió que María era la principal "responsable" de su llamada a la vida religiosa, y como después será fundamental en muchas otras opciones de su vida porque "sólo ella sabe interceder ante el Señor". Donizetti, que toca el órgano en el seminario, combina así su pasión por la música con su pasión por la oración: volviéndose un instrumento en las manos de la Virgen. Ordenado sacerdote en 1908, fue a varias parroquias antes de ser nombrado párroco en S. Antonio di Tambaú, donde permaneció hasta su muerte en 1961, y precisamente en la diócesis de S. Joao de Boa Vista hizo construir una capilla en honor de la Virgen de Aparecida.

Jóven entre los jóvenes

El P. Donizetti era un muchacho fuerte y alto, de temperamento alegre, por lo que no tuvo dificultad en atraer a las almas más jóvenes de su parroquia, constituyéndose en un ejemplo de vida religiosa para aquellos en quienes veía la vocación, e iniciando en el trabajo a las otras para darles un futuro digno. Sustituyó, en la práctica, a las escuelas vocacionales que en el Brasil de la época eran todavía una realidad por venir, como relata el cardenal Becciu: "En aquella época no era que la sociedad ofreciera tanto; la Iglesia siempre hacía acto de suplencia en ausencia de la organización estatal, por lo que creaba escuelas, momentos de encuentro...". Y él tenía una bella personalidad, su forma de ser y sus hermosas cualidades como músico, como hombre comprometido con la esfera social: todo esto atraía a la gente y especialmente a los jóvenes".

El cuidado de las almas… y de los cuerpos

Pero el Padre Donizetti hace más. Él quiere cuidar de sus ovejas tanto espiritual como físicamente, así a esparcirse la noticia de que sus bendiciones son prodigiosas, que tienen poderes para sanar de todo mal. A mediados de los años cincuenta, miles de personas hacían cola fuera de su parroquia sólo para hablar con él, para ser acariciadas. El Padre Donizetti tenía miedo de lo que le estaba sucediendo, no estaba seguro de que fuera la voluntad de Dios, así que escribió a su obispo, como nos dice también el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos:

"Excelencia, antes de que lo sepa por otros, he venido a decirle que mucha gente viene a visitarme porque se ha corrido la voz de que mi bendición cura  o  es de consuelo en las penas. Siempre rezo a Nuestra Señora Apareçida. Soy consciente de que esta es una misión que usted me ha confiado, ayudar a los necesitados. ¿Qué debo hacer? - es la carta del sacerdote. El obispo le dio una respuesta alentadora y serena: `Querido Padre, continúe dando su bendición, la que es de la Iglesia. No es un acto de magia, ni una invención suya. Dispense las gracias de Nuestra Señora. Vaya tranquilo".

Inspirado en la doctrina social de la Iglesia

Siempre en movimiento, el Padre Donizetti se hace inspirar por el Espíritu Santo, pero también por la Rerum Novarum, la primera encíclica sobre la doctrina social de la Iglesia que León XIII había promulgado unos años antes. Estamos en un Brasil que ha abolido recientemente la esclavitud, pero en el que hay una ausencia total de protección de los derechos humanos, por no hablar de aquellos de los trabajadores. Y en esto también el Padre Donizetti se convierte en precursor: compra tierras y casas para los que no tienen nada, construye un hospicio para los ancianos pobres, un jardín de infancia para los niños, un centro de alimentación para los necesitados, crea una asociación para la protección de la maternidad y la infancia y un club para los empleados de las fábricas; más tarde un equipo de fútbol, una banda de música.... Obviamente, también crea cierto descontento en los poderosos, como atestigua el cardenal:

"No sólo mal humor, sino contrastes, incluso la persecución por parte de aquellos que se ven amenazados en su tranquila y cotidiana vida, pero sobre todo en la preservación del poder económico, a menudo construido sobre la explotación de los trabajadores. Un sacerdote si se comporta como tal será un signo de contradicción, como lo fue Jesús. Jesús dijo: "Ay de vosotros, si la gente hablará siempre bien de vosotros, no seréis mis discípulos". Si no provocamos, si no creamos estos momentos, incluso de persecución, de persecución moral, de calumnia hacia nosotros, se ve que no hemos estado exactamente en línea con Jesucristo".

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23 noviembre 2019, 09:14