s. Paola, matrona romana

s. Paola, Maestro della Madonna di Strauss s. Paola, Maestro della Madonna di Strauss  (© Musei Vaticani)

Noble romana

 

Paula nació en el año 347 d.C. en el seno de una ilustre familia romana emparentada con la gens Cornelia. Se casó a los 16 años con el senador Toxocio, con quien tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un varón.

Hasta los 32 años vivió rodeada de lujo y  comodidades. Pero al morir su esposo, Paula se acercó al grupo de viudas guiadas por Santa Marcela, dedicándose con ellas a la oración y a la penitencia, y acogiendo esta orden semi-monástica en su gran casa romana en el Aventino.

Fue Marcela quien le presentó, en el año 382, a san Jerónimo, quien había llegado a Roma con los obispos Epifanio de Salamina y Pablo de Antioquía. Paula quedó profundamente impresionada y hospedó a los tres peregrinos en su casa. Jerónimo tuvo una gran influencia sobre Paula e hizo nacer en ella el deseo de abrazar la vida monástica en Oriente.

En Tierra Santa

En septiembre del año 385, tras la muerte de su hija Blesilla, Paula decidió partir hacia Tierra Santa, acompañada por su hija Eustoquio, para seguir la vida monástica. Jerónimo, que había partido precedentemente, las alcanzó en Antioquía, y juntos cumplieron la peregrinación a los lugares santos en Palestina; luego se dirigieron a Egipto para seguir las lecciones de los eremitas y de los cenobitas, y por último se establecieron en Belén.

Allí fundaron dos monasterios, uno masculino y otro femenino. Cada día las monjas cantaban todo el Salterio, que debían conocer a memoria. Paula seguía particularmente el ayuno y las obras de caridad, donando a los pobres todo lo que fuera necesario para su subsistencia.

Paula y Eustoquio colaboraron en forma activa en las predicaciones de Jerónimo, con un fervor cada vez más profundo, siguiendo su dirección espiritual. Paula ayudó a Jerónimo a calmar su temperamento irascible, y logró que tuviera una actitud humilde y paciente, especialmente a la hora de confrontarse con los seguidores de Orígenes.

La traducción de la Biblia en Latín

Entre las contribuciones más significativas de Paula a la predicación de Jerónimo está la traducción de la Biblia del griego y del hebreo al latín. Ella misma sugirió la necesidad de esta traducción, y se dedicó, con la hija Eustoquio, a copiar la obra para que fuera difundida.

La muerte

En el 406, a los 59 años, Paula comprende que su muerte se acerca: le pareció escuchar la voz de Jesús que se dirigía a ella con las palabras del Cantar de los Cantares: “Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;

Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.”  

Y ella le respondió con las palabras del Salmo 27: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿a quién he de temer? He de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes”; y se abandonó en la muerte.

Asistieron a sus funerales no solamente los monjes y monjas de los dos monasterios que fundó, sino también muchos pobres que ella había ayudado durante años y que la consideraban su madre y benefactora. Fue sepultada en Belén, en la iglesia de la Natividad. Jerónimo le dedicó el Epitaphium sanctae Paulae y cuando murió, en el 419, fue sepultado cerca de la tumba de Paula y Eustoquio.