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Obispos de Jamaica alarmados por la delincuencia y violencia que azota la isla

La Iglesia jamaicana exhorta al gobierno, los partidos y a las mismas familias a comprometerse en la construcción de una cultura no violenta , la erradicación de la desigualdad, la corrupción, y que las autoridades tomen medidas concretas contra el crimen.

Alina Tufani - Ciudad del Vaticano

“Estamos obligados a guiar a nuestros miembros y a todas las personas de buena voluntad para que nos comprometamos con acciones concretas para erradicar el crimen y promover un desarrollo humano auténtico e integral”. Así lo expresan los obispos católicos de Jamaica en la declaración “The face of crime and violence”,  que denuncia la alarmante escalada del crimen y la violencia en el país.

“Familias enteras están laceradas por la violencia. Nuestras comunidades son destruidas por la violencia. El progreso económico y social son saboteados por la violencia. Nuestra fe probada por la violencia. Estamos obligados a actuar”, se lee en el mensaje que hace un oscuro retrato de la situación de un país que tristemente goza de una de las tasas de homicidio más altas del mundo.

Cambio de cultura policial

Los obispos jamaicanos consideran prioritario el uso de todas las medidas legales y constitucionales para que las fuerzas de seguridad sofoquen la ola criminal. Sin embargo, sostienen que estas medidas deben respetar los principios de la libertad personal, de los derechos humanos iluminados por el Evangelio y de la Carta de Derechos de Jamaica. Por esta razón, no apoyan el “Estado de Emergencia permanente como medida a largo plazo en la lucha contra el crimen” y se oponen “decididamente a las detenciones preventivas y encarcelamientos sin recurrir a las Cortes de justica”.

 

“Es urgente y necesario un cambio de cultura en las Fuerzas Policiales de Jamaica que actualmente causa desconfianza en la mayoría de las personas”, advierten los obispos. En particular, hacen hincapié en que la policía comunitaria debe ganarse la confianza de los vecinos en sus protectores. De este modo,  “la policía –afirman- puede incrementar inteligentemente una fortalecida  cultura del orden y  de la legalidad".

Desigualdades y lucha contra la corrupción

Conscientes de la “cruel y crónica desigualdad” social y económica en la nación, la Iglesia llama a implementar una radical revisión del Presupuesto Nacional, ver cómo se ha empleado y a cuáles patrimonios privados ha beneficiado, además de apoyar todos los esfuerzos para erradicar la corrupción en todas sus formas.  

Los prelados jamaicanos insisten además en la necesidad de lograr consensos de alto nivel entre los dos partidos políticos mayoritarios para resolver la cuestión de la violencia criminal. “El compromiso político – enfatizan - debería proteger y ampliar los derechos, las libertades y las responsabilidades de todos, y no complacer intereses privados”

Educación factor prioritario contra la violencia

El mensaje  recuerda que los cristianos deben defender la promoción de la vida y la dignidad humana, sobre todo de los más vulnerables y colaborar por la justicia, la paz y el orden social en Jamaica. No obstante, los obispos en su análisis sobre la raíz de los problemas sociales en Jamaica, entre ellos la violencia, revelan que ha habido un " falso desarrollo" que no ha abordado adecuadamente a la persona en su totalidad.

 

“Las personas no nacen criminales. Todos aprendemos patrones de comportamiento, positivos y negativos, de nuestros padres, familias, iglesia, escuelas, los medios de comunicación y la comunidad en general ", sostienen los prelados, y añaden que “siendo una sociedad tan violenta, debe haber algo mal en la forma en que criamos, en la forma en que socializamos a nuestros hijos”.

Al respecto, enfatizan que si bien los esfuerzos para mejorar los resultados educativos se han centrado en alcanzar niveles más altos de rendimiento estudiantil en los exámenes, la misma prioridad en la formación del carácter debe ser el objetivo final de la verdadera educación.

“La Iglesia Católica en Jamaica se compromete nuevamente a reforzar en las decenas de miles de jóvenes en nuestras más de 100 escuelas la socialización afirmativa, es decir,  valores y prácticas de respeto propio, respeto por los demás, disciplina, honestidad, verdad, responsabilidad por uno mismo, duro trabajo y ética patriótica”, puntualizan.

Impedir la deserción escolar

Debido a que la Iglesia Católica tiene una gran inversión en la educación de la juventud jamaicana  y en los distintos sectores de la sociedad, rurales y urbanos, está en la posición de colaborar en la educación en los valores y actitudes que dominan la sociedad jamaicana. En particular, en la lucha contra la deserción escolar que  “alimenta a las bandas que se aprovechan de los más jóvenes”.

“Nos comprometemos – refieren los obispos - a reducir, y eventualmente erradicar, la deserción escolar en nuestras escuelas. Haremos todo lo posible para evitar que los jóvenes abandonen la escuela sin una certificación razonable en alfabetización, aritmética y, al menos, una habilidad para el empleo, así como una buena formación en  valores humanos y morales ".

Por consiguiente, explican, si cada graduado de una escuela católica, en cualquier nivel, puede trabajar para hacer crecer la economía con su propio ingenio, se puede romper el círculo vicioso del subdesarrollo y la pobreza.

Unidad y estabilidad familiar

La socialización positiva en las escuelas a menudo no puede contrarrestar la socialización negativa que proviene del hogar, explican los obispos que se comprometen a promover y apoyar la unidad y estabilidad en el núcleo familiar.

“Una familia estable y cariñosa es el factor más importante para garantizar el éxito educativo y el desarrollo sano de un niño. Nuestro mensaje es sencillo y directo: Padres y madres, si quieren que a su hijo le vaya bien y evitar que sea absorbido por conductas antisociales, busquen la manera de mantenerse unidos y darles a sus hijos la mejor educación y crianza posibles”, es el llamado de los obispos a las familias.  

La declaración firmada por el arzobispo de Kingston, mons. Kenneth Richards; el obispo de Montego Bay, mons. Burchell McPherson y el obispo de Mandeville, mons. John Persaud reitera, al concluir, que la forma en que Jamaica está organizada actualmente no está funcionando y que se necesita un cambio fundamental, para el cual la Iglesia jamaicana está comprometida y preparada.  

25 abril 2021, 08:49