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Mons. Arrieta: “Tratado de Letrán, personalidad jurídica y anuncio del Evangelio”

En el marco de las celebraciones del 90° Aniversario del Pacto o Tratado de Letrán, firmado el 11 de febrero de 1929, Mons. Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru, Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, comenta su importancia y actualidad.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Los Pactos Lateranenses ponen fin al contencioso que había con Italia, que era la llamada ‘cuestión romana’ que venía desde 1870. Estos Pactos consisten en dos documentos, un Tratado, que es el Tratado de Letrán, en el cual Italia reconoce al Estado Vaticano, y un Concordato, que es el que regula las relaciones de la Iglesia en Italia. Ya que el Papa, Pio XI, se daba cuenta que ambas cosas tenían que ir juntas: el Pacto con el Estado tenia futuro, sólo si la Iglesia era libre, en Italia, de proclamar el Evangelio”, lo dijo Mons. Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru, Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos.

90 años de la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano

Celebrar este aniversario, señala Mons. Arrieta, es celebrar los 90 años de la creación de Estado de la Ciudad del Vaticano. “Con estos Tratados se cerró la llamada ‘cuestión romana’, que era el problema internacional creado con Italia a causa de su unidad, desde que el ejército piamontés invadió Roma, en 1870, que era la capital de los Estados Pontificios y el Papa estaba prisionero – por así decir – en los Palacios Vaticanos, fue un gran momento de conmoción en la cristiandad porque estaba amenazada su independencia de cualquier poder político”.

El Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos recordó que este periodo fue un momento muy difícil para la Iglesia y para los católicos en Italia porque de hecho, el Papa esta prisionero en los Palacios Vaticanos. “En 1929, después de la I Guerra Mundial, después de casi 40 años – precisa Mons. Arrieta – se encuentra un modo de resolver el problema y ese modo fue crear un Estado muy pequeño, de medio kilómetro cuadrado en el cual Italia reconoce la soberanía del Papa y allí el Pontífice puede ejercer su completa independencia en relación a los poderes temporales. Esta es la gran novedad de la invención del genio jurídico italiano, de crear un Estado muy pequeño que satisfacía las exigencias para garantizar la independencia del Papa de cualquier poder político, y al mismo tiempo se desprendía de tantas exigencias de orden temporal”.

El Corpus Lateranense

Los Pactos Lateranenses incluyen dos documentos: uno es el Tratado del Laterano y otro es el Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno Italiano. “El Tratado – precisa Mons. Arrieta – es el que reconoce este minúsculo Estado y establece los elementos fundamentales de las relaciones entre este Estado, del cual es su soberano el Papa e Italia, hay un reconocimiento mutuo de ambas partes, es un Tratado Internacional. Otra cosa que el Papa Pio XI quiso que estuviese estrictamente unido al Tratado era el Concordato. El Concordato – subraya el Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos – es un acuerdo que hace la Iglesia con diversos Estados, es una ley en las que se regulan todas las materias de común interés a la Iglesia y al Estado, los sacramentos, la enseñanza de la religión, la creación de diócesis y parroquias, el patrimonio eclesial y tantas otras cosas”.

La Santa Sede en un mundo globalizado

Mons. Juan Ignacio Arrieta dijo también que los Pactos Lateranenses dieron a la Santa Sede el reconocimiento como un sujeto internacional para poderse relacionar con el mundo. La Santa Sede era reconocida desde siempre y muestra de ellos es el establecimiento de las primeras embajadas en diferentes partes del mundo. “La Santa Sede ha tenido un presencia internacional desde siempre. Desde 1929, esto se ha reforzado y así la Iglesia viene actuando en el orden internacional actual, tiene sus representantes diplomáticos en países con fe cristiana y católica, y también en países donde tienen otra confesión religiosa, donde no reconocen la fe católica de la Iglesia, pero sí reconocen la personalidad jurídica de la Santa Sede”. En este sentido, concluye Mons. Arrieta, la Santa Sede está haciendo y puede hacer mucho en pro de la paz en el mundo, el respeto de los derechos humanos, que es el lenguaje del Evangelio que entienden la personas que no tienen la fe cristiana.

Escucha la entrevista a Mons. Juan Ignacio Arrieta
12 febrero 2019, 14:29