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s. Cecilia, virgen y mártir, en el cementerio de Calixto

Santa Cecilia Santa Cecilia, fragmentos de losa  (© Musei Vaticani)

La tradición cuenta que Cecilia, joven romana noble, martirizada en el año 230 aproximadamente durante el imperio de Alejandro Severo y el papado de Urbano I. Su culto es antiguo: en efecto, el título de homónima Basílica en Trastevere es anterior al Edicto de Constantino (313) y la fiesta en su memoria se celebraba ya en el año 545.

La fuerza del amor

Para saber de su martirio se puede leer la Passio Sanctae Caeciliae, un texto que tiene más connotaciones legendarias-literarias que históricas. Según cuenta el texto La Passio, Cecilia se casó por conveniencia con el patricio  Valeriano a quien le cuenta el día de la noche de bodas que se ha convertido al cristianismo y que ha hecho un voto de virginidad perpetua.

Valeriano por su cuenta acepta recibir la catequesis y el bautismo de parte del Papa Urbano I. Después se le une su hermano Tiburcio, abrazando también él la fe cristiana. Ambos hermanos fueron arrestados por orden del prefecto Turcio Almachio y luego de ser torturados fueron decapitados junto a Massimo, el oficial que los había conducido a la cárcel y que, en el recorrido, también él se había convertido.

La fe que vence la muerte

Almachio decide seguidamente asesinar también a Cecilia. Una acción nada fácil, considerando la gran popularidad que gozaba la joven cristiana, temía repercusiones por una ejecución pública, así que decide someterla a un juicio sumario y luego orden que se encerrada en su propia casa, encerrándola en en una caldera a altísima temperatura, escenificando una muerte por asfixia. Después de más de 24 horas, los guardias la encontraron milagrosamente viva envuelta en un rocío celestial. Almachio arremete entonces ordenando la decapitación, sin embargo, el verdugo no logra cortarle la cabeza, tras intentarlo con fuerza tres veces. Cecilia muere tras tres días de agonía, dona todos sus bienes a los pobres, su casa a la Iglesia, y aunque si no puede hablar, sigue profesando su fe en Dios uno y trino, con los dedos de sus manos, es así como fue esculpida por Maderno en la célebre estatua custodiada bajo del altar central de la Basílica que lleva su nombre.

El Evangelio en el corazón

Según la Leyenda aurea, la colección medieval de biografías hagiográficas compuesta y escrita en latín por el dominico Jacobo de Varagine, en la hay varios párrafos narrativos de la Passio, se cuenta que fue el Papa Urbano I, con la ayuda de algunos diáconos, quien sepultó el cuerpo de la joven mártir en las catacumbas de san Calixto, en un puesto de honor cerca de la Cripta de los Papas. Luego en el 821, el Papa Pascual I, gran devoto de la Santa, invocada “la virgen Cecilia que llevaba siempre apoyado en su pecho el Evangelio de Cristo”, trasladó las reliquias a la cripta de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, que fue construida en su honor. En la vigilia del Jubileo del 1600, durante los trabajos de restauración de la Basílica queridos por el cardenal Paolo Emilio Sfrondati, se encontró el sarcófago que contenía el cuerpo de la joven Santa, que estaba en perfecto estado de conservación, envuelto en un vestido de seda y oro.

Música e iconografía

¿Cuál es la relación de Santa Cecilia con la música? Al final de la época Medieval, se encontró un lazo de unión explícito y documentado entre la Santa y la música. En una pieza musical de la Passio, según algunos, y en la antífona del ingreso de la Misa en su fiesta, según otros, en la letra de la pieza musical se lee: “… mientras los órganos sonaban, ella cantaba en su corazón solamente al Señor”. Una interpretación errada del texto que permitió que a partir de mediados del siglo XIV, en varias partes de Europa, la iconografía de la Santa se comenzó a extender enriqueciéndose de elementos musicales.

Una obra de arte que representa esta unión de Santa Cecilia con la música es la obra de Rafael titulado: El éxtasis de Santa Cecilia, que realizó para la Iglesia de San Juan en el Monte, en Bolonia, representando a la santa llevando en una mano un órgano portátil y a sus pies varios instrumentos musicales.  Esta obra sella la relación de la mártir romana con la música, que ya se invocaba y celebraba como protectora de los músicos y cantantes. La Academia de la Música fundada en Roma en el 1584, lleva su nombre.