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Vatican News

El Viaje Apostólico del Papa en 60 segundos

El Papa peregrino de paz, esperanza y reconciliación en Mozambique, Madagascar y la República de Mauricio. Un viaje intenso, coloreado por la alegría manifestada por los pueblos visitados, con momentos de recogimiento, emoción y de encuentros colectivos. La estela del Papa de este viaje, en un breve video de 60 segundos.

Difícil resumir en un video de sesenta segundos o en breves líneas escritas los puntos decisivos abordados por el Romano Pontífice en cada uno de sus discursos o con cada uno de los gestos que cumplió. Lo cierto es que de este Viaje Apostólico internacional, el 31 de su pontificado, quedan pasajes salientes que demuestran la atención de Francisco por la pobreza, la reconciliación, los migrantes, la ecología y la juventud.

No hay futuro con odio y venganza

Como en Mozambique, primera etapa de su viaje apostólico, donde bien se desprende del lema de su visita “peregrino de paz, esperanza y reconciliación”, uno de los temas centrales que quiso tocar el Papa allí: la reconciliación. “Ninguna familia, ningún grupo de vecinos o una etnia, menos un país, tiene futuro si el motor que los une, convoca y tapa las diferencias es la venganza y el odio” dijo el Santo Padre, tocando una vena saliente en el pueblo mozambiqueño, la de aquella guerra que costó un millón de vidas, y que alcanzó la paz con un acuerdo de reconciliación firmado en 1992.

Desarrollo integral, ser artesanos del propio destino

En Madagascar, uno de los diez países más pobres del mundo, resuena aún la exhortación del Pontífice por un “desarrollo integral”, pero también la puesta en guardia sobre el riesgo de las ayudas internacionales que pueden hacer que “se transforme en una supuesta cultura universal que menosprecie, menoscabe y suprima el patrimonio cultural de cada pueblo": “Respeten las prioridades y formas de vida autóctonas donde se cumplan las expectativas de los ciudadanos – dijo. Así lograrán que la ayuda proporcionada por la comunidad internacional no sea la única garantía del desarrollo del país; sino que el propio pueblo será quién se hará cargo gradualmente de sí mismo, convirtiéndose en artesano de su destino”.

No al modelo económico idólatra que sacrifica vidas humanas

En la República de Mauricio, recordando el fuerte desarrollo económico que caracterizó al país desde la independencia, Francisco exhortó a “no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos ”. Por ese motivó alentó al país para que se promueva “una política económica orientada hacia las personas”  privilegiando “una mejor distribución de los ingresos, la creación de oportunidades de empleo y una promoción integral de los más pobres”.

Asumir el desafío de dar la bienvenida y proteger a los migrantes

De este mismo país, Francisco admira la voz autorizada que es “capaz de recordar que es posible alcanzar una paz estable desde la convicción de que la diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una “diversidad reconciliada”, que es “base y oportunidad para la construcción de una real comunión dentro de la gran familia humana, sin necesidad de marginar, excluir o rechazar". Por eso el aliento del Papa en este caso, fue “a asumir el desafío de dar la bienvenida y proteger a los migrantes que vienen hoy para encontrar un trabajo y, para muchos de ellos, mejores condiciones de vida para sus familias”. “Preocúpense de darles la bienvenida como sus antepasados supieron acogerse recíprocamente; como protagonistas y defensores de una verdadera cultura del encuentro que permita a los migrantes —y a todos— ser reconocidos en su dignidad y derechos”.

No bajar jamás los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza

Y sin duda uno de los momentos más memorables del Viaje Apostólico, fue la visita a la obra misionera del padre Pedro Opeka: la comunidad Akamasoa, construida encima de un basurero como signo de esperanza en medio de la pobreza y la destrucción. De “cada rincón de estos barrios, cada escuela o dispensario” dijo Francisco, se desprende un “canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad”. Allí mismo, pidió a los jóvenes no bajar jamás los brazos “ante los efectos nefastos de la pobreza”, ni sucumbir  jamás “a las tentaciones del camino fácil o del encerrarse” en ellos mismos.

10 septiembre 2019, 18:51