· Ciudad del Vaticano ·

En el otoño de 2022 la XVI asamblea general del Sínodo de los obispos

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Lo ha decidido el Pontífice en la primera reunión del XV consejo ordinario de la secretaría general

15 febrero 2020

El Papa Francisco ha decidido convocar la decimosexta asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos para el otoño de 2022. Esto se anunció el sábado 15 de febrero a través de un comunicado de la Secretaría General, al margen de la primera reunión del XV Consejo Ordinario, celebrada los días 6 y 7 de febrero, para sugerir al Santo Padre posibles temas a tratar en la mencionada asamblea, así como otros asuntos. Entre ellos: el trabajo de la secretaría general después del Sínodo de la Juventud de 2018 y la resonancia de la exhortación apostólica post-sinodal Christus vivit.

Al comienzo de la reunión, el Secretario General anunció que, tras el nombramiento del Cardenal Luis Antonio Tagle como Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el Cardenal Joseph Coutts, Arzobispo de Karachi (Pakistán), que fue el padre sinodal de Asia con más votos, asumió el cargo de nuevo miembro del consejo ordinario.

Los trabajos se iniciaron con la intervención del Secretario General, el cardenal Lorenzo Baldisseri, que presentó los resultados de la encuesta realizada por la Secretaría General sobre los temas de la próxima asamblea general ordinaria, en la que participaron, durante el año 2019, las Conferencias Episcopales, los sínodos de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, los Dicasterios de la Curia Romana y la Unión de Superiores Generales. Después de eso se produjo un rico debate tanto en la sesión plenaria como en los grupos lingüísticos.

La sesión plenaria de la tarde del jueves 6 fue presidida por el Santo Padre, a quien se le presentó una triada de posibles temas, que él acogió con beneplácito en vista de la elección final del tema sinodal. Durante el debate de esa tarde, también surgió con urgencia la necesidad de expresar solidaridad con los hermanos y hermanas involucrados en el drama de la migración forzada.También se discutió el procedimiento para la próxima asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos y, a este respecto, el Santo Padre, tras escuchar la opinión de la secretaría general y del consejo ordinario, decidió convocarla para el otoño de 2022, a fin de garantizar una mayor participación de toda la Iglesia en la preparación y celebración del próximo Sínodo ordinario.

Durante la mañana del viernes 7 de febrero se iniciaron los trabajos con la intervención del Cardenal Kevin Joseph Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, quien fue invitado a ilustrar las actividades post-sinodales que la Sección Juvenil está llevando a cabo para instar a la aplicación de la exhortación apostólica post-sinodal Christus vivit. Tras un intercambio de opiniones sobre las próximas actividades del consejo ordinario, el secretario general agradeció a los miembros sus contribuciones.

Un mensaje de solidaridad para los migrantes

Ante «las consecuencias del fenómeno de las migraciones en las diferentes regiones del planeta... la Iglesia, al mismo tiempo que deplora las razones de un movimiento tan masivo de personas, está llamada a ofrecer apoyo, consuelo y acogida a todos los que sufren de una u otra manera». Esto es lo que se recuerda en el mensaje difundido el sábado 15 de febrero por el XV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, que - presidido por el Papa Francisco - se reunió en Roma los días 6 y 7 de febrero.

En el documento se destaca que «a causa de las guerras, las desigualdades económicas, la búsqueda de trabajo y de tierras más fértiles, persecuciones religiosas, el terrorismo, la crisis ecológica, etc.» un gran número de personas se ven obligadas «a trasladarse de un país a otro», con «efectos a menudo devastadores: las personas están desorientadas, las familias destruidas, los jóvenes traumatizados y los que se quedan en casa están inducidos a la desesperación».

Es más, continúa la reflexión de los sinodales, «a veces estas personas sufren en los campos de refugiados y algunas incluso terminan en la cárcel. Las mujeres y los jóvenes se ven obligados a ejercer la prostitución; son objeto de abusos físicos, sociales y sexuales. Los niños son separados de sus padres y privados del derecho a crecer en la seguridad de una familia unida.

 

Ante todo esto, el Consejo Sinodal señaló que la Iglesia «se identifica con el pobre, el pequeño y el extranjero, considerando parte de su misión profética el compromiso de alzar su voz contra la injusticia, la explotación y el sufrimiento». Y al mismo tiempo reafirma cómo aprecia «a los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales que muestran interés y se comprometen a ayudar a los que se ven obligados a desplazarse».

Además, prosigue el mensaje, la Iglesia apoya a quienes «tratan de iniciar políticas favorables a la acogida de estas personas en sus comunidades» y «espera que los gobiernos locales aborden las situaciones que obligan a la gente a abandonar sus hogares», pidiendo «la vigilancia contra el tráfico de personas y compromiso para promover el fin de los conflictos que causan tanto sufrimiento».

Por último, el texto concluye encomendando «a nuestros hermanos y hermanas que sufren a María, Madre de la humanidad, que fue la primera en experimentar el dolor de tener que abandonar su hogar y su país junto con su familia en busca de seguridad y paz».