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Balcanes: situación al límite para los migrantes en Lipa

Riesgo de violencia y abusos: el testimonio proviene del corresponsal del periódico Avvenire, Nello Scavo, entre los desplazados del campo de Lipa, en las alturas de Bosnia y Herzegovina, a pocos kilómetros de la frontera con Croacia. Novecientas personas, todos hombres, solicitantes de asilo, en su mayoría de Pakistán y Afganistán, siguen aisladas y sin suficiente ayuda de la Unión Europea.

Marina Tomarro – Ciudad del Vaticano

Ha nevado mucho en los alrededores del campamento de Lipa, tanto que incluso ha dificultado la entrada de los voluntarios de Cáritas Internacional y de la Cruz Roja, que intentan de alguna manera llevar consuelo a los que se ven obligados a vivir allí, esperando un futuro mejor y sobre todo más digno. Después del incendio en la ciudad de tiendas de campaña en diciembre pasado, la situación ha empeorado considerablemente. La gente vive sin agua, electricidad o saneamiento.

Una situación dolorosa e inhumana

"Esta es, desafortunadamente, una emergencia que fue anunciada – narra el periodista Nello Scavo de Avvenire – este es el tercer año consecutivo en que los campamentos están abandonados a su suerte cerca de la frontera croata y hay por lo menos 3.000 personas que deambulan entre las ciudades de Bihac y Lipa; en este último campamento en particular se incendió un campamento de tiendas de campaña durante algunos enfrentamientos entre migrantes en la víspera de Navidad. En la actualidad hay unas 900 personas que necesitan ayuda urgente para que se les proporcionen lo antes posible tiendas de campaña bajo las cuales puedan refugiarse. Cáritas internacional, y Cáritas Italia enviaron en los últimos días, seis camiones cargados de leña y sólo esto nos dice el drama de la situación. Hay un conflicto político interno en Bosnia, y hay un bloqueo constante en la frontera croata con las patrullas de la policía de fronteras que rechazan a los migrantes que tratan de llegar a ese país y luego tratan de llegar a Europa, así que es realmente una situación muy difícil.

¿Quiénes son estas personas desplazadas que viven actualmente en el campamento?

R.- Se trata de migrantes y refugiados de países como Afganistán y  Pakistán, en los últimos meses ha habido una afluencia de Bangladesh y también de migrantes del África septentrional que realmente viajan miles de kilómetros antes de llegar allí. Hay que recordar que antes de llegar a esta frontera de la Unión Europea, en realidad estas personas ya han cruzado países como Bulgaria y especialmente Grecia que de alguna manera los dejan transitar. De hecho, su objetivo es llegar principalmente a Alemania, Francia, o Austria. O para ir aún más al norte, ninguno quiere parar en Croacia y Eslovenia y sólo una pequeña minoría quiere llegar a Italia.  Evidentemente desde Bruselas se pide a algunos países que traten de frenar este flujo, que sería de unas setenta mil personas desde 2018 hasta la fecha, con el resultado, sin embargo, de hacer caer la carga de la gestión de esta ruta balcánica sobre un país como Bosnia que no es rico. Además, no olvidemos que estamos en medio de la pandemia de Covid con el sistema de salud de los países balcánicos realmente bajo una enorme tensión.

Sabemos que el contexto también se agrava por la falta de integración con la población local...

R.- La población local siempre ha tratado de aliviar el sufrimiento de estas personas. En los últimos años hemos sido testigos de formas espontáneas de colaboración, pero en los últimos meses la situación se ha vuelto más difícil. Por un lado, debido al empeoramiento de la crisis económica causada por la pandemia y, por otro lado, porque alguien a nivel político está avivando el fuego, recordando las divisiones que se remontan al conflicto en la antigua Yugoslavia. La población está cansada en este momento. Y no olvidemos que Croacia está sufriendo las consecuencias de un terremoto muy fuerte.  Todo esto ha creado una mezcla verdaderamente explosiva. Luego está el abandono que viene de la Unión Europea, porque hasta hoy desde Bruselas ha habido proclamaciones y promesas de financiar intervenciones, pero nada concreto, si no el apoyo al control de las fronteras, financiando las actividades de la policía y el ejército. Eslovenia está construyendo una barrera metálica en la frontera con Croacia, por lo que desde este punto de vista no se ayuda a la población local ni a cooperar ni a sentirse segura, porque cuando se reúne tanta gente, naturalmente la tensión aumenta mucho.

¿Cuáles podrían ser las soluciones en este momento?

R.- Europa debería repensar su política de acogida en su conjunto. No cuestionamos esta situación desde el punto de vista ideológico, sino desde el punto de vista de los derechos humanos, porque ya se han documentado varios episodios de violencia y abuso de los migrantes cometidos en las fronteras. Sin embargo, por otra parte, es necesario abordar seriamente la redistribución de los migrantes que llegan a los distintos países europeos e intervenir masivamente a nivel humanitario en estas situaciones en las que sólo intervienen organizaciones no gubernamentales y voluntarios, muchos de ellos del mundo católico internacional. No es posible que haya comidas una vez al día, que se deben entre otras cosas, gracias al gran esfuerzo de la Cruz Roja Internacional, o que se necesite leña para la calefacción... Este flujo, no es nuevo, debemos por un lado trabajar como nos recuerda el Papa Francisco, por las razones por las que estas personas se ven obligadas a abandonar sus países de origen, pero por otra parte, hacer frente a este cierre por parte de la Unión Europea, sólo agrava los problemas de países frágiles como las democracias balcánicas y genera enfrentamientos y preocupaciones políticas y no sólo, dentro de Europa.

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12 enero 2021, 13:12