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Vatican News
Foto de archivo Foto de archivo  (ANSA)

Desertificación y sequía: es necesario cambiar nuestro estilo de vida

El crecimiento demográfico, el aumento de los ingresos de la población y el incremento de la población urbana intensifican la demanda de tierra para producir alimentos, forrajes y fibras textiles. Mientras tanto, la salud y la productividad de la tierra cultivable existente están disminuyendo: con el fin de contar con tierras productivas suficientes para satisfacer la demanda de 10 000 millones de personas dentro de sólo 30 años, es necesario modificar nuestro estilo de vida.

Desde hace 25 años, cada 17 de junio se celebra el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, con el fin de concienciar acerca de las iniciativas internacionales para combatir estos fenómenos. La fecha, establecida por Naciones Unidas, “nos brinda una oportunidad única para recordar que se puede neutralizar la degradación de las tierras mediante la búsqueda de soluciones, con una firme participación de la comunidad y cooperación a todos los niveles”.

Tal como explica Naciones Unidas, la desertificación es la degradación de la tierra en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Está causada fundamentalmente por la actividad humana y las variaciones climáticas. Este proceso no hace referencia al avance de los desiertos existentes. La desertificación se debe a la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas, que cubren un tercio de la superficie del planeta, a la sobrexplotación y el uso inadecuado de la tierra.

La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente a la productividad del suelo.

El tema de este año en la lucha contra la desertificación y la sequía enlaza nuestro consumo con la salud del suelo, y se centra en cambiar las actitudes públicas hacia la principal causa de la desertificación y la degradación de las tierras: la producción y el consumo incesantes de la humanidad.

El crecimiento demográfico, el aumento de los ingresos de la población y el incremento de la población urbana intensifican la demanda de tierra para producir alimentos, forrajes y fibras textiles. Mientras tanto, la salud y la productividad de la tierra cultivable existente están disminuyendo, un declive que se ve empeorado por el cambio climático.

“Con el fin de contar con tierras productivas suficientes para satisfacer la demanda de 10 000 millones de personas en 2050, es necesario modificar nuestro estilo de vida”, afirma la Onu.
 

17 junio 2020, 15:08