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El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, junto a Papa Francisco, en una foto de archivo El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, junto a Papa Francisco, en una foto de archivo  (Vatican Media)

El Arzobispo de Canterbury insta a los anglicanos a actuar contra el racismo

El racismo es un insulto a Dios: todos debemos poner de nuestra parte para eliminar este flagelo de la humanidad. El arzobispo de Canterbury, Justin Welby se pronunció en relación a las protestas del movimiento “Black Lives Matter”, haciendo un mea culpa y exhortando a todos a actuar para hacer frente a los fracasos en materia de racismo. Artículo de L’Osservatore Romano

En un momento tan delicado como éste, hay que asumir las propias responsabilidades y seguir arrepintiéndose, actuando para hacer frente a los propios fracasos en materia de racismo. Es el llamamiento hecho a la Iglesia de Inglaterra por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, en relación con las protestas del movimiento "Black Lives Matter" difundidas en todo el mundo tras la trágica muerte de George Floyd en Mineápolis el 25 de mayo pasado.

El prelado anglicano subrayó que el alcance del racismo en el mundo actual es "horrible", reconociendo que él mismo viene "de un lugar de privilegio y poder como persona blanca en este país". En un video difundido en Facebook, Welby afirmó que la Iglesia de Inglaterra ha sido llamada a "reconocer sus errores y fracasos históricos" y a poner en orden su "casa". "Estoy impresionado por los acontecimientos de los últimos días cada vez más,  -  declaró - y he escuchado a los que han hablado refiriéndose a sus propias experiencias de injusticias en cuanto personas de color que viven en esta nación. Es horrible, y aun así soy consciente de que la Iglesia tiene sus fallos. Y repito de nuevo que en el Nuevo Testamento, Jesús llama a actuar contra la injusticia".

Los comentarios del arzobispo reiteran las disculpas por los episodios de racismo en la Iglesia de Inglaterra formuladas por el Sínodo General durante el encuentro del pasado mes de febrero, en particular hacia la generación windrush, es decir, los migrantes que llegaron al Reino Unido entre 1948 y 1971 procedentes de las colonias y países del Commonwealth, y en todo caso ciudadanos británicos.

Durante la asamblea se aprobó una moción en la que la Iglesia Anglicana "pide disculpas por el racismo consciente e inconsciente que experimentaron innumerables anglicanos de etnia negra, asiáticos y pertenecientes a minorías étnicas en 1948 y en los años siguientes, cuando trataban de encontrar un hogar espiritual en las parroquias locales de la Iglesia de Inglaterra". Un recuerdo todavía doloroso para los anglicanos comprometidos que, como está escrito en el documento, a pesar de este racismo por parte del clero y por otros, permanecieron fieles a la Iglesia en Inglaterra y a su herencia anglicana. Por esta razón, la moción aprobó la preparación de un estudio para documentar el impacto negativo del racismo en la Iglesia de Inglaterra, confiando a una persona externa la tarea de sugerir formas de asegurar que la acogida a todos sea verdaderamente completa.

Medidas necesarias, fruto de una profunda reflexión, puntualizó Welby, quien afirmó que debemos sentirnos avergonzados por nuestra falta de testimonio de Cristo y reprocharnos por "no levantar la voz" cuando el caso lo requería. "Hemos dañado a la Iglesia - comentó al final del sínodo - y hemos dañado la imagen de Dios pero, sobre todo, a aquellos a quienes hemos hecho víctimas, muy a menudo inconscientemente. Lo siento personalmente por los que se vieron afectados por esta actitud y por aquellos por quienes habría podido hacer más: me avergüenzo y espero con todos ustedes hacer más y mejor".

Un camino imprescindible de reconciliación que transforme la ira y el dolor en pacificación con la sociedad es el objetivo a alcanzar, considerado por Welby como realizable sólo con la participación de todos, como señaló en declaraciones hechas en los días siguientes al asesinato de George Floyd. "La acción de reconciliación requiere justicia, no mero olvido, y una profunda transformación de nuestras sociedades. El racismo es un insulto a Dios: todos debemos poner de nuestra parte para eliminar este flagelo de la humanidad".

16 junio 2020, 10:24