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Asia Bibi Asia Bibi  (AFP or licensors)

Asia Bibi busca asilo en Francia. AIN: alto riesgo de fundamentalismo

El permiso para que Asia y su familia vivan en el Canadá, país que ha acogido a la mujer desde que fue puesta en libertad el 31 de octubre de 2018, expirará pronto. Ahora está apelando al Presidente francés Macron para que la acoja, pero para Ayuda a la Iglesia Necesitada sería mejor encontrar otra solución.

Cecilia Seppia - Ciudad del Vaticano

Asia Bibi, la mujer cristiana condenada en Pakistán por blasfemia y luego absuelta en octubre de 2018, tras una odisea judicial y años de prisión y tortura, apela al presidente francés Macron para obtener asilo político en Francia. Su visado está a punto de expirar en Canadá, donde actualmente vive con su familia, y Asia ha hecho saber a través de las páginas del diario La Croix que tiene la intención de solicitar la acogida al presidente Macron, en la ceremonia en la que se le concederá la ciudadanía honorífica en el Hôtel de Ville de París. Pero, ¿puede considerarse a Francia como un país adecuado para acogerla? Con Vatican News, habla Marta Petrosillo, portavoz de AIN - Ayuda a la Iglesia Necesitada - que ha seguido toda la historia:

R.- Está claro que en este momento debemos fijarnos en primer lugar en la seguridad de Asia Bibi que -como dijo en una entrevista al diario La Croix- arriesga su vida cada día porque sabemos que un blasfemo, por muy absuelto que haya sido, para un fundamentalista es siempre un blasfemo y Asia ha sido acusada de blasfemia. Hay fundamentalistas en todo el mundo que piden que la maten, no sólo en Pakistán. Por supuesto, si la única opción fuera Francia, yo diría que sí, porque cuando su permiso para vivir en Canadá expire, es importante que tenga un lugar seguro para ir. Sin embargo, pienso, y eso es lo que espero, como lo fue en el pasado tras su absolución, que si otros países de la Unión Europea se presentaran, y ella tuviera la posibilidad de elegir, habría que plantear otra cuestión. En Francia, hemos visto, hay redes yihadistas que ya han atacado, han habido ataques terroristas de origen islámico, por lo que diría que no es realmente el país más seguro para ella en este momento.

Sabemos que Asia Bibi se está recuperando tanto física como psicológicamente, también sabemos de su deseo de trabajar duro para ayudar a otras personas en Pakistán acusadas de blasfemia, pero ¿cómo está esta mujer realmente?

R. - Es una mujer que ha demostrado una gran fuerza a lo largo de los años. No olvidemos que durante casi diez años ha vivido en una celda de sólo ocho metros cuadrados, por lo que también se está acostumbrando a la libertad en un país, un entorno totalmente diferente al suyo, por lo que es difícil. Imaginemos que hasta 2009 era una simple trabajadora agrícola, también analfabeta, y que ahora se encuentra en el Canadá con una vida totalmente diferente, teniendo en cuenta también las continuas limitaciones en las que se ve obligada a vivir, y todo lo que ha sufrido en el pasado. Pero es una mujer que en estos años ha mantenido una increíble fuerza y lucidez. Su abogado, Saif ul-Malook, cuando una delegación de AIN fue a Pakistán, nos dijo que fue Asia Bibi quien dio fuerza a la gente que fue a verla, a su familia y al propio abogado. Y esta fuerza siempre fue sacada de la fe. Asia nunca ha dejado de rezar también gracias al rosario que le dio el Papa Francisco y esto es lo que todavía le permite mantener la serenidad y la lucidez mental a pesar de las muchas limitaciones que todavía se imponen para su seguridad, que sin embargo le impiden moverse libremente.

¿Qué repercusiones ha tenido su caso en Pakistán? ¿Hay alguna esperanza de que la lucha contra la blasfemia pueda alcanzar objetivos definitivos?

R. - El caso de Asia Bibi ha sido un precedente muy importante, aunque sólo sea desde el punto de vista jurídico, que también muestra la voluntad del gobierno pakistaní de hacer mejoras para las minorías religiosas. Pero no debemos hacernos ilusiones, ya que la blasfemia sigue siendo un crimen en Pakistán, un crimen que pesa sobre las minorías. Hasta la fecha, hay 25 cristianos en la cárcel del estado acusados de blasfemia, seis de los cuales han sido condenados a muerte. Tampoco hay que olvidar a las muchas niñas, tanto cristianas como hindúes, que cada año son secuestradas, violadas, convertidas por la fuerza y obligadas a casarse con su secuestrador. Muchas de ellas son menores de edad como Uma Yunus, un caso que AIN está siguiendo en estos días, y a pesar de que son menores de edad y a pesar de que existe una legislación que protege a los menores, se les aparta por la fuerza de sus familias que no pueden ni siquiera recurrir a la justicia.

25 febrero 2020, 16:31