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Iraq: continúa la alta tensión con EEUU pero el peligro sigue siendo el Isis

Nuevos ataques con misiles contra los estadounidenses al norte de Bagdad y protestas generalizadas en todo el país por el mal gobierno. A pesar de la resolución del Parlamento contra la presencia militar occidental, el peligro real sigue siendo el Isis. Compartimos la entrevista de nuestro colega Stefano Leszczynski con la periodista Barbara Schiavulli, quien acaba de regresar de Bagdad.

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano

Mientras que en la noche del martes al miércoles las bases norteamericanas al norte de Bagdad volvieron a ser objeto de ataques con misiles, Washington advirtió al gobierno iraquí de posibles paradas de los fondos ya asignados y de una represalia por medio de sanciones. Medidas punitivas que un país en situación extrema desde el punto de vista económico - y con fuertes protestas internas contra el mal gobierno, la corrupción desenfrenada y el desempleo - no podría soportar. Se trata de un escenario delicado en el que la diplomacia de la UE, a través del Alto Representante Josep Borrell, ha informado que ha emprendido acciones para apoyar el diálogo y promover una solución política regional.

Un país en busca de la normalidad

Barbara Schiavulli, una periodista que acaba de regresar de Bagdad, explicó a los micrófonos de Radio Vaticano que la situación en Iraq es menos exasperada de lo que aparece en los medios internacionales. Además, con una situación de conflicto que se viene dando desde el 2003, la gente ha logrado labrarse espacios de normalidad dentro de un sistema de emergencia. La situación del movimiento de protesta interna en Iraq es más complicada: los jóvenes siguen saliendo a la calle y siguen sufriendo una dura represión. En cuanto a la presencia de los militares occidentales, la gran preocupación se centra en el Isis, ya que las operaciones de entrenamiento de los militares locales y la lucha contra el Estado islámico han sido, de hecho, suspendidas.

Las amenazas a los militares de la coalición

Hassan al Khazali, el líder de referencia del grupo chiíta iraquí, cree que las fuerzas estadounidenses son una presencia enemiga declarada y que las demás fuerzas occidentales deben abandonar el país como exige la resolución del Parlamento iraquí. La mayoría de los iraquíes se oponen en general a la presencia en el país tanto de iraníes como de estadounidenses, entre otras cosas porque saben que se está librando una guerra asimétrica en su territorio.

Sin embargo, aunque el Parlamento ya ha votado un proyecto de resolución no vinculante para expulsar a los estadounidenses y a los soldados de la coalición del país, también es cierto que muchos políticos iraquíes se muestran bastante cautelosos con los hechos, considerando a los estadounidenses como aliados y reconociendo las dificultades económicas que resultarían de una expulsión de los Estados Unidos del país. Por su parte el New York Times ha informado que el Presidente Trump podría suspender 250 millones de dólares de ayuda militar ya aprobada por el Congreso y añadir posibles sanciones. Medidas punitivas que afectarían a Iraq en este momento con una grave crisis económica y protestas antigubernamentales en curso.

La madre de todas las revoluciones

Los jóvenes que participan en las protestas no muestran ninguna intención de ceder y llaman a su acción la "madre de las revoluciones". Por el contrario, esperan contagiar también a sus coetáneos iraníes y libaneses, ya que la corrupción, la falta de trabajo y la falta de servicios los afecta a todos de la misma manera. Una coincidencia que también se refleja en la composición social de los manifestantes que representan el lado laico e intelectual, donde la presencia de las mujeres es importante, y que comienza a ver cada vez más la participación de algunos religiosos.

Sus protestas son siempre pacíficas, aunque sean constantemente atacadas y amenazadas. También ha habido casos de asesinatos y desapariciones, especialmente entre los jóvenes iraquíes tomados la mayor parte del tiempo cuando regresan a sus hogares después de las manifestaciones. Riesgos graves que no desaniman a los manifestantes motivados por el deseo de cambiar el país y que aseguran que los 521 muertos entre sus filas no fueron inútiles.

15 enero 2020, 19:23