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Ecuador recuerda a Mons. Proaño, pionero de la pastoral indígena

El pasado 25 de agosto se concluyó en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito, capital de Ecuador, el congreso dedicado al 30° aniversario de la muerte de Monseñor Leónidas Proaño, Obispo de Riobamba, pionero de la pastoral indígena

Lisa Zengarini - Ciudad del Vaticano

Participaron en este evento más de un centenar de delegados indígenas procedentes de Ecuador, Argentina, Bolivia, República Dominicana, México, Brasil, Colombia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos de América. Entre los que asistieron se encontraba también Monseñor Eugenio Arellano, Vicario apostólico de Esmeraldas y Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

“No podemos creer en la Iglesia si no da testimonio de sencillez y pobreza, tal como vivió Monseñor Proaño” – dijo Monseñor Arellano – y exhortó a la Iglesia a “ser una Iglesia pobre entre los pobres y a promover un relanzamiento de las comunidades eclesiales de base”.

Su enseñanza: ser pobre y hacerse pobre

Por su parte Nidia Arrobo Rodas, representante de la fundación “Pueblo Indio” y amiga del Obispo de Riobamba, trazó un perfil espiritual de Monseñor Proaño, articulado en seis puntos, en los que destacó: la fidelidad a sus orígenes; el hecho de enseñar aprendiendo; el saber escuchar, su respeto por el otro; su atención hacia a la actualidad y la devolución de la dignidad.

“Creo que una importante aportación al proceso de enseñanza y aprendizaje de la obra de Monseñor  Proaño – dijo la relatora – es el principio del ser pobre y hacerse pobre”. Sí, porque esta importante figura siempre era fiel a sus propios orígenes, que recordaba continuamente, y que le permitía ser aceptado por los pobres y los indígenas.

De ahí su afirmación: “Este Obispo fue un gran maestro y, a su vez, un alumno excelente, puesto que enseñaba aprendiendo. No demostraba lo que sabía, y cuando le decían que era el maestro, repetía las palabras de Jesús: ‘Yo no soy el maestro, sólo Dios es el Maestro’”.

También recordó que para Monseñor Proaño era importante mantener esta relación de igualdad con los indígenas, estando atento a no crear distancias entre quien sabía y quien no, sino manteniendo relaciones sin barreras.

El Obispo que dio dignidad a los pueblos nativos

En efecto, Monseñor Proaño fue sobre todo el Obispo que dio dignidad a los pueblos nativos: “En aquella época – afirmó Nidia Arrobo Rodas – los indígenas eran considerados como objetos, como animales de carga que eran incluidos en el precio de las granjas junto a los animales y los muebles. En este contexto feudal del Ecuador, especialmente en el Chimborazo, donde había situaciones de esclavitud, Monseñor Proaño comenzó un trabajo significativo y, al mismo tiempo, fatigoso y lento para rescatar la dignidad de los indígenas, a fin de que se sintieran personas, capaces de conocer y reconocer sus derechos, tanto individuales como colectivos”.

En una palabra este pastor se preocupó por “vivir el Evangelio de la parte de los indígenas”. Un trabajo que prosigue gracias a organizaciones como la Confederación de las nacionalidades indígenas de Ecuador y la pastoral india de América Latina. De modo que su trabajo es sumamente actual y resonó también hace cincuenta años en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín”, tal como lo subrayó Cristiano Morsolin, experto de derechos humanos en América Latina.

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28 agosto 2018, 10:24