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Strzelczyk: "La Conferencia de Varsovia sobre abusos, un logro de escucha y compartir"

El Padre Grzegorz Strzelczyk, uno de los mayores expertos polacos en protección de menores y personas vulnerables, resume los resultados de la Conferencia de tres días de la Iglesia de Europa Central y Oriental celebrada en Varsovia, del 19 al 22 de septiembre: "Hemos profundizado en el conocimiento de diferentes experiencias, útiles para la puesta en marcha de acciones comunes. La Iglesia debe recuperar la confianza perdida y prestar mayor atención a las víctimas".

Federico Piana -Ciudad del Vaticano

Hay dos elementos fundamentales que determinaron el éxito de la Conferencia de la Iglesia en Europa Central y Oriental, dedicada al candente tema de los abusos a menores y personas vulnerables. Una iniciativa promovida por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y la Conferencia Episcopal Polaca, que tuvo lugar en Varsovia del 19 al 22 de septiembre. Fue una puesta en común de diferentes experiencias y encuentros personales entre Prelados, expertos y víctimas de diversas realidades eclesiales que generaron fuertes relaciones, capaces de impulsar el nacimiento de proyectos concretos y comunes para intentar erradicar el fenómeno de la violencia y los abusos.

"Creo que ésta era precisamente la importancia de la Conferencia", confirma el Padre Grzegorz Strzelczyk, teólogo polaco y experto en la defensa de los menores, que participó como ponente en el acto titulado "Nuestra misión común de salvaguardar a los hijos de Dios". Durante la Conferencia – explicó – también se compararon las situaciones internas que viven las Iglesias de los países de Europa Central y Oriental. Todos estamos en el camino, pero de forma totalmente diferente".

Durante los trabajos de la Conferencia, usted se refirió a su país. ¿Qué ha hecho la Iglesia polaca y qué tendrá que hacer para proteger a los menores?

Estamos a mitad de camino. Tras los numerosos escándalos que han salido a la luz, la Iglesia polaca ha emprendido un camino que ha creado un sistema que empieza a funcionar. Es un sistema vinculado a las diócesis, donde se han nombrado delegados de los Obispos que se encargan de acoger a las personas heridas y donde hay pastores dedicados al acompañamiento espiritual de los que han sido escandalizados. Todo ello cuenta con el apoyo de un centro educativo en Cracovia, que imparte cursos de actualización para clérigos, catequistas y laicos, y estudios sobre la prevención de abusos. Además, desde hace dos años, existe una fundación, financiada directamente por sacerdotes y Obispos, que apoya económicamente toda la labor de acompañamiento y defensa de las víctimas.

En su presentación, abordó la dimensión teológica de las consecuencias de los abusos. ¿Cuál es esta dimensión?

Pueden ser muchas, pero me he concentrado en una sola, quizá la más importante: el acto de fe, que normalmente se basa en la confianza. Nosotros, hoy, no vivimos en la época de Cristo, damos nuestra confianza a los testigos, que provienen de los apóstoles. Pero si uno es abusado de manera atroz por un representante de la Iglesia, esta confianza se pierde. Y si esta confianza se rompe, también lo hace la fe, que se basa en este acto de confianza. Básicamente, si los testigos dejan de ser creíbles, la fe queda dañada. Y no es sólo una realidad psicológica, sino que se convierte en algo profundamente teologal.

Pero, ¿hay varios niveles de escándalo?

El primer nivel de escándalo es el abuso en sí mismo, luego sigue el vinculado a la reacción equivocada de los superiores eclesiásticos que a veces no saben acoger a las víctimas con misericordia. El tercer nivel de escándalo está relacionado con el hecho de que la Iglesia no realiza un verdadero camino penitencial: cuando el autor ya ha sido descubierto, el miembro eclesiástico culpable no admite su responsabilidad. Por último, la cuarta, que ya ha sido señalada por los perjudicados: el hecho de que sólo nos ocupemos de las víctimas de los sacerdotes y de los miembros de la Iglesia y mucho menos de aquellas, por ejemplo, abusadas por familiares o vecinos. Si el abusador no es un sacerdote, tenemos menos instrumentos para ayudar.

¿Qué debe hacer la Iglesia para evitarlo?

En primer lugar, debe restablecer la confianza atendiendo a los que han sido heridos. La víctima debe estar en el centro de la atención de la Iglesia. Entonces hay que tomar el camino penitencial. La tercera cosa que hay que hacer es la prevención, creando una mentalidad generalizada que a largo plazo conduzca a una disminución de los casos de violencia.

24 septiembre 2021, 11:42