Buscar

Vatican News

Cardenal Omella: Joan, hombre de acción y oración, testigo del amor a Dios

Homilía del Cardenal Juan José Omella en la Misa de beatificación de Joan Roig Diggle, celebrado en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, la mañana de este sábado, 7 de noviembre de 2020.

Ciudad del Vaticano

“Joan fue un hombre de acción y de oración, un verdadero testimonio del amor a Dios y a los hermanos. Su unión a Dios le llevó a entregar la propia vida tal como lo hizo Cristo. Incluso en el momento más duro de su vida, Joan dio testimonio del Evangelio. Habló de Cristo a aquellos que lo iban a matar”, lo dijo el Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona, España, en su homilía en la Santa Misa con el rito de beatificación de Joan Roig Diggle, celebrado en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, la mañana de este sábado, 7 de noviembre de 2020.

Joan es un testimonio de amor a Cristo y a los hermanos

En su homilía, el Arzobispo de Barcelona recordó que, hace más de un año atrás, concretamente el día 3 de octubre de 2019, “el Papa Francisco nos sorprendió gratamente con la aprobación del Decreto de Beatificación de un joven de nuestra archidiócesis: Joan Roig Diggle”. Evento que se ha realizado en el marco del año pastoral del trabajo con los jóvenes, y para ellos, Joan es “un testimonio de amor a Cristo y a los hermanos”. Además, se ha producido otro hecho providencial y es el hecho de que la fecha escogida por la Congregación de los Santos para la celebración de esta beatificación coincide precisamente con el día en que celebramos el décimo aniversario de la dedicación de esta Basílica por el Papa Benedicto XVI.

¿Quién fue Joan Roig Diggle?

El Cardenal Juan José Omella destacó los rasgos característicos de Joan Roig Diggle y la de su familia, una familia “profundamente creyente”, que tuvo cuatro hijos a los que supieron dar una sólida educación cristiana. Nuestro joven mártir fue bautizado en la parroquia de la Purísima Concepción de Barcelona en 1917 y recibió el sacramento de la confirmación nueve años más tarde. Desde pequeño, el joven beato tuvo la ilusión de llegar a ser un día un sacerdote enamorado de la Eucaristía y un apóstol de los obreros. Quería estar con ellos, para conocerlos, amarlos y llevarles la Buena Noticia de Cristo. Joan era, según Mn. Pere Llumà, su director espiritual, un «revolucionario cristiano». En palabras del Papa Francisco podemos decir que Joan aceptó la invitación de Cristo para unirse a la «revolución de la ternura» (EG 88).

Respondió con amor y perdón a la violencia recibida

Asimismo, el Arzobispo de Barcelona señaló que, debido a su delicada situación económica, la familia del beato se instaló en el pueblo del Masnou para reducir gastos y esto llevo a Joan a abandonar el proyecto de ser ordenado sacerdote. Fue allí donde se convirtió en miembro de la Federació de Joves Cristians de Catalunya y colaboró activamente en la comunidad parroquial de Sant Pere del Masnou. Es también en el Masnou cuando, la noche del 11 al 12 de septiembre de 1936, fue apresado por un grupo de milicianos y conducido al cementerio de Santa Coloma de Gramenet. Fue allí donde recibió la palma del martirio. Sin embargo, respondió con amor y perdón a la violencia recibida. Cuenta uno de los testimonios de su muerte que cuando Joan supo que lo iban a matar dijo a los milicianos: «Que Dios os perdone como yo os perdono».

¿Qué podemos aprender del testimonio de Joan?

Joan Roig, subrayó el Purpurado, puede ser un modelo de vida cristiana para los jóvenes y adultos de nuestra sociedad. Su testimonio puede suscitar en nosotros el deseo de seguir a Cristo con alegría y generosidad. “La profunda amistad con Dios, la oración, la vida Eucarística, una fe vivida en comunidad, su sensibilidad ante las injusticias de su tiempo y el ardor apostólico de nuestro joven beato – resaltó el Cardenal Omella – nos unirán más a Cristo y a su Evangelio”. Por ello, afirmó el Purpurado, podemos decir que nuestro joven mártir supo reconocer «la existencia de un anhelo de justicia social» en el seno de la sociedad. Joan, consciente de esta situación, similar a la que actualmente nos toca vivir, quería transformar la sociedad, pero no desde la violencia, sino desde el Evangelio que se concreta en la Doctrina Social de la Iglesia.

Joan, testimonio de amor y perdón

“Joan fue un hombre de acción y de oración, un verdadero testimonio del amor a Dios y a los hermanos. Su unión a Dios – resaltó el Cardenal Omella – le llevó a entregar la propia vida tal como lo hizo Cristo”. Incluso en el momento más duro de su vida, Joan dio testimonio del Evangelio. Habló de Cristo a aquellos que lo iban a matar. Los mismos que le dieron muerte quedaron impresionados por la serenidad y por el coraje de su testimonio: «aquel joven rubio era un valiente». Este hermano nuestro tenía puesta la confianza en el Señor. Él acogió con fe la promesa de vida eterna y creyó que el perdón y la ternura del Padre eran más fuertes que la muerte. Su testimonio, tal como hemos escuchado en la Carta a los romanos nos enseña que nada podrá separarnos jamás del amor Dios que se ha manifestado en Jesucristo (cf. Rom 8.39).

Todos estamos llamados a ser santos, como lo fue Joan

Finalmente, el Arzobispo de Barcelona recordó que, todos, como Joan, estamos llamados a ser santos, cada uno por el camino y vocación que Dios le propone. El Señor nos invita a ser testigos de nuestra fe en la vida cotidiana. “Atrevámonos, como Joan, a estar bien fundamentados en Cristo para ofrecer el amor de Dios Trinidad a nuestros hermanos. Seamos, como proclama el Evangelio de hoy, buena semilla que dé fruto abundante. Jesús no nos dejará nunca. Él estará siempre a nuestro lado para compartir con nosotros su vida resucitada”. “Que nuestro nuevo beato – concluyo el Cardenal Omella – interceda por nosotros y nos acompañe desde el cielo. Que María, madre de la Iglesia, nos ayude a denunciar las injusticias y a ser revolucionarios de la ternura, del perdón y de la alegría de Dios”.

07 noviembre 2020, 15:34