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Mons. Gonzalo de Villa y Vásquez, Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala Mons. Gonzalo de Villa y Vásquez, Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala 

Obispos de Guatemala: edificar democracia y libertad logradas con la independencia

Al cumplirse 199° aniversario de la independencia, el episcopado guatemalteco hace un balance crítico de la situación actual del país, que aunado a la pandemia de Covid 19, exige de los guatemaltecos un impulso para construir un mejor país, sin el "cáncer" de la injusticia y la corrupción.

Alina Tufani - Ciudad del Vaticano

“Debemos reconocer con toda honestidad y veracidad que el ideal de libertad planteado con tanta energía por la élite criolla y anhelado ya entonces por las mayorías centroamericanas, no ha dado los frutos que hoy hubiésemos querido”. Con estas palabras abre el mensaje de los Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) por el 199° Aniversario de la Independencia, que se celebrará el próximo 15 de septiembre. En un balance sobre los anhelos que llevaron a la conquista de la libertad de la corona española, los obispos afirman que hoy se han visto traicionados por una difícil situación económica, política y social y agravada por la pandemia global de Covid-19.

“Observando serenamente nuestro entorno social, político y económico encontramos: Una situación crónica de pobreza y miseria de millones de guatemaltecos, falta de acceso a los servicios básicos de salud, de vivienda digna, de trabajo, de salario justo, de una educación formal de calidad, la desatención al campesinado, la ausencia de una reforma integral y global en el uso y tenencia de la tierra que genere desarrollo, el debilitamiento y descrédito de la institucionalidad representada por el Estado, la violencia y la corrupción", denuncia la CEG.

Para los obispos, estos son “males antiguos” que nunca fueron resueltos y que hoy demandan soluciones urgentes. Soluciones que solo se podrán alcanzar con el respeto a la dignidad y derechos de los guatemaltecos a su diversidad cultural y religiosa, a la vivencia de una verdadera democracia que favorezca y promueva el bien común. En este sentido, el mensaje de la CEG insiste en el ideal de libertad planteado por la gesta independentista para confiar y construir un mejor país.

“Nuestra libertad continúa siendo una tarea inacabada. No debemos olvidar que la libertad se construye bajo la dirección de la ley moral, con la práctica de los principios éticos y en el respeto del derecho natural inscrito en la naturaleza humana”, afirman los obispos.

A esta situación “triste y dolorosa” se añade la actual crisis global de la pandemia que ha hecho ver más claramente la injusticia social, la desigualdad, la marginación, pero que también, a juicio de los obispos, puede ser una ocasión para aprender lecciones:  “Si queremos celebrar con dignidad nuestra libertad no podemos pasar de largo frente a nuestros hermanos que ya estaban en la cuneta de la vida o han sido echados allí por esta crisis reciente”.

Y entra aquí el tema de la solidaridad, ese ver el rostro de Jesucristo en los hermanos y hermanas que sufren. Esa solidaridad que “no se queda en la limosna” y exige una acción que transforme el orden social, es decir, que cree oportunidades de participación e inclusión, con leyes fundadas en el derecho y en un sistema judicial “imparcial que actúe con prontitud y rectitud”. También se hace necesario – puntualiza el mensaje - crear oportunidades de salud y educación con políticas públicas orientadas al bien común.

El mensaje se refiere en particular a la solidaridad en medio de la pandemia que, si bien ha creado un dinamismo que fortalece iniciativas comunes en favor de los más necesitados, también ha sido aprovechado para realizar “acciones insolidarias, fruto de la corrupción que como cáncer se hace presente en todo el país”, dejando a gran parte de la población sin poder aliviar sus necesidades básicas.

Para el episcopado, las limitaciones impuestas para la prevención de contagios, aunque necesarias  y prudentes, han sido dramáticas y  dolorosas para el pueblo guatemalteco que no ha podido celebrar y expresar su fe públicamente. No obstante, los obispos reconocen que ha sido un tiempo bueno  para revalorar la necesidad de Dios en el corazón y darle el justo valor a la dimensión social de la fe.

Por último, la CEG invita a celebrar la Independencia, la  libertad, como don y como tarea, y aunque no se realizaran actos y signos externos, será una fecha de reflexión para toda la nación y su futuro. “Nuestra mayor riqueza es nuestro pueblo, con su diversidad étnica y lingüística, con el valor inestimable de sus tradiciones, religiosas y populares, con un espíritu de lucha que supera las adversidades, con una población mayoritariamente joven que con sus ilusiones y sus sueños son la esperanza para forjar un futuro mejor” concluye.

11 septiembre 2020, 13:51