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Obispos Malloy y Takami: trabajar juntos para abolir las armas nucleares

Dos representantes de las Conferencias Episcopales de Estados Unidos y Japón, Monseñor David J. Malloy, Obispo de Rockford, Illinois, y Monseñor Joseph Mitsuaki Takami, Arzobispo de Nagasaki, se reunieron ayer en un webinar en vista del 75 Aniversario del bombardeo atómico a Nagasaki.

Ciudad del Vaticano

“El mundo debe invertir su camino: de la carrera armamentista a la carrera por la paz, deteniendo finalmente las amenazas a la creación de Dios”. Este es el sincero llamamiento lanzado por dos representantes de las Conferencias Episcopales de Estados Unidos y Japón, Monseñor David J. Malloy, Obispo de Rockford, Illinois, y Monseñor Joseph Mitsuaki Takami, Arzobispo de Nagasaki, que se reunieron ayer en un seminario virtual de media hora de duración en vista del inminente e importante aniversario. Así lo informó el servicio de información religiosa Cath Press.

"El camino hacia la verdadera paz requiere que el mundo suprima las armas nucleares", coincidieron los dos Obispos, reiterando los llamamientos de larga data de las Conferencias Episcopales de sus respectivos países. "Mientras persista la idea de que las armas son necesarias para el proceso de paz, será difícil incluso reducir el número de armas nucleares, y mucho menos abolirlas. Sería ideal que los Estados Unidos y Japón pudieran realmente reconciliarse y trabajar juntos para estos objetivos", afirmó el Arzobispo Takami.

Recordando las palabras del Papa Francisco, quien durante su visita al Japón en noviembre de 2019 pidió al mundo que recordara su obligación moral de librar al mundo de las armas nucleares, Monseñor Malloy dijo que todas las naciones deben "encontrar los medios para un desarme completo y mutuo basado en un compromiso y una confianza compartidos que deben promoverse y profundizarse".

Ambos expresaron también su preocupación por el hecho de que el mundo haya descuidado la enorme destructividad de las armas nucleares, como ocurrió en Japón en 1945, cuando las bombas atómicas estadounidenses explotaron sobre Hiroshima el 6 de agosto y Nagasaki tres días después.

Conmovedor fue el testimonio de Monseñor Takami – quien es también Presidente de la Conferencia Episcopal Japonesa – que relató cómo sobrevivió al bombardeo de Nagasaki, su ciudad natal y el centro de la comunidad católica japonesa. En el momento en que estaba en el vientre de su madre: "No presencié las horribles escenas que ocurrieron inmediatamente después del bombardeo. Pero mi abuela materna sufrió quemaduras en todo su cuerpo y murió una muerte dolorosa después de una semana sin recibir ninguna asistencia médica", dijo, recordando a las otras víctimas de su familia.

"En la Catedral de Urakami en Nagasaki, donde 24 feligreses se preparaban para recibir el Sacramento de la Reconciliación cuando la bomba explotó, poco quedó en pie – continuó – de los 12.000 feligreses murieron unos 8.500. El bombardeo también fue 'espiritualmente dañino' para muchos que, después de sufrir tanto, perdieron su fe y abandonaron la Iglesia".

Cada año la Conferencia Episcopal Japonesa dedica el período del 6 al 15 de agosto a la oración por la paz: durante este período las personas son llamadas a orar, reflexionar y actuar en nombre de la paz: "El Papa Francisco ha dado un paso adelante y ha declarado que la posesión y el uso de armas nucleares es inmoral – añadió el Arzobispo – el Papa subrayó la necesidad de unirse y trabajar juntos por un mundo libre de armas nucleares y comprometió a la Iglesia a lograr este objetivo".

En respuesta al llamamiento del Papa Francisco, Monseñor Alexis Mitsuru Shirahama, Obispo de Hiroshima, lanzó el 7 de julio la Fundación Mundo Libre de Armas Nucleares en colaboración con tres organizaciones de paz, con el objetivo de apoyar a las personas que trabajan por la ratificación del Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares, aprobado en 2017 por la mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas. La Santa Sede se ha convertido en una de las primeras entidades en ratificar el acuerdo. El fondo apoyará el trabajo de los constructores de la paz hasta que 50 naciones ratifiquen el tratado. Hasta el 7 de julio, 39 naciones lo habían ratificado.

Monseñor Malloy, por su parte, reiteró el compromiso de los Obispos de los Estados Unidos con el desarme, expresado también en la carta pastoral de 1983 "El desafío de la paz": la promesa de Dios y nuestra respuesta. El documento, según lo explicado por Monseñor Malloy, compromete a los Obispos "a conformar el clima de opinión que permita a nuestro país expresar su profundo pesar por el bombardeo atómico de 1945". Sin ese dolor, no hay posibilidad de encontrar una manera de repudiar el futuro uso de las armas nucleares". "El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki puede llevar a la gente a comprender el enorme sufrimiento humano y el costo humano que puede ocurrir cuando las armas nucleares se utilizan en la guerra", dijo.

Los Prelados finalmente concluyeron el seminario web con oraciones en japonés e inglés, respectivamente, buscando la paz, la reconciliación y el entendimiento entre todos los pueblos. El webinar fue producido por la Red Católica de Consolidación de la Paz y su Proyecto para la Revitalización del Compromiso Católico en el Desarme Nuclear y el Centro Berkley para la Paz Religiosa y los Asuntos Mundiales de la Universidad de Georgetown.

04 agosto 2020, 18:13