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Portugal conmemora a los abuelos: “tesoro de vida para amar y proteger”. Portugal conmemora a los abuelos: “tesoro de vida para amar y proteger”. 

Portugal conmemora a los abuelos: “tesoro de vida para amar y proteger”

"Los abuelos son un tesoro" es el título del mensaje que la Conferencia Episcopal Portuguesa dedica a los ancianos en vista del 26 de julio, fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de María.

Alessandro De Carolis – Ciudad del Vaticano

La descripción es tierna y conmovedora. Los abuelos, ángeles de la guarda de los nietos. Aquellos que para ellos en particular están siempre ahí, discretos, atentos. Aquellos "que caminan con ellos de la mano por las aceras. Permanecen tranquilos junto al mar mientras las olas les bañan los pies. Compran ese helado, se limpian las rodillas heridas en los juegos de la calle, les hacen el baño al final del día, esperando la llegada de sus padres".

La Comisión para los laicos y la familia del Episcopado portugués dibuja un retrato que va directo al corazón y el 26 de julio, fiesta de los abuelos de Jesús, Joaquín y Ana, "es una ocasión - escribe - para agradecer, abrazar y celebrar su presencia en el pasado y en el presente, para ir a sus raíces y descubrir en ellas la ternura y el amor de Dios". Los abuelos que compran zapatos nuevos o "el juguete soñado", los abuelos que "escuchan en silencio las quejas, las dudas, los miedos" y "compensan con amor las ausencias, la rabia, las dificultades de los padres ocupados, de las vidas separadas". Porque los abuelos, continúa el documento de la Iglesia portuguesa, "apoyan la vida de las familias, no sólo porque a menudo les permiten sobrevivir o dar algún alivio, sino porque son las raíces de muchas vidas". Cuentan historias del pasado y ayudan a entender la diferencia entre lo esencial y lo superfluo".

Por lo tanto, la "riqueza irremplazable" de los ancianos es un tesoro que debe ser defendido "perentoriamente". Y como todos los tesoros, deben ser "manejados con cuidado y admiración". Una sociedad que no protege, no se preocupa, no admira a los ancianos - concluye la Comisión Episcopal - está condenada al fracaso porque así como la naturaleza nace y renace, así como la semilla crece y es arrojada al suelo, así fluye y pasa su vida. Los que se han curado podrán cuidar, los que han aprendido podrán enseñar, los que han sido protegidos podrán proteger, los que han sido amados sabrán amar".

22 julio 2020, 16:12