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Vatican News

Christus vivit, si Jesús tiene el olor del pueblo

Un año después del Sínodo sobre los jóvenes, chicos y chicas de todo el mundo se confrontan con la “Christus vivit”, la Exhortación Apostólica del Papa Francisco. ¿Existe un modo para anunciar a Jesús fuera de los esquemas tradicionales? Promoviendo, como escribe el Papa, “el bien posible” en los espacios “donde se mueven los jóvenes”. Desde Portugal, Alfonso Virtuoso narra su experiencia de pastoral juvenil popular, entre equilibrio y laboriosidad.

Una pastoral popular juvenil

230. Además de la pastoral habitual que realizan las parroquias y los movimientos, según determinados esquemas, es muy importante dar lugar a una “pastoral popular juvenil”, que tiene otro estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología. Consiste en una pastoral más amplia y flexible que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales, esos liderazgos naturales y esos carismas que el Espíritu Santo ya ha sembrado entre ellos. Se trata ante todo de no ponerles tantos obstáculos, normas, controles y marcos obligatorios a esos jóvenes creyentes que son líderes naturales en los barrios y en diversos ambientes. Sólo hay que acompañarlos y estimularlos, confiando un poco más en la genialidad del Espíritu Santo que actúa como quiere.

231. Hablamos de líderes realmente “populares”, no elitistas o clausurados en pequeños grupos de selectos. Para que sean capaces de generar una pastoral popular en el mundo de los jóvenes hace falta que «aprendan a auscultar el sentir del pueblo, a constituirse en sus voceros y a trabajar por su promoción»[124]. Cuando hablamos de “pueblo” no debe entenderse las estructuras de la sociedad o de la Iglesia, sino el conjunto de personas que no caminan como individuos sino como el entramado de una comunidad de todos y para todos, que no puede dejar que los más pobres y débiles se queden atrás: «El pueblo desea que todos participen de los bienes comunes y por eso acepta adaptarse al paso de los últimos para llegar todos juntos»[125]. Los líderes populares, entonces, son aquellos que tienen la capacidad de incorporar a todos, incluyendo en la marcha juvenil a los más pobres, débiles, limitados y heridos. No les tienen asco ni miedo a los jóvenes lastimados y crucificados.

232. En esta misma línea, especialmente con los jóvenes que no crecieron en familias o instituciones cristianas, y están en un camino de lenta maduración, tenemos que estimular el “bien posible”[126]. Cristo nos advirtió que no pretendamos que todo sea sólo trigo (cf. Mt 13,24-30). A veces, por pretender una pastoral juvenil aséptica, pura, marcada por ideas abstractas, alejada del mundo y preservada de toda mancha, convertimos el Evangelio en una oferta desabrida, incomprensible, lejana, separada de las culturas juveniles y apta solamente para una élite juvenil cristiana que se siente diferente, pero que en realidad flota en un aislamiento sin vida ni fecundidad. Así, con la cizaña que rechazamos, arrancamos o sofocamos miles de brotes que intentan crecer en medio de los límites.

233. En lugar de «sofocarlos con un conjunto de reglas que dan una imagen estrecha y moralista del cristianismo, estamos llamados a invertir en su audacia y a educarlos para que asuman sus responsabilidades, seguros de que incluso el error, el fracaso y las crisis son experiencias que pueden fortalecer su humanidad»[127].

234. En el Sínodo se exhortó a construir una pastoral juvenil capaz de crear espacios inclusivos, donde haya lugar para todo tipo de jóvenes y donde se manifieste realmente que somos una Iglesia de puertas abiertas. Ni siquiera hace falta que alguien asuma completamente todas las enseñanzas de la Iglesia para que pueda participar de algunos de nuestros espacios para jóvenes. Basta una actitud abierta para todos los que tengan el deseo y la disposición de dejarse encontrar por la verdad revelada por Dios. Algunas propuestas pastorales pueden suponer un camino ya recorrido en la fe, pero necesitamos una pastoral popular juvenil que abra puertas y ofrezca espacio a todos y a cada uno con sus dudas, sus traumas, sus problemas y su búsqueda de identidad, sus errores, su historia, sus experiencias del pecado y todas sus dificultades.

235. Debe haber lugar también para «todos aquellos que tienen otras visiones de la vida, profesan otros credos o se declaran ajenos al horizonte religioso. Todos los jóvenes, sin exclusión, están en el corazón de Dios y, por lo tanto, en el corazón de la Iglesia. Reconocemos con franqueza que no siempre esta afirmación que resuena en nuestros labios encuentra una expresión real en nuestra acción pastoral: con frecuencia nos quedamos encerrados en nuestros ambientes, donde su voz no llega, o nos dedicamos a actividades menos exigentes y más gratificantes, sofocando esa sana inquietud pastoral que nos hace salir de nuestras supuestas seguridades. Y eso que el Evangelio nos pide ser audaces y queremos serlo, sin presunción y sin hacer proselitismo, dando testimonio del amor del Señor y tendiendo la mano a todos los jóvenes del mundo»[128].

236. La pastoral juvenil, cuando deja de ser elitista y acepta ser “popular”, es un proceso lento, respetuoso, paciente, esperanzado, incansable, compasivo. En el Sínodo se propuso el ejemplo de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), que también puede ser un modelo de lo que ocurre en la pastoral juvenil:

237. «Jesús camina con los dos discípulos que no han comprendido el sentido de lo sucedido y se están alejando de Jerusalén y de la comunidad. Para estar en su compañía, recorre el camino con ellos. Los interroga y se dispone a una paciente escucha de su versión de los hechos para ayudarles a reconocer lo que están viviendo. Después, con afecto y energía, les anuncia la Palabra, guiándolos a interpretar a la luz de las Escrituras los acontecimientos que han vivido. Acepta la invitación a quedarse con ellos al atardecer: entra en su noche. En la escucha, su corazón se reconforta y su mente se ilumina, al partir el pan se abren sus ojos. Ellos mismos eligen emprender sin demora el camino en dirección opuesta, para volver a la comunidad y compartir la experiencia del encuentro con Jesús resucitado»[129].

238. Las diversas manifestaciones de piedad popular, especialmente las peregrinaciones, atraen a gente joven que no suele insertarse fácilmente en las estructuras eclesiales, y son una expresión concreta de la confianza en Dios. Estas formas de búsqueda de Dios, presentes particularmente en los jóvenes más pobres, pero también en los demás sectores de la sociedad, no deben ser despreciadas sino alentadas y estimuladas. Porque la piedad popular «es una manera legítima de vivir la fe»[130] y es «expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios»[131].

Siempre misioneros

239. Quiero recordar que no hace falta recorrer un largo camino para que los jóvenes sean misioneros. Aun los más débiles, limitados y heridos pueden serlo a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades. Un joven que va a una peregrinación a pedirle ayuda a la Virgen, e invita a un amigo o compañero para que lo acompañe, con ese simple gesto está realizando una valiosa acción misionera. Junto con la pastoral popular juvenil hay, inseparablemente, una misión popular, incontrolable, que rompe todos los esquemas eclesiásticos. Acompañémosla, alentémosla, pero no pretendamos regularla demasiado.

240. Si sabemos escuchar lo que nos está diciendo el Espíritu, no podemos ignorar que la pastoral juvenil debe ser siempre una pastoral misionera. Los jóvenes se enriquecen mucho cuando vencen la timidez y se atreven a visitar hogares, y de ese modo toman contacto con la vida de la gente, aprenden a mirar más allá de su familia y de su grupo, comienzan a entender la vida de una manera más amplia. Al mismo tiempo, su fe y su sentido de pertenencia a la Iglesia se fortalecen. Las misiones juveniles, que suelen organizarse en las vacaciones luego de un período de preparación, pueden provocar una renovación de la experiencia de fe e incluso serios planteos vocacionales.

241. Pero los jóvenes son capaces de crear nuevas formas de misión, en los ámbitos más diversos. Por ejemplo, ya que se mueven tan bien en las redes sociales, hay que convocarlos para que las llenen de Dios, de fraternidad, de compromiso.

21 noviembre 2019, 12:00