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Funeral Cardenal Etchegaray Funeral Cardenal Etchegaray  (AFP or licensors)

El funeral del Cardenal Etchegaray se celebró en Bayona

Este lunes 9 de septiembre, en la mañana, en la catedral de Bayona, su diócesis natal en el País Vasco, se celebró la misa de funeral del ex presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y de Cor Unum, fallecido el miércoles a la edad de 96 años.

Cipriano Viet - Ciudad del Vaticano

El Cardenal Dominique Mamberti, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, representó al Papa Francisco en esta misa fúnebre celebrada en la patria del Cardenal Etchegaray, que había elegido en 2017 dejar Roma para instalarse en una residencia de ancianos en Cambo-Les-Bains.

El Cardenal Mamberti comenzó su homilía con estas palabras del Cardenal Etchegaray: "Señor, verdadero Dios y verdadero hombre, tú eres la llave que siempre llevo en mi mano para guiarme a la hora de mi muerte. Ábreme un día con una doble puerta hacia tu Reino, donde Dios y el hombre vivirán juntos, en la frescura de la mañana de la Creación".

"Estas palabras dan sentido a una vida dada, de la que Cristo es la clave", explicó el Cardenal Mamberti. Una vida orientada al día del encuentro con su Señor, un día al que tanto ha aspirado".

El hombre de las bienaventuranzas

El Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, después de haber recorrido su camino, desde su infancia vasca hasta su servicio diplomático con Juan Pablo II, dijo que reconocía en el Cardenal al "Hombre de las Bienaventuranzas", mencionado en el Evangelio que acababa de leerse, y del que detalló algunos extractos comparándolos con la vida del Cardenal vasco.

"Bienaventurados los pobres de corazón" - "Pobre de corazón, Roger Etchegaray dejó que Cristo tomara posesión de todo su ser", subrayó. La convierte en la clave de su vida, como él mismo escribió. Fue su íntima relación con Cristo la que lo guió a través de sus variados ministerios y lo fascinó hasta el punto de llegar a ser verdaderamente el servidor de todos, a imagen de Aquel a quien había dedicado su vida.

"Bienaventurados los que lloran" - "Sólo los ojos que han llorado pueden entender ciertas cosas", dijo el Cardenal Etchegaray. Aquel que lloró tantas veces por las miserias del mundo, por las situaciones trágicas, a menudo inimaginables, quiso compartir el sufrimiento de los que sufren, comprender su angustia, contribuir a su alivio, en la medida de sus posibilidades", subrayó el Cardenal Mamberti.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los pacificadores, bienaventurados los perseguidos por la justicia" - "La búsqueda de justicia para los pobres y débiles fue el compromiso diario del Cardenal con Juan Pablo II, especialmente con los Consejos Pontificios Justicia y Paz y Cor Unum, y a lo largo de las numerosas misiones que le han hecho descubrir tanta angustia humana y espiritual", explicó.

"Bienaventurados los misericordiosos" - "A través de sus innumerables viajes, el Cardenal ha tenido esta preocupación primordial: trabajar por el establecimiento de la paz y la reconciliación entre los pueblos y entre los pueblos. También en esto fue verdaderamente el hombre de la fraternidad universal", recordó el cardenal francés.

Un amor incondicional por la Iglesia

El Cardenal Mamberti citó finalmente estas palabras del difunto Cardenal, explicando que adquieren un significado particular en estos tiempos difíciles para la vida de la Iglesia: "El cristiano se siente incómodo en su Iglesia mientras no intente medirse con una Iglesia sin medida. Debemos amar a la Iglesia tal como es", dijo el Cardenal Etchegaray, quien, hasta el final de su vida, le gustaba hacer esta pregunta a los visitantes: "Ustedes aman a esta Iglesia, ¿no es así?

El Cardenal Mamberti concluyó citando el Libro de la Sabiduría, leído en la primera lectura: "El que pone su fe en el Señor comprenderá la verdad. Aquellos que son fieles permanecerán enamorados de Él. Para sus amigos, gracia y misericordia, visitará a sus elegidos.

El homenaje del gobierno francés y de la diócesis de Marsella

Además del historiador Philippe Levillain, que le rindió homenaje en nombre de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, la ceremonia concluyó con la intervención del representante del Gobierno, el Secretario de Estado del Interior, Laurent Núñez, que se había reunido personalmente con el cardenal cuando era viceprefecto de Bayona.

Elogió la "poderosa voluntad de paz y armonía" del Cardenal Etchegaray. A través de sus numerosas misiones diplomáticas durante el pontificado de Juan Pablo II, llevó "un rayo de paz a las tierras marcadas por el odio y el resentimiento", explicó Laurent Núñez, saludando "una palabra rara pero preciosa y bien fundada", que también era importante para la "paz entre religiones". Este cardenal "que consideraba al feligrés y al Jefe de Estado con la misma atención" pudo ser "fuerza de propuesta" también para sus interlocutores en el seno de los poderes públicos. "La Iglesia pierde a uno de sus emisarios más dotados y fervientes" y "Francia pierde un embajador para la paz y el diálogo", explicó el representante del gobierno.

La emoción de la diócesis de Marsella

Por último, Mons. Jean-Marc Aveline, que asumirá sus funciones de arzobispo de Marsella el domingo 15 de septiembre, habló de "los recuerdos de los momentos compartidos" con el cardenal Etchegaray, que era su obispo cuando él mismo era seminarista.

"Un pastor incansable, cuyas arrugas nunca han logrado acallar los sueños", el cardenal "era ante todo amigo de Cristo, arraigado como él en una cultura", desde el País Vasco hasta Marsella. También subrayó su "solidaridad prioritaria con los pobres", que le permitió mantenerse libre de los poderosos. "Como en la madrugada de Pascua, las convicciones más profundas son a veces las más silenciosas", dijo el Obispo Aveline.

09 septiembre 2019, 17:00