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Obispo de Tumaco: lucha contra el narcotráfico no es sólo de Colombia

La costa pacífico sur de Colombia, una región históricamente marcada por el abandono, por la marginación y por la corrupción, con amplias zonas carentes de infraestructuras es un terreno apto para el narcotráfico y los cultivos ilícitos, también por la dificultad para la movilidad de la fuerza pública: pero la lucha contra el narcotráfico, "no es sólo de Colombia". Entrevista al obispo de Tumaco

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“La lucha contra el narcotráfico no es sólo de Colombia, es también de los consumidores” puesto que “el consumo de droga afecta a territorios que tienen que contar sus muertos, sus jóvenes asesinados por la violencia”. Son las necesidades básicas insatisfechas y la falta de infraestructura algunos de los factores que llevan a pobladores y campesinos de la costa del pacífico sur de Colombia a caer en las redes del narcotráfico y del cultivo ilícito. Un problema en la mira de los obispos colombianos, en particular los de la región del pacífico sur, que ponen el acento en la erradicación del problema “desde la raíz”, en una zona “históricamente marcada por el abandono”. Entrevista al Obispo de Tumaco, Monseñor Orlando Olave Villanoba.

Escuche y comparta la entrevista a Mons. Orlando Olave Villanoba

Tumaco es una, se puede decir, de las rutas del narcotráfico utilizadas por los cárteles para el traslado de sustancias ilícitas: ¿qué es lo que impide al gobierno cerrar estas rutas y qué ha provocado que el narcotráfico eche raíces en la zona del pacífico sur de Colombia?

R.- Desafortunadamente tenemos una de las regiones del país y del mundo con el más alto cultivo, procesamiento, transformación y salida de narcotráfico. No solamente es una ruta, tenemos más o menos cultivados unas 40 mil hectáreas en toda la zona del pacífico sur. Es una región históricamente marcada por el abandono, por la marginación y también por la corrupción, habitada en su gran mayoría por población afro, algunas comunidades indígenas y un grupo significativo de colonos.

Tenemos niveles de necesidades básicas insatisfechas – por ejemplo en Tumaco – de casi el 50 por ciento. Hay municipios de la diócesis que no tienen cobertura en “nada”, y creo que toda esa realidad de abandono y de marginación, ha hecho que las personas tomen ese camino equivocado de acudir a los cultivos de uso ilícito. El cultivo de las hojas de coca no los enriquece, sino al contrario, los deja cada vez más pobres y sumidos en la creciente violencia que estamos viviendo en el país. Entendemos que es una consecuencia equivocada obviamente, pero es una consecuencia de esta situación de marginación, de pobreza, de violencia, de corrupción, de falta de oportunidades que tiene nuestro territorio. Es una zona muy difícil.

El gobierno, tanto el del presidente Santos como ahora el del presidente Duque han hecho esfuerzos, pero se trata de una zona muy compleja también en lo geográfico: manejamos unas mareas muy difíciles de hasta cuatro metros de altura, que hace que se generen canales en los manglares. La movilidad de la fuerza pública es muy compleja, y unida a la situación social que vivimos, la erradicación, no solamente de los cultivos sino también del narcotráfico, resulta difícil. Es un terreno apto, idóneo para esta situación: son zonas muy grandes y es muy difícil la movilización.

Por otra parte, también se pueden dar claramente situaciones de corrupción en la fuerza pública, en las fuerzas de seguridad. Creo que el gobierno está haciendo esfuerzos, pero a veces uno siente que los gobiernos quieren empezar de cero todo, y se les olvida que ya el gobierno anterior ha hecho un camino, lo que impide que se hagan procesos a largo plazo: este es un problema que se ha venido enquistando en el pacífico hace ya unos treinta años, y tampoco lo van a solucionar en dos, desafortunadamente, aunque así lo quisiéramos. Entonces, también hace falta esa perseverancia en la presencia de la fuerza pública en ir implementando otras medidascon las que las comunidades puedan tener acceso a otros procesos productivos.

Además, hay un elemento que es el poder corruptor del narcotráfico, que produce muchísimo dinero. Los gobiernos colombianos lo han dicho, la lucha contra el narcotráfico no es sólo de Colombia, es también de los consumidores: cuando una persona consume droga en Europa, en Estados Unidos, también está ayudando a que esta violencia se multiplique. El consumo de droga afecta a estos territorios que tiene que contar sus muertos, sus jóvenes asesinados por la violencia.

Usted ha sido muy claro: no basta la fumigación de los cultivos ilícitos, sino que se necesitan otro tipo de medidas para erradicar el narcotráfico. ¿Cuáles?

R.- Creo que un primer modelo es una presencia de Estado permanente: el Estado debe permanecer en el territorio. Debe haber una implementación de proyectos productivos, debe haber una generación de vías de comunicación, debe haber una presencia también de la fuerzas públicas obviamente, porque si no hay seguridad seguramente se van a imponer los grupos armados. Y creo que es un proceso a largo plazo, que digamos, se ha empezado. Ahora con la fumigación vamos a responder a una consecuencia del problema, porque los cultivos de uso ilícito en el territorio no son la causa, son consecuencia de esa misma realidad estructural que ha procurado esta situación tan lamentable.  Obviamente, nosotros con nuestros campesinos y nuestras comunidades estamos en desacuerdo con el cultivo, pero al final algunos terminan siendo víctimas de esta realidad.

En efecto, han habido casos de amotinamiento contra las autoridades para evitar acciones contra narcotraficantes…

R.- Sí, nosotros hemos rechazado esas medidas de las comunidades porque creemos que no se puede atentar contra la autoridad que está cumpliendo su deber. También hemos ayudado en algunos momentos a la liberación de algunos de los policías que han sido retenidos. Hemos estado muy cerca en los momentos cuando las comunidades han estado buscando esa salida. Repito: al final ellos terminan siendo también víctimas de esta realidad perversa, el narcotráfico, o a través de asociaciones militares armadas, o a través de dinero: el narcotráfico “compra” personas para que generen ese tipo de hechos.

Vayamos a los motivos de esta pobreza: es una zona olvidada en gran parte históricamente, tal como usted hacía referencia antes…

R.- Sí, yo creo que ahí está la raíz de esta problemática tan compleja en el territorio, son zonas que no tienen posibilidades de vías. Tenemos una vía pavimentada que nos comunica con la capital de la región, solamente eso. De los ocho municipios que comprenden la diócesis de Tumaco sólo dos tienen comunicación terrestre, el resto se comunica a través de la parte fluvial, lo que provoca dificultad para que nuestros campesinos puedan implementar proyectos de desarrollo que les ayuden a salir de la pobreza y la marginación. Además, todo eso ha sido aprovechado por la corrupción: desafortunadamente unos cuantos líderes políticos y organizaciones se han valido de esta situación para aprovecharse y lucrar con el dinero público.

Digamos que han sido los niveles de miseria, la falta de infraestructura, una situación de vida precaria los que han contribuido a esta realidad… ¿cuál es el trabajo que desarrolla la Iglesia en esta zona?

R.- Nosotros hemos hecho incidencia primero a nivel eclesial con procesos de educación de nuestros laicos, de formación en su identidad como creyentes. Segundo, a nivel institucional, tenemos afortunadamente una relación con las alcaldías, con la gobernación y con el gobierno nacional que nos ha permitido con mucha libertad insistir en esos proyectos de desarrollo que son los que necesita la comunidad. Y tercero, a nivel de la comunidad internacional, generamos algunos proyectos con organizaciones no gubernamentales y con organizaciones de iglesia en la formación de líderes, en la defensa de los derechos humanos, en la implementación en proyectos con jóvenes, con líderes sociales, y en la implementación de algunos proyectos productivos. También en el tema de comunicación. Estamos siempre presentes en todas las comunidades con las 21 parroquias que tiene la diócesis, y tenemos también una presencia a nivel interinstitucional.

¿En la zona hay presencia de grupos armados que “arman” a los campesinos para defender los cultivos ilícitos, etcétera?

R.- Sí, se hizo el proceso de paz que en un primer momento generó muchísima expectativa y deseos de salir de esta situación, pero desafortunadamente, por esta misma realidad estructural de violencia y pobreza, no se logró que todos se desarmaran y algunos han vuelto a las armas, y se han armado otros grupos detrás de este negocio terrible del narcotráfico.

¿Desea terminar la entrevista con algún llamado?

Primero a nuestras comunidades quiero expresar nuestra cercanía, nuestra presencia: a nosotros nos duelen nuestras comunidades, los muertos, tantos jóvenes que son asesinados. Nuestro llamado es a que abandonemos cualquier camino no ético, los caminos ilegales.

Segundo, a los gobiernos para que sigan poniendo interés en reformar nuestros territorios, en llevar al desarrollo integral de nuestras comunidades.

Y tercero, a la comunidad internacional, para que sigan mirando Tumaco como una oportunidad para apoyar el proceso de paz y los procesos de reconciliación que se vienen haciendo en el territorio.

05 julio 2019, 14:06