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Papa Francisco visitó Lampedusa en 2013. Papa Francisco visitó Lampedusa en 2013.  

Ex párroco de Lampedusa: las palabras del Papa en 2013 son más actuales que nunca

Según Don Stefano Nastasi, el párroco que invitó y acogió al Papa en Lampedusa en 2013, “aquellas palabras que pronunció el Papa acerca de la “indiferencia”, hoy son más actuales que nunca”.

Fabio Colagrande – Ciudad del Vaticano

En Vatican News realizamos una entrevista a Don Stefano Nastasi, quien fue el párroco de San Gerlando en Lampedusa durante seis años, de 2007 a 2013, coincidiendo con el período crucial de los desembarcos y naufragios más dramáticos en los que cientos de personas perdieron la vida. Y fue precisamente él mismo quien, hace seis años, invitó al Papa Francisco a la isla siciliana. Hoy, día en el que se cumple el VI aniversario de aquella visita y el Papa ha querido recordar con una solemne misa en el Vaticano junto a migrantes y refugiados, Don Stefano asegura para Vatican News: “es muy bonito que esta celebración no sea sólo un recuerdo sino una invitación a revivir la visita de hace seis años como un signo de compartir el dolor y el sufrimiento de la humanidad. Este fue el significado de la celebración de 2013 y creo que es el mismo de hoy.

¿Cómo nació la visita del Papa hace seis años?

R.- La visita nació con gran sencillez. Después de la elección del Papa Francisco, pensamos que, como era hijo de emigrantes, podía entender mejor lo que vivíamos en la isla de Lampedusa en relación con el fenómeno de la inmigración. De allí nació una carta muy simple y auspiciosa, en la cual lo invitamos a visitar la isla y ayudarnos a compartir ese peso con toda la Iglesia. Seguramente fue la síntesis de una necesidad que no era solo de la isla o de los isleños, sino de todo el Mediterráneo: De dar a conocer, y ayudar a compartir también con otros, esta realidad que pesaba en su mayor parte en los débiles de Lampedusa.

¿Cuáles fueron las palabras del Papa que más le impactaron ese día?

R.- Seguramente la cuestión del llanto, su pregunta sobre quién lloró realmente por los muertos en el Mediterráneo. Fueron esas las palabras que me hicieron reflexionar, tanto durante la homilía como después. Sin embargo, esas palabras tenían un significado muy diferente para nosotros, porque nuestra comunidad, las personas en particular, pero también la expresión común, realmente había experimentado el llanto y, por lo tanto, el compartir el dolor con aquellos que estaban sufriendo. Fueron palabras que, sobre todo, cuestionaron a los que permanecieron indiferentes, a los que a distancia tal vez no pudieron percibir esa enorme cantidad de dolor que ya atravesó la isla en los años anteriores, como sucede hoy en día.

Esas palabras del Papa sobre la "globalización de la indiferencia" siguen siendo trágicamente actuales ...

R.- Sí, quizás ahora sean más actuales que entonces. Son palabras que resumen muy bien nuestra realidad. Una realidad aparentemente serena y tranquila, que sin embargo oculta esta indiferencia hacia lo que podría trastornar nuestra vida cotidiana si solo tomamos nota de ella y nos damos cuenta de ella. En cambio, continuamos así en el día a día, atrapados por la belleza externa sin alcanzar nunca la esencialidad de la vida. Nos sentimos cautivados del encanto de un cartel publicitario, que deslumbra, y no vemos el caos que nos rodea. Me parece la imagen más adecuada para describir nuestra situación.

En el Mediterráneo continúan navegando barcos llenos de migrantes. En Italia y Europa existe una disputa sobre quién debería recibirlos. Como sacerdote, ¿cuál crees que es el papel de los católicos en este momento?

R.- Creo que los pobres siempre han sido un problema, tanto en el pasado como en el presente. Seguramente es una realidad – esa de la inmigración – muy compleja porque conoce cambios continuos, y por lo tanto necesita un monitoreo constante y respuestas diferentes a lo largo del tiempo. No es fácil. Sería una ilusión pensar que todo es simple, que todo es fácil. Cuando hay un problema, cuando hay fragilidad, pobreza, sufrimiento, siempre se convierte en una carga para todos. Sin embargo, no es evangélico descargar esta carga sobre otros o dejar solo a los que están llamados a soportarlo. Creo que la regla debería ser la del Evangelio, la de compartir. Hay una referencia que siempre es válida. Es un verso de la Carta de Pablo a los romanos cuando dice: “nosotros que somos fuertes tenemos el deber de llevar las enfermedades de los débiles, sin complacernos a nosotros mismos”, de aquí la importancia de compartir los pesos. Si se entra en esta perspectiva, en esta lógica, entonces todo se vuelve un poco más simple. De lo contrario, si se aumenta el aislamiento, la soledad, aumentamos los temores, el egoísmo y, en consecuencia, también las actitudes de indiferencia y oposición.  

08 julio 2019, 17:11