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Cardenal Parolin en Rumbeck Cardenal Parolin en Rumbeck 

Sudán del Sur, el nuncio: somos una periferia, la Iglesia aquí significa solidaridad

Monseñor Hubertus Matheus Maria van Megen acompañó al cardenal secretario de Estado vaticano en su reciente visita al país africano. "Con las visitas de la Iglesia de Roma, se llama la atención sobre la nación más joven del mundo, que tanto necesita nuestra ayuda".

Francesca Sabatinelli -  Vatican News

Estuvo al lado del Papa Francisco durante su visita a Juba el pasado mes de febrero y también al lado del cardenal secretario de Estado Pietro Parolin en sus tres viajes a Sudán del Sur, el último de los cuales terminó hace dos días. El nuncio apostólico en Sudán del Sur, monseñor Hubertus Matheus Maria van Megen, es un excelente testigo de cómo la intensa presencia de la Iglesia de Roma en el país africano, el más joven del mundo asolado por la guerra, los conflictos tribales y étnicos, la pobreza y el cambio climático, ha hecho florecer de nuevo la esperanza en un pueblo agotado pero que sigue buscando la paz y la justicia.

Monseñor van Megen, ¿cómo describiría la recién terminada visita del cardenal Parolin a Sudán del Sur, la tercera que realiza a este país?

Hubo dos aspectos en esta última visita del cardenal Parolin, un aspecto político, diría yo, como secretario de Estado del Vaticano, cuando se reunió con el presidente de la República, Salva Kiir, y el vicepresidente Riek Machar, cuando la conversación se centró naturalmente en el deseo de paz y justicia para este país. No olvidemos que el presidente es de etnia dinka, mientras que el vicepresidente es nuer, son las dos tribus principales, pero también las dos tribus que están en conflicto entre sí. Así que este mensaje del cardenal era muy importante.

Acaba de hablar del aspecto político, el vivido por el Secretario de Estado en Juba. ¿Qué hay de las ciudades de Malakal y Rumbek, de qué aspecto podemos hablar?

Hubo un aspecto yo diría de fe, de solidaridad con la población local, casi diría de querer tocar el sufrimiento de la gente. Malakal es una ciudad del norte, cerca de la frontera con Sudán, a orillas del Nilo, que es un río inmenso, cuyo tamaño ni siquiera comprendemos los europeos, que es enorme. La ciudad de Malakal está totalmente destruida, hubo una guerra civil, durante cuatro años, hubo enormes masacres, una ciudad de 150-200 mil habitantes de la que ahora no queda casi nada, sólo unas pocas casas aquí y allá, de las que construyeron los británicos y que resistieron a la violencia. Ahora, poco a poco, la vida empieza a volver a Malakal. Quizás en este momento seamos hasta 20.000 personas en la ciudad. Además, junto a Malakal, hay una gran masa de desplazados que se refugiaron en un campamento de la ONU para buscar protección contra las tribus que intentaron invadir la ciudad, a partir de 2014. El cardenal también quiso ir a Malakal por invitación del muy buen y muy valiente obispo, monseñor Stephen Nyodho Ador Maiwok, nombrado obispo de esa ciudad en 2019.

El Cardenal fue a ver la realidad, a comprender el sufrimiento de la gente, a estar con ellos, a mostrar la solidaridad de la Iglesia. Sobre todo, la Iglesia, en Malakal, ha desempeñado un papel muy importante en la ayuda a estas personas desplazadas, no olvidemos que la ciudad ha sido golpeada por tres catástrofes seguidas, empezó con el conflicto tribal, luego fueron las inundaciones del Nilo, que continuaron hasta hace unos meses, durante casi tres años, y luego últimamente están los refugiados que regresan de Sudán, de Jartum. Este último tiempo fue también un desafío especial para la Iglesia, al que ésta respondió con gran eficacia. Está la hermana Elena Balatti, una comboniana muy valiente, a la que conozco desde los años 90, desde que trabajaba en Jartum y luego fue a Malakal, donde permaneció durante toda la guerra, con otros dos sacerdotes. Y desde que estaban allí, mucha gente se refugió en el recinto de la iglesia para buscar protección contra la invasión y las masacres de las otras tribus.Ella siempre fue un signo de esperanza para toda esta gente. Ahora, y estamos en 2023, la hermana Elena ha visto llegar refugiados de Jartum a Renk, a 150-200 kilómetros de Malakal, en el norte, en la frontera con Sudán.Entras en Renk y estás en Sudán del Sur, pero no hay absolutamente nada, es un pequeño pueblo sin servicios, la gente no puede quedarse allí, es imposible.

El problema es que no hay carretera para ir a Malakal, sólo está el Nilo.La diócesis tiene un gran barco para transportar mercancías y provisiones, la hermana Elena y el obispo decidieron enviar este barco a Renk, para llevar a la gente.Y así empezaron a transportar personas de Renk a Malakal, 300-400-500 cada vez.Ahora también con la ayuda de las Naciones Unidas, con algunas ONG, han empezado a ayudar con este transporte de personas bastante complicado.El Cardenal quiso estar allí, fue una experiencia muy importante, conmovedora, de gran fe, estar con estas personas. Para mí también, personalmente. Viví en Jartum durante muchos años, casi diez años de mi vida, y ahora es terrible ver llegar a estas personas que realmente no tienen nada, a las que les han robado todo, incluso las cosas más sencillas, a menudo llegan sólo con lo puesto.Recuerdo que en el barco había una madre de pie, con su bebé, quizá de cuatro meses, el bebé era bastante activo, mientras que ella, la madre, estaba completamente aturdida, ya no sabía qué hacer, se le veía en los ojos que no sabía adónde ir, lo había perdido todo, no tenía marido, no tenía a nadie. Había venido sola, con una bolsa de plástico con sus pocas pertenencias, y en ese momento comprendí que Cristo estaba presente, estaba presente en ella, estaba presente en este niño, estaba presente en todas aquellas personas en la barca.

Aquí, debemos servir a este Cristo en esta pobre gente que ha perdido tanto.Y el Cardenal quiso estar allí porque él también quiere ser servidor de Cristo, quiere ser servidor de la Iglesia y quiere también, de esta manera, expresar la solidaridad del Papa con los más pobres. Nuestro Papa Francisco habla a menudo de la periferia, aquí, en Malakal, está la periferia, está la gente que viene del fin del mundo. En Jartum estos días hay desastre, hay destrucción y masacres, hay dolor y toda esta gente llega sin nada y todos, y no sólo católicos y cristianos, sino también musulmanes, en la Iglesia encuentran, un signo de esperanza, un abrazo, alguien que intenta ayudarles, escucharles, alguien que les da de comer, alguien que les ayuda a tener un techo. El cardenal quería estar allí con estas personas y creo que era importante para él comprender el sufrimiento de la gente, que nosotros, en Occidente, a menudo no comprendemos. Hablamos de amor y solidaridad, pero esto sólo se puede entender cuando se toca el sufrimiento extremo de la gente, cuando se ve lo necesario que es este amor nuestro, lo necesaria que es esta solidaridad nuestra. En este sentido, esta visita fue también para todos nosotros una especie de conversión del corazón para estar más cerca de estas personas que necesitan nuestra ayuda.

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21 agosto 2023, 14:34