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"La gente, que no quiere armas sino pan, que le cuesta seguir adelante y pide paz, ignora cuántos fondos públicos se destinan a los armamentos. ¡Y, sin embargo, deberían saberlo!". (Papa Francisco, Mensaje Navideño 2023) "La gente, que no quiere armas sino pan, que le cuesta seguir adelante y pide paz, ignora cuántos fondos públicos se destinan a los armamentos. ¡Y, sin embargo, deberían saberlo!". (Papa Francisco, Mensaje Navideño 2023)

El negocio de la guerra y la paradoja de la seguridad

En su mensaje navideño, el Papa Francisco volvió a denunciar el escándalo del gasto armamentístico en un mundo donde la gente sigue muriendo de hambre. La carrera armamentística ha alcanzado niveles récord, mientras que las organizaciones humanitarias tienen cada vez más dificultades para recaudar fondos.

Alessandro Gisotti

"Denme dos bombarderos. Con su coste curaré a todos los enfermos de lepra". Corría el año 1955 cuando Raoul Follereau lanzó este sentido y provocador llamamiento a Estados Unidos y a la Unión Soviética. Subrayaba así la desproporción inmoral de los gastos en armamento con respecto a una batalla de civilización como la lucha contra la enfermedad de Hansen. Han pasado setenta años, la Guerra Fría hace tiempo que terminó, la lepra sigue cobrándose víctimas en muchas zonas del planeta, pero -como denuncia incansablemente el Papa Francisco- la carrera armamentística no sólo no se ha detenido, sino que ha acelerado su demencial velocidad.

Los datos oficiales recogidos en el Informe SIPRI, el Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz fundado en 1966 en Estocolmo, dan la razón al Pontífice. A la espera de los del año en curso, que difícilmente bajarán dada la escalada bélica en Oriente Próximo además del conflicto en Ucrania, los de 2022 ya son alarmantes. Un año que ha visto cómo el gasto militar mundial alcanzaba la cifra récord de 2.240 billones de dólares (EEUU, China y Rusia los mayores inversores, mientras que por primera vez en Europa se gastaba en armamento más que en los tiempos de la Cortina de Hierro). Para hacernos una idea, esta cifra es mil veces superior al presupuesto total de la Cruz Roja Internacional, con sus 20.000 trabajadores en todo el mundo.

La organización humanitaria, con sede en Ginebra, ha anunciado en los últimos meses un recorte de plantilla debido a la caída de las donaciones. Un destino desgraciadamente común a muchas ONG y organizaciones benéficas en los últimos años. Así, mientras los presupuestos para la producción y venta de armas aumentan exponencialmente, los fondos disponibles para quienes quisieran comprometerse con el bien de los demás disminuyen. Una combinación dramática que muestra cómo el negocio de la guerra se hace a costa de los inocentes y también de aquellos a quienes estos inocentes querrían salvar. "La guerra -recordó Francisco en la audiencia general del 29 de noviembre- es siempre una derrota, todos pierden. Todos no, hay un grupo que gana mucho: los fabricantes de armas. Estos ganan bien, a costa de la muerte de otros". Fuerte denuncia. Y, sin embargo, conviene recordar que, ya en 1961, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower -ciertamente no pacifista, tras haber conducido como general a los Aliados a la victoria contra el nazismo en Europa- advertía contra el "complejo militar-industrial" y su indebida injerencia en las opciones políticas estadounidenses en un sentido militarista.

"El continuo aumento del gasto militar mundial en los últimos años es una señal de que vivimos en un mundo cada vez más inseguro", argumentó Nan Tian, investigador del SIPRI. "Los Estados aumentan su poder militar en respuesta a un entorno de seguridad en deterioro, que no esperan que mejore en un futuro próximo", añadió. Un trágico círculo vicioso denunciado muchas veces por el Papa. "Para decir 'no' a la guerra -dijo el día de Navidad- hay que decir 'no' a las armas. Porque si el hombre, cuyo corazón es inestable y está herido, encuentra en sus manos instrumentos de muerte, tarde o temprano los utilizará". Las consecuencias, tan paradójicas como nefastas, están a la vista: la gente se arma para sentirse más segura y, en consecuencia, el mundo es cada vez más inseguro.

La gente "no quiere armas, sino pan", volvió a decir el Papa Francisco en el Urbi et Orbi de Navidad. Palabras que parecen idealmente un eco de las de la Madre Teresa de Calcuta cuando recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979. "En nuestra familia, advirtió, dirigiéndose a las Potencias de la Tierra, no necesitamos bombas ni armas, destruir para traer la paz, sino sólo estar juntos, amarnos los unos a los otros". "Estar juntos"·: ese sueño de fraternidad universal que Francisco, como el Santo cuyo nombre lleva, invoca y testimonia como único antídoto contra el "espíritu de Caín" que desgraciadamente, también en este 2023, ha sembrado muerte y destrucción.

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29 diciembre 2023, 08:56